El caballero y el demonio

El caballero y el demonio
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

En las películas de Hollywood los demonios suelen perder frente a algún caballero, Príncipe Azul providencial, que permite al bien prevalecer sobre el mal. Eso sí, el mal debe ganar al principio. De lo contrario no hay ni emoción ni espectadores. En Washington, en cambio, se impone la realidad y el demonio puede ganar no sólo al principio, sino también al final.

Ahora, estamos inmersos en una espera enervante para confirmar, incluso ante jueces (mejor que en la calle) que Biden ganó la Presidencia de los EEUU. Lo estamos todos porque, aunque no votemos los ciudadanos de otros países, nos afecta el resultado tanto por la dimensión global de los EEUU como, para los países occidentales, al ser su líder más importante. En el primer caso su manera de conducir los asuntos internacionales es importante para el resto del mundo y las intenciones del demonio son claramente contrarias a un multilateralismo constructivo y respetuoso de los demás, mientras que las del caballero son las de recuperar un talante dialogante en la escena internacional sin perjuicio del protagonismo que se deriva de ocupar el proscenio y de tener como telón de fondo, y a mano, las legiones, como hacían los romanos. Al hilo de estas consideraciones, pensemos, asimismo, que la forma de determinar quién gobierna en otras grandes potencias, como puedan serlo China o, en menor medida, Rusia, no forzosamente de un modo democrático, también nos afecta.

Para países europeos como España y el conjunto de la Unión Europea, importa la cuestión del liderazgo occidental porque a pesar de los pesares que cada cual quiera elaborar, el vínculo transatlántico es una realidad sociológica y cultural, no solo política, que también, siendo el sistema democrático liberal y representativo su fundamento esencial. Si el demonio opta por salvarse solo él, una mala filosofía, como viene haciendo desde hace cuatro años, la cohesión occidental se resquebraja no sólo en su base sino también en otras expresiones consecuentes como pueda serlo el de su seguridad que no solo es la estratégica, sino también la económica, comercial, sanitaria y medioambiental, entre otras.

Si los EEUU renuncian a un liderazgo consensuado, las repercusiones disgregadoras prevalecen. En tal caso Washington y Londres recuerdan con más intensidad su relación especial y en la UE la búsqueda de una vía propia, la autonomía estratégica o la melodía del “My Way” de Sinatra aplicada a la Unión, se hace, entonces, más perentoria sin perjuicio de que sin una defensa propia autónoma, que tardará en obtenerse, sea una ensoñación con importantes riesgos por afrontar.

Con el caballero las cosas serían de una manera más aceptable, porque, sin renunciar a su propia vía, la UE transitaría con más seguridad hacia una personalidad más asertiva en la relación transatlántica que debiera ser más bilateral entre Washington y Bruselas, sin perjuicio de que con la Europa aun no federal que tenemos, a las orillas del Potomac se cuidarían de entenderse preferiblemente con Berlín y Paris que con Londres. 

Alguien señalaba que, esta vez, en los EEUU, más que una noche electoral estamos viviendo una semana electoral. Puede, sin embargo, ser más tiempo, porque si hay recursos judiciales, estos tardarán en resolverse. Por otra parte, el Colegio Electoral solo se reúne el 14 de diciembre. Toda incertidumbre es mala. Esperemos, pues, que la cuestión se resuelva antes. Dicho esto, es cada vez más aparente que Biden será el vencedor cuando finalice definitivamente el recuento de los votos y sería sorprendente que sucumbiera ante los tribunales.

Sin perjuicio, pues, de posibles recuentos y recursos judiciales, cosas, ambas, legales en toda elección, aunque puedan adobarse con azufre, deberíamos tener pronto los resultados en los pocos Estados que no han terminado de contar los votos. Las confirmaciones legales tardarán más.

Si el Senado queda en manos Republicanas, también por los pelos, el rol de Jefe de la mayoría Republicana en la Cámara Alta, Mitch McConnell, Senador por Kentucky, se revalorizará pues Biden tendrá que negociar con él muchos asuntos, si bien ambos se conocen del Senado desde hace décadas (ambos son septuagenarios) y mantienen una buena relación personal. Si hubiese empate de escaños senatoriales, entonces el papel de la Presidencia del Senado, que correspondería a la Vicepresidenta Kamala Harris, sería fundamental para desempatar votaciones. La Casa Blanca necesita del Senado en muchos temas, pero especialmente en política exterior y nombramientos. Con un Senado Republicano, los nombramientos y las políticas “liberales”, como allá las llaman, no tendrán mucho recorrido. Los Demócratas conservan la Cámara Baja, más controladora de los denarios, aunque sufren pérdidas.

A pesar de las incertidumbres electorales (y otras víricas y económicas) las bolsas de Nueva York han subido. Los expertos señalan que éstas prefieren una situación políticamente equilibrada porque favorece la predictibilidad y aparta posibles reformas radicales.

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