Los nuevos indigentes

La Hermandad del Refugio en la Corredera Baja de San Pablo en 1928
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

A principios del siglo XVII, el antiguo noviciado de la Compañía de Jesús en la calle de San Bernardo creó una hermandad conocida como la “Ronda del pan y el huevo” que, todas las noches recorría las calles de Madrid y otras ciudades (como Toledo), para socorrer a los indigentes, mendigos y enfermos de sus calles a los que se daba agua, pan y un par de huevos duros. Más tarde esta actividad fue ampliándose para acoger en hospederías y hospitales a los enfermos, acompañándolos en su dolor.

Felipe III ordenó construir por su parte en la esquina de la Corredera Baja de San Pablo y Puebla una capilla y un hospital destinados a atender a los enfermos portugueses primero, después a los alemanes, cuya administración y patronazgo fueron cedidos en el año 1702 por Felipe V a la Hermandad del Refugio, heredera de la anterior, que siguió realizando esta labor de atención a los menesterosos hasta nuestros días, en que se forman colas impresionantes para obtener una simple cena.

No se trata de una broma. Es una triste realidad del siglo XXI en el mundo de los “chips”, las “apps”, los “5G” de alta gama y demás zarandajas tecnológicas, incapaces de proporcionar comida a los que tienen hambre, vestido a los van desnudos, un techo a los que viven a la intemperie y una palabra de aliento a quienes lo necesitan. Todo ello mientras nuestros dirigentes políticos manejan cifras de muchos ceros en sus presupuestos, se inflan los cargos y retribuciones de todo tipo de “asesores” y “expertos” o de rimbombantes nombres de ministerios, consejerías y direcciones generales.

Vivo cerca de ese lugar donde cada tarde van llegando todo tipo de personas, seres humanos a los que la vida ha golpeado duramente y que resultan indiferentes a ese otro mundo de personajes con coches oficiales, corte de palmeros a su alrededor, comedores de lujo y sueldos vitalicios que, como responsables de la Administración del Estado, emplean el dinero público en asuntos tan atrabiliarios como los que conocemos, mientras siguen permitiendo la llegada de más y más indigentes externos, para su explotación como mano de obra barata.

En estos años, he podido comprobar directamente como ha ido creciendo el número y el tipo de personas en las colas que dan vuelta a toda la manzana. No son los indigentes clásicos; son nuevos indigentes a los que políticas de diseño moderno, ayudadas por la “neoizquierda capitalista” (que desconoce la sensibilidad social), se están implantando por gobiernos marionetas de la plutocracia mundial. No hace falta señalar ejemplos. Los hechos están ahí: cada vez un número mayor de personas que antes vivían con una cierta dignidad y holgura, las clases medias, son empujadas a la cola de la Hermandad del Refugio ante la ineficacia probada de quienes se consideran a sí mismos “dirigentes” o “poderes públicos”.

Estamos jugando con la desesperación y la miseria de millones de personas, que son precisamente las que produjeron ese “estado de bienestar” del que tanto se ha alardeado. En España, los que levantaron tras la guerra civil un país a costa de esfuerzo y talento, ahora están esperando en la cola que una institución del siglo XVII les proporcione un plato caliente o han sido víctimas de infecciones o muerte por un virus desconocido. Mientras, los que heredaron un país con industria, agricultura, comercio y trabajo, con empleos fijos y duraderos, con seguridad social y laboral, con instituciones bancarias y financieras dedicadas al desarrollo y al progreso, las han ido dilapidando en aras de intereses particulares y personales o sustituyendo por actividades banales con sello oficial.

En el “15M” se nos llamaba “indignados” porque aún podíamos mantener una cierta dignidad personal frente al poder. Ahora, más sutilmente, a los nuevos indignados se les llama “negacionistas” cuando proclaman a los cuatro vientos las mentiras, los fraudes, la propaganda y los juegos de prestidigitación, de quienes se arrogan la dirección de nuestras vidas en los próximos años.

FOTO: La Hermandad del Refugio (Ronda del pan y el huevo) en la Corredera Baja de San Pablo en 1928 | Nicolas1056 en Flickr

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