¿Una feudal democracia? (II)

Una historia de Cortesanos y Militares

Feudalismo
Jesús de Dios Rodríguez
Fundador del Club de Debate ALETHEIA. Actualmente jubilado. Empresario Import-Expot Sector Servicios. Diplomado en Desarrollo y Dirección de Empresas en el IESE (Universidad de Navarra). Diplomado en Dirección de Marketing en ESADE. Participó activamente en Política en los años 1986 a 1992. Perteneció al CDS, siendo presidente de la Ejecutiva de Majadahonda.

La entrada del General Pavía en el Congreso, el 3 de enero de 1874, origina la disolución de las Cortes. El día 1 de diciembre de ese mismo año se firma el Manifiesto de Sandhurst, el día 27 Alfonso XII lo hace público y el día 29 de ese mismo mes el general Martínez Campos proclama la restauración de la Monarquía.

El General Manuel Pavía, Capitán General de Castilla la Nueva, a lomos de su caballo irrumpió en el Congreso de los Diputados al mando de guardias civiles y soldados, desalojando del hemiciclo a los diputados que en aquellos momentos procedían a la votación de un nuevo presidente del ejecutivo de la I República con el objetivo de sustituir al actual Emilio Castelar (Partidario de un republicanismo federal unitario de derechas) el cual había perdido la moción de censura que le habían presentado los líderes del Partido Republicano Federal Pi y Margal, Estanislao Figueras y Nicolas Salmerón.

El objetivo principal del golpe trataba de impedir que Emilio Castelar fuera desalojado del gobierno, Castelar no acepto la operación y tras el golpe se negó a seguir en el poder por medios antidemocráticos, ante esta situación, el General Pavía reunió a los partidos contrarios a la República Federal, en la cual defendió la República conservadora e impuso como ministro de la gobernación a Eugenio García y como nuevo jefe de Gobierno al General Francisco Serrano.

El general Pavía nada más desalojar el congreso había enviado un telegrama a los jefes militares de toda España en el que les pedía su apoyo al golpe, al que denomino como “Mi patriótica misión”, para conservar el orden a todo trance. El general Pavía en una intervención parlamentaria del 13 de marzo de 1875, es decir, después de producirse la Restauración borbónica, explicó con detalle el «acto del 3 de enero», como él designó al golpe de Estado que había encabezado —explicación que en 1878 publicó en forma de folleto.

«El ministerio de Castelar […] iba a ser sustituido por los que basan su política en la desorganización del ejército y en la destrucción de la patria. En nombre, pues, de la salvación del ejército, de la libertad y de la patria he ocupado el congreso convocando a los representantes de todos los partidos exceptuando los cantonales y los carlistas para que formen un gobierno nacional que salve tan caros objetivos».

La Restauración, que no se entiende sin la figura de Antonio Cánovas del Castillo, se divide en tres periodos: Reinado de Alfonso XII, 1874-1885, Regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, 1885-1902 y Reinado de Alfonso XIII, 1902-1923.

Con la llegada a España de Alfonso XII, se inició la Restauración, llamado así por la vuelta a la monarquía de la dinastía borbónica. Fue una época de cambios lentos, de una relativa estabilidad política que, tras constituirse unas nuevas cortes constituyentes, una nueva constitución quedo aprobada en 1876. Contemplaba la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.

La gran ventaja de la nueva Constitución era su gran elasticidad, así se podrían variar las leyes ordinarias sin cambiar la constitución ofreciendo estabilidad al sistema político, sistema consistente en la creación de un sistema bipartidista, en el que la labor del gobierno recayera en dos partidos principales alternándose en el poder y en la oposición.

Para los políticos de la Restauración el proletariado era una amenaza y se le considero un enemigo, se adoptó una posición defensiva y beligerante prohibiendo sus organizaciones, todos los grupos obreros cayeron en la ilegalidad y clandestinidad, no así el socialismo ni el anarquismo. La aparición de los nacionalismos supuso uno de los hechos más importantes de la Restauración. El nacionalismo catalán y el del País Vasco fueron los que más reivindicaron sus derechos históricos. Hubo otros movimientos nacionalistas en otras regiones, pero más débiles y sin significación aparente, esto supuso la aparición de otros grupos políticos que con el tiempo ganarían protagonismo.

