El fin del tercer imperio ruso

Por
— P U B L I C I D A D —

En 1978 Hélène Carrère d’Encausse publicó “L’Empire éclaté”, un libro en el que pronosticó que el Imperio soviético se desintegraría. Su presagió se hizo realidad en 1991. En diciembre de ese año la URSS desapareció justo cuando una reunión de Ministros de Exteriores de países de la OTAN y de países del antiguo Pacto de Varsovia, en la sede aliada en Bruselas. En plena reunión el representante ruso pidió que en el comunicado final se sustituyeran las siglas “URSS” por “Federación de Rusia”. Más claro, agua.

Carrère d’Encausse podría escribir otro libro sobre el derrumbe del Imperio de Putin. El Imperio zarista duró varios siglos hasta la revolución bolchevique de 1917. Fue sucedido por otro más grande, el soviético, que duró 74 años. Éste se resquebrajó tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y quedó finiquitado en 1991 cuando hasta Bielorrusia y Ucrania, que ya figuraban en la ONU como países diferenciados, decidieron independizarse de los rusos como otros en Asía, Europa y el Cáucaso.

El más raquítico de estos tres imperios fue el de Putin que con medios militares quiso recomponer cualquier Imperio del pasado amedrentando a sus vecinos, interviniendo en su política interna e invadiéndolos si necesario. Los desastres militares que ha cosechado en Ucrania, última invasión para recomponer el puzle y las terribles destrucciones que está realizando con muertes inocentes en un país antes hermano y ahora tildado de nazi por desobediente, le han granjeado el oprobio mundial.

Kazajistán, un antiguo Estado-esclavo del Kremlin, rompe puentes con Moscú al constatar la debilidad de Rusia. Tayikistán y Uzbekistán se pelean entre ellos porque el ruso ya no puede evitarlo y lo mismo pasa entre Armenia y Azerbaiyán. Este último aprovecha que el ruso está ahogándose en Ucrania para bombardear a los armenios en Nagorno Karabaj. En Georgia quieren cobrarse dos territorios georgianos, Abjasia y Osetia del Sur, escindidos con apoyo moscovita. La inestabilidad rusa apela otras inestabilidades, todo por culpa de un Hitler resucitado: Putin.

Rusia sufre derrotas en Ucrania y no puede amparar a sus patrocinados en Asia ni en el Cáucaso. El tercer Imperio ruso se hunde. Aliados como Chechenia le abandonan y sus amigos, China incluida, le reprenden. ¿Puede en estas condiciones, sin perder popularidad, obligar a los jóvenes rusos a combatir contra sus antiguos hermanos ucranianos? Así lo ha decidido llamando a filas a 300.000 de ellos que no serán operativos hasta la primavera. Muchos escapan al extranjero. En todo caso, este llamamiento a filas no mejorará el bajo rendimiento de los soldados rusos por falta de moral.

¿En estas condiciones de aislamiento y descalabros, puede Putin recurrir impunemente a armas de destrucción masiva, como las químicas o nucleares, aunque sólo fuesen tácticas? Como digno sucesor de Hitler es capaz de cualquier cosa, pero si fuese inteligente hablaría de paz, abandonaría territorios ocupados en esta guerra y negociaría poder disponer al menos de la base de Sebastopol. Pero ¿es Putin un hombre inteligente? No lo parece.

Sus amigos en los países occidentales merced a una libertad de opinión inexistente en Rusia (o China) debieran pedir que Putin se rinda en lugar de exigírselo a Zelensky. Debieran aconsejarle negociar su retirada y pedir a China que con los países del Consejo de Seguridad y otras entidades como la UE consigan que Moscú garantice verdaderamente que no volverá a invadir Ucrania ni impedir que se acerque a la UE porque, hasta ahora, los compromisos de Rusia con el Acta Final de Helsinki, cuya vigencia es fundamental que se mantenga, y con la propia Ucrania han sido papel mojado. Y pagar reparaciones, naturalmente.

En realidad, Putin, con sus 300.000, salva ahora la cara internamente con los suyos y puede ganar tiempo para negociar. Con este llamamiento muestra, según el prestigioso periodista polaco Adam Michnik, premio Princesa de Asturias, su fracaso político y militar. “No se puede perder esta guerra provocada por Putin, hay que ganarla”, añade Michnik. En la ONU Zelensky ha explicitado unas condiciones para llegar a un acuerdo. Erdogan, por su parte, pide que Rusia se retire incluso de Crimea.

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