Afianzar el actual Mare Nostrum

Afianzar el actual Mare Nostrum
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

En 2016 Donald Trump ganó inesperadamente la Casa Blanca a Hillary Clinton. Su presidencia ha sido un desastre al renunciar los EEUU a su liderazgo en el planeta y en el mundo occidental. Su “America First” aisló a los EEUU. Trump los sacó de todos los organismos y de todos los acuerdos internacionales que pudo. En realidad, tiró piedras sobre el propio tejado americano pues el liderazgo y el prestigio de una gran potencia se cimentan en la solidaridad con sus aliados y la preocupación por los débiles.

La victoria de Biden vuelve a meter en la lámpara al mal genio, pero cuatro años no pasan en balde como indica la “Executive Order” firmada por Biden de “comprar americano”. ¿Puede el nuevo Presidente situar a su país donde estaba antes de Trump? En su discurso inaugural dijo que había mucho que reparar, mucho que recomponer, mucho que construir. Sin embargo, Trump deja herencias. Ha actuado de forma rechazable y enfocado problemáticas con políticas equivocadas, reprobables y contraproducentes, sin duda, pero las picas están puestas.

Biden siempre busca el entendimiento y el pacto con los adversarios y, evidentemente, entre los suyos. Por su parte, Ursula Von der Layen, Presidenta de la Comisión Europea, señalaba recientemente que hay cosas irrecuperables, como el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión, y que, por otra parte, la UE debe ampliar su autonomía estratégica y seguir mejorando su defensa.

Von der Layen quiere tomar la iniciativa en una nueva agenda transatlántica. Un buen punto de partida, pero sabe que los EEUU también tomarán iniciativas. Estos impulsos, europeos y estadounidenses, tendrían que ser objeto de consultas y de eventuales adaptaciones porque en un mundo en el que los occidentales representan cada vez un porcentaje menos importante de la globalidad, no interesa que Bruselas y Washington vayan cada uno por su lado, más bien convendría que la UE y los EEUU actúen de acuerdo e, incluso, conjuntamente.

En las relaciones de la UE con Rusia prevalecerá la alianza con los EEUU sin perjuicio de que Bruselas tenga interés en mantener un cordón umbilical económico con Moscú a pesar de que el Kremlin amenaza con romper las relaciones con la UE tras el desastroso encuentro de Borrell con Lavrov. China está más lejos. A Bruselas no le interesa verse arrastrada en tensiones superlativas entre Washington y Beijing, pero también se encontrará en muchos diferendos más cerca de los EEUU.

En materia de defensa, Von der Layen acierta en pedir que se siga mejorando por parte europea. Hay muchas materias en las que Europa puede establecer su autonomía frente a los EEUU, aunque sus intereses sean, normalmente, más cercanos a los americanos. Respecto a las cuestiones estratégicas, los europeos pueden tender a su autosuficiencia, pero con la consciencia de que pasará tiempo antes de que Europa pueda prescindir de la protección de los EEUU y, aún en ese caso, la alianza transatlántica en materia de seguridad estratégica debería mantenerse.

La UE debe integrarse cada vez más, pero necesita tiempo para ser verdaderamente una sola entidad política. Mientras tanto, en materia de defensa, deberá funcionar, por un lado, como una alianza interna y, por otro, como parte de la alianza transatlántica. Un tema por resolver será el de la disuasión nuclear europea, que en el seno de la UE solo posee Francia. Por otra parte, la UE tiene seis dominios militares en los que puede progresar unificando doctrinas, su material y mejorando la contribución a su defensa, tanto en operaciones propias como en las de la Alianza Atlántica o de la ONU: además de los tres dominios clásicos de tierra, mar y aire, los de ciberdefensa, espacio exterior e inteligencia artificial.

Cuando el Imperio romano, al Mediterráneo se le llamaba el “Nare Nostrum”: todas sus orillas estaban bañadas por la cultura romana. Hasta la llegada del islam. Actualmente es en ambas orillas del Atlántico Norte donde prevalecen una misma cultura, unos mismos valores, unas mentalidades semejantes, una economía de mercado enfocada de misma manera. Es el “Mare Nostrum” de hoy en día y, sin perjuicio de particularismos propios, los intereses de ambas orillas tienden a la coincidencia. Una cosa es que el peso de los europeos se revalorice por su unidad, sus esfuerzos, sus mejoras y sus realizaciones, pero la alianza entre ambas riberas es algo natural, históricamente demostrado.

Desaparecido Trump, que lo cuestionaba, como otros al lado totalmente contrario ideológicamente, la relación transatlántica debe renovarse ahora con naturalidad y confianza, sin perjuicio de equilibrios internos adaptados a la realidad, porque ello responde a intereses comunes en ambas orillas y a una forma de ver el mundo más cercana que la de otras potencias con las que, no obstante, hay que relacionarse en paz y provechosamente. 

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