Las pérdidas coloniales (Cuba, y la cesión a Estados Unidos, de Puerto Rico, Filipinas y la Isla de Guam) provocaron un gran malestar e indignación en los españoles que pensaron que la Restauración había sido un fracaso. Los problemas sociales y políticos de esta etapa se hicieron más patentes en el siglo XX y durante el reinado de Alfonso XIII se provocó una crisis que acabo con el sistema.

Acontecimientos como la semana trágica de Barcelona (1909), la crisis de 1917 que provoco la huelga general contra la política restauracionista, las presiones militares con la creación del movimiento denominado “Juntas de Defensa”, que fueron unas organizaciones corporativas militares legalizadas en España durante el reinado de Alfonso XIII, y que fueron amparadas por el propio Rey, con la misión de ejercer una presión militar sobre el poder civil, además de, la grave situación política, de crisis continuada, incapaz de dar respuestas adecuadas a los problemas de la época desembocaron en el golpe de estado llevado a cabo por el General Primo de Rivera en 1923 y que duraría hasta el año 1930.

Extraigo aquí una conversación entre D. Antonio Maura (2-05-1853 a 13-12-1925. Fue ministro y presidente del Gobierno en varias ocasiones) con su hijo D. Miguel Maura (13-12-1887 a 3-06-1971. Fue ministro de la Gobernación de la II República) sobre los acontecimientos vividos por ambos en la época:

«[…] Qué lástima que te decidieses entonces por ese camino (de ir a por la jefatura conservadora) —no pude por menos de decirle, porque hacía ya mucho tiempo que estaba plenamente convencido del error que ello significo por parte de mi padre—.

AM —¿Por qué lástima?

MM —Ya te lo he dicho otras veces y supongo que a estas alturas no necesitaras que te demuestre que aquello fue un enorme error, porque debes tener aun frescas en todo tu cuerpo las cicatrices de las heridas que los “conservadores” te hicieron (…), y aún hoy en plena dictadura, que es para ellos el paraíso terrenal, y que es la negación absoluta de toda tu significación política.

AM —No hay que exagerar —dijo conciliador—.

MM —En efecto, no hace falta, porque con los hechos basta. Te proponías “descuajar el caciquismo” y fuiste a ponerte al frente del partido donde militaban los máximos caciques de toda España. Querías hacer la “revolución desde arriba” y cargaste con la jefatura de la suma de todos los apegados a los intereses y a los privilegios ancestrales, incapaces de comprenderte, aunque te siguiesen e incluso te aclamasen. Te seguían y te aclamaban, porque eras el político que mejor que otro alguno les garantizaba el ORDEN Y LA TRANQUILIDAD, únicos objetivos de sus vidas regaladas, de egoístas y parásitos. Estabas desde el principio condenado a fracasar en tu empeño. (…)

AM —Puede que tengas razón en parte, pero olvidas algo que para mí era esencial. Acababa de subir al trono don Alfonso, casi un niño totalmente inexperto en su difícil misión. Si los partidos de la Regencia se disolvían y liquidaban, hubiese sido imposible articular rápidamente otros, y la Corona, todavía poco asentada en el nuevo Rey, se hubiese visto comprometida. En aquel momento no tenía por qué pensar que iban a dejarme en la estacada quienes me aclamaban como jefe un año más tarde en plenas Cortes.

MM —Lo comprendo perfectamente, pero reconoce que fue una lástima, que fue un error, y ahora, a posteriori, se ve clarísimo. Si en 1903 lanzas tú mismo, y no nosotros los mauristas, el movimiento de 1913, y llamas sin descanso a la opinión para esa “revolución desde arriba” que querías hacer, estate seguro de que los partidos del turno, en aquellos momentos acéfalos y divididos, hubiesen desaparecido y con ellos los caciques, y la opinión dormida hubiese despertado, y te hubiese seguido. Tu fuiste toda tu vida un liberal y un demócrata, no solo convencido sino fanático, y fuiste a ponerte al frente de los que detestaban el liberalismo, como lo están demostrando ahora con la Dictadura, y aún más la democracia, que es el pueblo, al que desprecian profundamente. Era un contrasentido absurdo, que no podía dar fruto. Claro, que eso se ve hoy y no se veía entonces, pero reconoce que tengo razón.

