Frenar a los golpistas

Frenar a los golpistas
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

El 20 de enero pasado empezó el mandato presidencial de Joe Biden, asistido por su Vicepresidenta, Kamala Harris, y un buen equipo gubernamental. Un mandato ganado en las urnas en noviembre; en el recuento del Colegio Electoral de diciembre (lo esencial); y ratificado en enero por Senadores y Congresistas. Magnifico su discurso de Investidura dado con humildad del que se pueden extraer esencialmente dos cosas: el deseo de reconciliación interna (difícil) y la voluntad de recomponer las alianzas internacionales y de volver al multilateralismo (importante).

Biden es el lado luminoso. Trump el oscuro, el del manto negro de Darth Vader aniquilando la verdad. Si la invasión bochornosa del Capitolio washingtoniano permitió a algunos calificar a los EEUU de país bananero, aunque prevalecieron enseguida el orden y la democracia, más bananero fue el intento del magnate de subvertir el orden constitucional para, si prevalecía la violencia de sus matones, permanecer en la Casa Blanca.

Porque, además de los golpes de Estado que, de una manera u otra, se dan, no siempre con armas, también hemos visto en países bananeros la perpetuación ilícita desde el poder. No otra cosa intentó Trump jugando con fuego, aunque habrá que atenerse al resultado del juicio que tendrá lugar en el Senado. La Cámara de Representantes, que realiza la instrucción judicial, concluyó que Trump debía ser juzgado por su incitación al asalto del Capitolio. El juicio tendrá lugar cuando ya no es Presidente, por lo que su principal pena, la destitución, si fuese condenado, no podría materializarse, pero sí alguna sanción aneja como prohibirle presentarse a otra elección. Un juicio que sus defensores consideran que no procede al no estar ya en la Casa Blanca. 

Para condenarle harán falta al menos dos tercios de los votos del Senado. Será necesario, pues, que, como mínimo, 17 republicanos se unan a los 50 Senadores demócratas. Es un juicio político y según se moje cada Senador, mayormente los republicanos, afectará a los votos que recojan los políticos del Capitolio que se presenten a las elecciones dentro de dos años que son todos los del Congreso y un tercio de los Senadores.

Tiene el partido republicano la oportunidad de regenerarse después de entregarse, a veces con júbilo, a un magnate chulesco dispuesto a todo para auparse y gobernar considerando que los valores democráticos sólo tienen sentido si van en su misma dirección. Pero, puede que la realidad política les aconseje no enfrentarse abiertamente al de Mar a Lago que, hasta puede salir reforzado si la destitución no prospera en el Senado.

No debiera repetirse el asalto al Capitolio, pero, sobre todo, no debiera repetirse el asalto a la democracia perpetrado durante cuatro años por Trump con la complicidad activa de políticos republicanos beneficiados por ello y la pasiva de quienes consideraron que Hillary Clinton no era suficientemente progresista. Muchos reinciden al decir que Biden es casi un conservador, timorato y viejo. Son estos “puristas” intelectualizados, excesivos y sin sentido de la realidad el mayor peligro para políticas progresistas. Allá, y en todos lados.

Cuando se subvierte el orden constitucional desde el poder no hacen falta armas. Se recurre a la manipulación democrática, como también intentó Trump, con actos de imposición partidista y antidemocráticos, en definitiva, golpistas. De esto sabemos en España. De golpes militares y desde el poder como vimos en Cataluña en 2017, tan bananera hasta que ante la inaudita pasividad de Rajoy tuvo que intervenir el Rey.

Trump debiera, pues, ser condenado como lo fueron los separatistas por sedición. Luego aparece el Vicepresidente Iglesias afirmando que Puigdemont es un exiliado como los republicanos de Franco. Una mentira y una ofensa. ¿A quién sorprende? ¿Acaso no equipara el “régimen del 78” con el dictatorial de Franco? ¿Extraña que quiera indultar sin arrepentimiento alguno a separatistas justamente encarcelados? Lo que extraña, más bien, es que algunos le sigan o se junten con él. Bien es verdad, asimismo, que un primigenio abogado de los indultos fue Miquel Iceta.

¿Gobierno bicéfalo? ¿De coalición y comunidad de propósitos o de separación en lo que conviene como cuando un cónyuge se toma libertades fuera de la pareja? Claro, que el comportamiento de la oposición tampoco es ejemplar salvo alguna excepción que valora el entendimiento transversal. Polarizar es fácil dice el nuevo presidente de la CDU alemana, Armin Laschet, antes de añadir que lo que cuesta es integrar.

1 Comentario

  1. “Biden es el lado luminoso….” Siento discrepar con el autor y más bien colocaría sus calificativos a la inversa. Trump era un “verso suelto” en la política americana cuyos entresijos supongo que conoce. Por ejemplo lo que ha sido y sigue siendo el CRF y sus redes. Sería muy interesante tocar ese tema para poder discernir adecuadamente todo lo ocurrido. Un saludo.

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