Un talento de su tiempo

El conde de Romanones y Alfonso XIII
Miguel Manrique
Periodista y escritor.

A los seres humanos hay que juzgarlos según la época en la que hayan vivido. Todos somos hijos de nuestros días. Es pernicioso —por inútil— juzgar con los ojos de hoy acontecimientos o gente del pasado; otro tanto resultaría hacerlo con los del futuro, como si pudiéramos adivinar lo que va a suceder dentro de décadas o siglos.

Por lo tanto, sobre Álvaro Figueroa y Torres —más conocido por su título de conde de Romanones— hay que situar la necesaria lupa del análisis serio y riguroso. Es lo que ha logrado Guillermo Gortázar, en esta voluminosa biografía de 686 páginas y publicada por Espasa el pasado mes de febrero. Comienza el ingente trabajo con el árbol genealógico del personaje, necesario ejercicio para dejar sentado el origen de su fortuna familiar; el aspecto que más ha contribuido a generar una leyenda negra sobre él. Su afición por la caza. Toda la carrera política de la que se dan algunos detalles a continuación; lo que ocupa la mayor parte de la obra de Gortázar. Su posicionamiento respecto al papel que hubiera tenido que tener España en la I Guerra Mundial. La fidelidad sin ambages a la Monarquía constitucional o la férrea oposición a la dictadura de Primo de Rivera. Un epílogo, agradecimientos y numerosos apéndices cierran todo este corpus biográfico, escrito por un buen ensayista al que tantos conocemos desde hace años.

Romanones, de Guillermo Gortázar

Romanones no fue rico sino riquísimo y, además, aristócrata. No necesitó de la política para enriquecerse, pues lo era de nacimiento dada la inmensa fortuna dejada por su padre a él y a sus 5 hermanos. Pero al contrario que muchos señoritos, no se dedicó al dolce far niente, sino que al igual que Platón —rico y noble ateniense— se esforzó cuanto pudo para mejorar la vida de sus conciudadanos. ¿Y qué fue lo que aportó a la vida española en los muchos años en que lo fue todo? Pues…entre otras muchas cosas, la financiación de la educación primaria; como alcalde de Madrid, el tranvía eléctrico; mecanización del campo; luchar a brazo partido para lograr el matrimonio civil y la eliminación de la asignatura de religión; pionero de la aviación, siendo de los primeros políticos que arriesgara su vida en esos artefactos de tela y cuerdas para dar ejemplo de modernización; el sufragio universal masculino; partidario de conceder la autonomía a las provincias vascas y a Cataluña; firma el decreto para la jornada de 8 horas, convirtiendo a España en el primer país del mundo en disponer de esta legislación; intento de una concentración sindical que incluyera nada menos que a los anarquistas; así mismo, animador de una izquierda liberal con la participación de los republicanos. Para coronar toda esta brillante carrera política, Guillermo Gortázar trae a biografía la participación de Romanones en un golpe para deponer a Miguel Primo de Rivera en 1926, lo que le cuesta el exilio en Francia y una fuerte multa. La misma Francia que le salvó de ser fusilado por los anarquistas y republicanos, nada más comenzar la Guerra Civil.

Escrupuloso en el tratamiento científico del personaje, el autor hace gala de su formación como historiador, de la que es doctor por la Universidad Complutense de Madrid, becario Fullbright y máster por la Universidad de California, y de su trayectoria como catedrático de Historia Contemporánea de la UNED. Además de abogado, ha sido diputado durante 3 legislaturas por el Partido Popular, además de patronato-fundador y presidente de la Fundación hispano-cubana. Es larga la lista de libros publicados por el intelectual vasco, pero la obra que más relación tiene con la biografía sobre Romanones es Alfonso XIII, hombre de negocios, pues es durante esta monarquía cuando Figueroa y Torres realiza lo más importante de su carrera política. Sobrevenida la II República, dada la anarquía y la desaparición del Estado, las oportunidades de servir son más bien pocas y en el franquismo tuvo que someterse a la censura para publicar diversas biografías y artículos periodísticos.

Alguien diría que el extenso catálogo de obras citado no es gran cosa, pues es lo que debe de hacer quien gobierna; máxime si se tiene en cuenta a un Romanones que lo fue todo en política: alcalde de la Villa y Corte, diputado por Guadalajara, presidente del Consejo de Ministros, varias veces ministro, presidente del Congreso y del Senado y hasta procurador en las Cortes franquistas. Y ese alguien tendría razón. Pero también hay que tener en cuenta la turbulenta época en la que le tocó vivir a Romanones.

Nacido en el siglo XIX, en el que España dejó de ser lo mucho que fue en el mundo; que atraviesa por 3 guerras civiles —las Carlistas— que se compromete ciegamente en Marruecos, para la construcción de un Protectorado que actuaría como barrera de protección ante cualquier ataque; que ve nacer a los regionalismos vasco y catalán con su carga de separatismo generadores de tanta inestabilidad; siglo también en el que surge una de las peores lacras políticas que ha visto la Humanidad como es el anarquismo. Infantilismo ideológico que, amancebado con el comunismo llegado el XX, acabaría destruyendo la economía española en la II República generando así la Guerra Civil. Todo ello vivido por un Romanones actuando a veces contra corriente y a veces a favor de ella, pero con la mira siempre puesta en la mejora y modernización del Estado en pro de la Nación: o sea de los españoles, de la gente de carne y hueso.

 Un pragmático, un profesional de la política, para quien “era más importante la psicología que la sociología”, según sus palabras. Aunque no despreciaba las profundidades filosóficas, no congenió mucho con Ortega y Gasset aunque sí con Unamuno; fue por ello que acompañó al pensador bilbaíno a la famosa entrevista con Alfonso XIII. De la cual el autor de El sentimiento trágico de la vida salió tan desolado, que vio como única salvación para el país el advenimiento de la República. Solución final a la que Romanones se rindió, llegando al acuerdo con Niceto Alcalá Zamora para que el Rey dejase España y no estallara una guerra civil…lo que sucedió pasados 6 catastróficos años. La monumental biografía de Guillermo Gortázar lleva como subtítulo La transición fallida a la democracia, pues según el historiador vitoriano “entre 1.923 y 1.936 ni los monárquicos reformistas ni los republicanos fueron capaces de consolidar un régimen parlamentario y democrático” que incluyera a todos los españoles, garantizándoles paz y estabilidad. Es, a mi juicio, el periodo en el que Romanones, soportando la dictadura de Primo de Rivera al principio, intentando salvar la Monarquía después y haciendo lo que no pudo durante la II República, intentó legarle —como si poca hubiera sido su trayectoria anterior— a la historia de España lo mejor de esa época llamada de la Restauración de 1.846; de la que él, Álvaro Figueroa y Torres, fue

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.