AM —Y todo eso, ¿adónde conducía? ¿A la República? Yo viví la República del 73, y sigo creyendo que sería una calamidad para España como lo fue aquella.

MM —En sí, la República no es mejor ni peor que la Monarquía. Depende de quienes la gobiernen (…). Además, el Rey se hubiese visto obligado a seguirte si la opinión imponía tu política. Te hubiese jugado cien perrerías, como te las jugo desde el primer día, pero habría tenido que aceptar la voluntad de España, si de verdad lograbas despertarla. Los años desde 1903 hasta 1913 fueron años no solo perdidos para ti, sino mortales para España, porque fueron los únicos hábiles para hacer de verdad la “revolución desde arriba” que predicabas, que querías hacer, que era indispensable. Una vez asentados de nuevo los dos partidos tradicionales contigo y con Canalejas, todo cambio dentro de la Monarquía era ya imposible, y los caciques habían de prevalecer siempre, como prevalecieron hasta la dictadura, y prevalecerán después de ella si la Monarquía sobrevive, porque siguen de pie y son cada vez más fuertes.

AM —Después de la Dictadura… ¿Quién sabe lo que sucederá? El dictador es pasajero y temporal, pero no la Corona que le ha acompañado en todo el viaje, y que quedara en la cuneta, maltrecha y abandonada de todos el día en que el dictador desaparezca, lo mismo si lo hace por propia voluntad, que si es forzado a ello… Toda dictadura deja tras de sí la revolución, y por eso me negué siempre a oír a las juntas militares de todas mis convicciones desde mi niñez… ¡Malos momentos le esperan a la Corona al liquidar esta etapa!

MM —Te confieso que no veo posibilidad de que el Rey se libre de la responsabilidad que ha contraído, y que considero a la Monarquía perdida el día de la caída de Primo de Rivera, pero te declaro que me parece que se tiene muy merecido lo que le venga, porque toda su vida ha hecho oposiciones a ello con su conducta, y tú eres el primero que puede certificarlo, porque has sido su víctima preferida.

AM —Con todo, le tengo afecto casi paternal y además creo que España, desgraciadamente, no tiene opción, porque sigue sin ciudadanos conscientes por obra de los caciques, y sería pura demagogia lo que viniese. […] »

Así cayó Alfonso XIII: de una dictadura a otra (Miguel Maura)

Así terminó el diálogo.

Antonio Maura fue cinco veces presidente del Consejo de Ministros de España, se le ha considerado como uno de los lideres más influyentes del Partido Conservador. Su compromiso con la regeneración política en una época dominada por el caciquismo y la superioridad moral que lo caracterizaba, consecuencia de su voluntad idealista, pero sincera, de limpiar la política. Su gestión dejo importantes avances y medidas políticas, sobre todo durante el denominado gobierno largo de maura, entre 1907 y1909, cuando intento lograr, sin éxito, un gran acuerdo entre los partidos para extirpar el caciquismo y acabar con las corruptelas de la política española. En 1913, tras más de 30 años como diputado en las Cortes Generales y otros tantos al frente del Partido Conservador, Antonio Maura dejo la política, en gran parte por culpa de las enemistades que se había granjeado durante su carrera por su afán regenerador.

Muchos historiadores lo han catalogado como un gran trabajador y orador. La frase “Gobernar con luz y taquígrafos” fue acuñada para la posteridad por Maura. Me ha parecido oportuno hacer referencia a esta conversación ya que a través de esta habremos asociado infinidad de situaciones similares y repetidas en nuestra reciente historia de la transición a la democracia, situaciones y acciones que nos dan la razón de que la historia se repite tozudamente por mucho que algunos nos quieran convencer de que “Hay que conocer la historia para evitar cometer los mismos errores”.

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