Miradas sin fronteras

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Miradas sin fronteras
Miguel Manrique
Periodista y escritor.

En España también hay gente necesitada. No hay que ir a África, por ejemplo, para llevar a cabo acciones humanitarias.

Es lo que afirma Jordi Grau, presidente del “Grupo Oftalmológico Tres Torres”, (IOTT) un conjunto de 5 clínicas en Cataluña, empezando por su capital, Barcelona, y otras dos en Madrid y una en Bilbao. El Instituto trabaja codo a codo con ACNUR y CEAR, reconstruyendo la visión a personas que vienen de otros países, víctimas de la guerra en Siria u otros conflictos, a quienes una bomba ha dejado prácticamente ciegos. También a españoles que no se pueden pagar una operación de cataratas, miopía o astigmatismo.

—¿Por qué se han dado ustedes a esta labor tan altruista?

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—Para devolverle a la sociedad lo mucho que nos ha dado —responde Grau con aplomo y ningún brillo especial en los ojos.

Y agrega, sin dejar resquicio a una nueva pregunta:

—La crisis económica en estos últimos 10 años ha golpeado mucho —asegura Grau, con un deje de preocupación; pero también de esperanza porque las cosas mejoren; como parece.

Para el ello, la empresa que dirige ha puesto en circulación nada menos que 500.000 euros, para financiar su fundación Miradas sin fronteras. Las nuevas tecnologías, que permiten curar una dioptría en un segundo y todo en una intervención que dura 3 minutos, parecen elementos para un guión de ciencia ficción; pero no, están aquí, en este país y mundo, atendiendo a españoles sin recursos y a refugiados traídos por CEAR y a otros tutelados por ACNUR.

La oftalmológica va más allá de lo profesional y lo altruista, pues también mejora la formación de los profesionales que trabajan en ella o que vienen de otros países; al tiempo que colaboran con la Fundación “Miradas sin fronteras”. La tecnología que importa de Estados Unidos y Alemania, es puesta al servicio de quien está directamente con el paciente, aplicando un láser para cataratas y otro para cirugía refractiva. De esta manera no sólo el profesional trabaja, sino que progresa en sus conocimientos y experiencia; bagaje con el que regresa a su país.

—Esto nos permite estar permanentemente en vanguardia, pues hay que hacer pruebas, ensayos clínicos. Somos el primer centro acreditado para hacerlo —dice Jordi Grau sin ningún asomo de orgullo, pero con firmeza científica y empresarial.

La medicina preventiva en el campo de la oftalmología es otra de las preocupaciones de “Miradas sin fronteras”. Para ello desplaza unidades móviles a los barrios o a poblaciones periféricas durante una semana, haciendo revisiones gratuitas; sobre todo en afecciones como glaucoma y degeneración macular. Dado el silencio en el que desarrolla la primera de ellas, al no doler, el paciente sólo puede enterarse a partir de la revisión; es ahí donde la Fundación intenta desplegar más su eficacia y consejo: control permanente y cuidado en alimentación y en ciertos hábitos para conjurar algo tan peligroso.

—¿Qué es “El Láser Amaris 1050 RS”?

—Es un aparato con una zona óptica mucho más grande que los demás, haciendo el seguimiento de la pupila. Una vez que la reconoce, no la pierde de vista. De esa manera la máquina se adapta a todo tipo de paciente; hay quien colabora más, pero hay pacientes que no. Con el “Amaris” este problema se acaba.

La hipermetropía, el astigmatismo y la miopía encuentran en el “Láser Amaris” un enemigo imposible de batir, pues si mueves la cabeza, el rayo se para. La seguridad es, por lo tanto, al cien por cien; no como los láseres de generaciones antiguas, que trabajaban zonas ópticas muy pequeñas y por los laterales se colaban deslumbramientos de los que el paciente padecía después de una intervención.

Las cataratas también tienen su enemigo particualar en un familiar de “Amaris”, el aparato “Láser Catarys”…. A lo que han llegado los primitivos fundamentos establecidos por Albert Einstein en 1.915, cuando se basó en los conceptos de amplificación de la luz por emisión estimulada de radiación. Mejor que la bomba atómica… ¿o no?

Y la pregunta que, inevitable y desgraciadamente, hay que hacerle hoy en día a todo empresario catalán:

—¿Tiene usted intención de trasladar su sede fuera del Principado?

Jordi Grau no se inmuta ni toma aliento para contestar:

Los fundadores de la empresa somos catalanes. Tenemos 5 clínicas en Cataluña. Pero la capital de España es Madrid, y si quieres estar en el país y hasta proyectarte fuera de él—están pensando en Hispanoamérica; México, para empezar—-hay que trabajar en su capital.

Aquí, en la Villa y Corte, tiene su sede fiscal la empresa de Jordi Grau desde hace un año. Y también la fundación “Miradas sin fronteras”. No necesitaron de ningún triste acontecimiento para instalarse fuera de Cataluña.

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