Cada mochuelo en su olivo…

Francisco Aldecoa
Por
— P U B L I C I D A D —

A mediados del pasado mes de noviembre tuvo lugar la Asamblea del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo que, actualmente, preside el eminente politólogo Francisco Aldecoa, Catedrático emérito de Relaciones internacionales en el Departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales (Estudios Internacionales) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense madrileña. 

Es un europeísta entusiasta que preside el Movimiento Europeo español desde 2018, siguiendo a otro prestigioso presidente y convencido europeísta como Eugenio Nasarre. Un Movimiento Europeo que debiera atraer cada vez más individualmente a miembros adicionales que han de sumarse a los importantes miembros institucionales que forman parte del mismo y que ha enarbolado desde decenios la antorcha en favor de una Europa Federal, promoviéndola con entusiasmo y convicción, mirando con esperanza el futuro de una Unión Europea que lo sea en profundidad, incluyendo una Defensa Europea que todos los federalistas deseamos.

Esta última ha vuelto a la palestra una vez más. Como el “Holandés Errante”, aparece y reaparece cíclicamente, a veces con entusiasmo sincero, otras para tapar vergüenzas o, en otros casos, para distraer al personal. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, dice un refrán. Sin embargo, también podría decirse que en tantas ocasiones fue a por agua sin éxito que al final debiera llenarse hasta arriba. Sería lo deseable, pero sabemos todos que, a veces, como decía Calderón de la Barca, “los sueños, sueños son”.

Así es frecuentemente cuando los deseos se topan con la realidad y, en buena medida, es lo que ha venido ocurriendo en el pasado con proyectos de dotar a la UE con unas Fuerzas Armadas para su protección y, asimismo, para respaldar su política exterior en aquellos casos en que es necesario un apoyo militar, siempre con legitimidad internacional.

Es un tema difícil por diferentes razones entre las que hay que destacar la ausencia de suficiente integración comunitaria y de una política exterior única de la UE de la que la Comisión en Bruselas fuese el factótum decisivo. Lo ha destacado recientemente un político tan europeísta convencido como Mario Draghi, Primer Ministro de Italia.

No obstante, los pasos dados anteriormente en la UE no han sido inútiles, pues ya han forjado algunos instrumentos militares y organizado Fuerzas Expedicionarias que han operado en diversas tierras que no son de la UE, así como en mares lejanos. Ahora se trata de avanzar más decididamente hacia la disposición de unas Fuerzas propias adaptadas a necesidades puntuales y actuales de la Unión, sin perjuicio de preparar, también, el futuro. Sería el caso de la propuesta de una Fuerza de Reacción Rápida de unos cinco mil efectivos.

Sin embargo, algunos creen que los europeos pueden prescindir de los EEUU y jugar a situarse, como en astrofísica, en un “punto de Lagrange”, donde un objeto pequeño puede estar teóricamente estacionario respecto a dos objetos más grandes, haciéndolo, pues, entre EEUU y China o Rusia. La ingenuidad y la arrogancia (compatibles) son características del Viejo Continente. Tras la elección entre Dios y Satanás, si se cree en ellos, en el siguiente escalón hay que volver a elegir teniendo en cuenta que el Atlántico une y que hay que jugar las cartas de una autonomía europea con cuidado. Más aún, teniendo en cuenta, en España, cómo está el patio en los aledaños del Estrecho y de las Canarias, sin perjuicio de que Washington, sin desdecirse del reconocimiento del Sahara Occidental como territorio marroquí, en tiempos de Trump, se haya negado, con Biden, a profundizarlo y a presionar a otros países para que hagan el mismo reconocimiento.

Lo señalado no lo comparten probablemente muchos nacionalistas españoles o europeos, algo antiamericanos a veces. Súmese que en España no realizamos suficientes inversiones en Defensa y que nadie ha racionalizado las FAS que nos podemos permitir, no las que desearíamos, y en las que, quizás, por ejemplo, podrían no tener cabida algunas importantes capacidades actuales o futuras teniendo en cuenta nuestros escasos presupuestos de defensa. Es decir, que pudiéramos estar gastando no solo poco, sino, también, mal, una buena receta para la ineficiencia y eventuales catástrofes. Como en las familias numerosas: o se hacen más espaguetis o cada uno come menos.

Nuestra concepción estratégica pudiera estar dominada por unos Ejércitos que piden cada uno lo suyo, sin mediar, posiblemente, una verdadera concepción unitaria, porque no hay quien vele por una racionalización conjunta de nuestras capacidades militares en función de los medios que realmente invertimos en defensa. Los gobiernos son los primeros en ir a lo suyo, lo que no suele incluir las cuestiones estratégicas, y menos a largo plazo. Los documentos que se elaboran complacen las desideratas de cada cual. La falta de dinero sólo es un freno para dotarse de capacidades militares, no un elemento de la ecuación que pudiera alterar lo que hacemos hacia lo que debiéramos de hacer.

Así, es fácil para los gobiernos españoles, de cualquier signo, entusiasmarse por una Defensa Europea, descargando en algo que aún no existe la responsabilidad de la española y de nuestra consiguiente contribución a la Alianza Atlántica cuando, en realidad, incumplimos el compromiso adquirido en la OTAN de invertir en defensa un 2% del PIB. Las cuestiones estratégicas afectan esencialmente a nuestros ministerios de Exteriores y de Defensa, pero estos asuntos no suelen aportar votos como otras necesidades más populares o, incluso, populistas. ¿Debe un gobierno dejarse guiar solo por lo que pide el electorado o más bien, en algunas materias, explicar a la opinión pública lo que hay que hacer?

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