¿Dónde estamos con Ucrania?

Por
— P U B L I C I D A D —

Algunos acontecimientos están envueltos en un aura de misterio que permite a algunos imaginar que son como John Le Carré y sus espías. Por ejemplo, el atendado en Moscú que le costó la vida a la hija de un radical favorable a Putin; el sabotaje del gaseoducto ruso del Báltico; las fugas en Polonia de un oleoducto a Europa desde Rusia; o la voladura parcial del puente del Estrecho de Kerch que fue inaugurado por un Putin viril al volante de un camión.

La CIA y los rusos atribuyen el atentado en Moscú a los ucranianos. Lo del gaseoducto favorece a los EEUU, aseguran fervorosamente los antiamericanos si bien pudiera ser que, al no poder servir gas por el sabotaje, la interrupción permita evitar una penalización económica al proveedor ruso. Lo mismo podrán decir con lo del oleoducto. La explosión del puente apunta a una acción ucraniana, aunque con muchos interrogantes.

Moscú no tiene dudas. Por eso el Kremlin atacó indiscriminadamente a la población ucraniana por todo el país. Esta reacción desproporcionada suscita, además de una condena, algunas preguntas. ¿Se trata solo de una respuesta dura? (“Has dañado mi puente y ahora te vas a enterar”). Algo de ello habrá, pero no exclusivamente. Este bombardeo masivo puede interpretarse como que Rusia, debiendo responder a un ataque a una estructura esencial, no ha querido pasar al nivel nuclear. Biden estaría de acuerdo según sus más recientes manifestaciones. 

Se puede especular, asimismo, que, tras tantos fracasos rusos en la invasión de Ucrania, una decisión de Putin, la preeminencia de este último sobre sus Generales se habrá resquebrajado. Cuando los militares pierden una guerra se revuelven contra los políticos quejándose, a veces con razón, de que no les dieron los medios necesarios, o demandados, y que no se tuvieron en cuenta sus objeciones. 

Puede pensarse, también, que el “no empleo” del arma nuclear está en mejores manos con los militares rusos, conscientes del gigantesco salto cualitativo que ello implicaría, que en las de sus desaforados políticos que siempre amenazan con su uso, empezando por Putin. En este mismo registro podría especularse que los territorios ucranianos usurpados por Moscú son aún una zona gris respecto del empleo nuclear lo que no ocurriría si el territorio ruso reconocido internacionalmente fuese seriamente atacado.

¿La respuesta masiva a la voladura del puente conlleva un mensaje subliminal a Kyiv? ¿Estaría Moscú buscando una negociación? (“Mejor negocies a que te siga apaleando”). Los ucranianos son sufridos, pero tienen un límite. El ministro ruso de Exteriores, Lavrov, dice que Rusia está preparada para negociar. Erdogán y Putin acaban de verse en Kazajistán y desde Ankara dicen que su Presidente puede mediar para acabar con esta guerra. En todo caso, nos acercamos a una ventana de oportunidad durante el periodo invernal para algún entendimiento, aunque se desemboque en un conflicto congelado y no en un acuerdo jurídico que consagre las amputaciones rusas a Ucrania. Esta semana la Asamblea General de la ONU ha condenado estas anexiones ilegales. ¿Cómo podría, entonces, ceder eventualmente Kyiv en esta materia en el marco de un acuerdo formal?

¿Asimismo, con quién pactar en Moscú? Es difícil con Putin dado que no respeta los compromisos internacionales rusos ni el Acta Final de Helsinki. Un antiguo colaborador de Putin, ahora exiliado, Abbas Gallyamov, apuntaba recientemente que, si Putin no quiere acabar mal (”como Ceaucescu”), se marchará dejando un heredero que le ampare. Ya ocurrió con Yeltsin, sucedido por Putin. No fue empapelado por corrupción. ¿Sería peor el sucesor de Putin? Podría serlo, pero, quizás más de fiar.

Otro ruso conocedor del patio moscovita, también exiliado, Alexander Gabuev, piensa, por el contrario, que Putin es inamovible y que llegará a dar la orden de un empleo nuclear en Ucrania, aunque, antes, dará unas señales inequívocas de ello para forzar previamente una negociación que Kyiv, ahora arrolladora, no desea. Piensa en un acuerdo “a la coreana” en el que cada cual se quede de hecho con lo conquistado o reconquistado. Una victoria territorial rusa con un altísimo coste internacional para una Rusia a la que China seguirá ayudando porque le es subordinada y no le interesa que se vuelva democrática.

Sin embargo, China e India intentan frenar a un Putin cada vez más aislado. El martes pasado el G-7 mantuvo su apoyo a Ucrania y decidió más sanciones a Rusia. Zelensky pidió observadores en la frontera con Bielorrusia que, nuevamente, podría servir de trampolín ruso contra Ucrania, incluso con tropas bielorrusas, otra escalada. Países amigos de Ucrania ayudarán a mejorar sus defensas aéreas. Por cierto, España parece arrastrar los pies en el proyecto apadrinado por Alemania para una defensa europea antimisiles.

En esto de Ucrania hay que estar con la Unión Europea, el G-7, la Alianza Atlántica, los amigos de Kyiv y Sánchez. Otra cosa sería rendirse al salvaje imperialismo ruso de Putin, otro Hitler. El PP está en esta actitud. Es la oposición “interior”, la de Podemos, y sus valedores, la que disiente de la postura occidental. Ucrania divide al gobierno como la raya de Pizarro en la Isla del Gallo.

1 Comentario

  1. Interesante análisis de la situación desde un ángulo diferente a colegas suyos. Naturalmente en el mundo diplomático habrá también «conservadores» y «progresistas» como en el Poder Judicial.
    Desde que la «política» de bandos penetra en las instituciones y sus representantes, éstos dejan de tener legitimidad institucional (otra cosa es la personal) cuya base es la objetividad y la imparcialidad.
    Los «imperialismos» son todos iguales. aspiran a dominar a los demás como hemos comprobado a través de esa Historia que se quiere condenar al olvido. Desde el americano con su brazo armado (la OTAN) a partir de la 1ª G.M. hasta el chino que se orienta más hacia la hegemonía económica, pasando por el británico, el español, el portugués, el alemán, etc. Todos hemos sido imperialistas en algún momento de la Historia.
    Y es lógico. Los estados no tienen ideologías anacrónicas sino intereses y éstos cambian en un mundo líquido lleno de incertidumbres. Ayer les convenían unos aliados, hoy les convendrán otros y mañana Dios dirá…..Ayer los «buenos o los «malos» eran unos, hoy se han invertido los términos y mañana… ¡quien sabe?
    Un saludo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.