Puñetazo de Trump en la mesa del BID

Donald Trump
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Otro muro que cae, otra tradición que pasa a mejor vida. La norma no escrita por la que el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) fuera siempre un latinoamericano ha quedado abruptamente interrumpida con la elección de Mauricio Claver-Carone, candidato impuesto por Donald Trump, y elegido en un voto secreto por 30 de los 48 países miembros. España, junto con los 12 países de la UE accionistas del BID, prefirió abstenerse, atendiendo con ello a las sugerencias de Argentina, el país más empeñado en vetar la candidatura de Claver-Carone. 

El nuevo presidente sucede al colombiano Juan Luis Moreno, que a su vez fue precedido en el cargo por el uruguayo, nacido en Asturias, Enrique Iglesias. Claver-Carone, nacido en Estados Unidos, de ascendencia cubana y con unos cuantos años de estancia en España durante sus primeros años de vida, es considerado un neoconservador del ala más dura, portavoz del exilio cubano en Miami, y uno de los inspiradores más tenaces en que Estados Unidos rompiera la política de conciliación que Barack Obama había iniciado hacia Cuba. También, del progresivo cerco al régimen chavista de Nicolás Maduro. Ni Cuba ni la Venezuela chavista forman parte del BID, aunque sí está representada y reconocida en el Banco la Venezuela del presidente encargado Juan Guaidó, lo que acarreó la inmediata salida de los emisarios de Maduro.

Tanto como representante de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional (FMI) como desde su asesoría al Consejo de Seguridad Nacional, Claver-Carone ha inspirado las políticas de la Administración Trump hacia el continente latinoamericano, destinadas prioritariamente a contener el avance de China y Rusia, en un territorio del que España parece cada vez más alejada. Baste como botón de muestra al respecto el hecho de que la oficina de representación para Europa está radicada en Madrid desde julio de 2012, pero el presidente saliente del BID ya había dispuesto que esa oficina se trasladase a Bruselas, un movimiento que el nuevo presidente se ha mostrado dispuesto a neutralizar. En varias declaraciones previas a su elección, Claver-Carone había señalado que “Madrid es la puerta a Europa de Latinoamérica”, de la misma forma que “Miami, en donde nací, es la puerta de Latinoamérica hacia Estados Unidos”.  América para los americanos, pero con Estados Unidos al mando

El BID es el gran cofinanciador de los grandes proyectos de desarrollo en Latinoamérica, y hay ya pocas dudas de que las nuevas iniciativas tendrán la impronta del nuevo presidente cubano-americano. Su acceso al máximo poder ejecutivo del banco supone también que Estados Unidos toma el control de la última institución genuinamente interamericana que  quedaba; la otra es la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que su secretario general, Luis Almagro, ha impuesto un sesgo claramente contrario al de los regímenes populistas y neocomunistas. 

Si se cumple también el supuesto pacto secreto entre Donald Trump y el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, la Vicepresidencia Ejecutiva del BID será ocupada por un brasileño, lo que liquidará definitivamente el proceso iniciado por el colombiano Juan Luis Moreno de otorgar más peso a China en la financiación de los grandes proyectos de infraestructuras en el continente. 

La gran derrotada por esta elección es la Argentina de Fernández & Fernández, que incluso intentó el aplazamiento de la votación mediante la maniobra de que no se llegara al quorum necesario del 75% de los votos (España posee el 2%). Al no obtener el decisivo apoyo de México, optó tanto por no presentar a su propio candidato como por abstenerse en la votación, acción a la que unió a España y a sus socios europeos, claramente insuficientes, frente al 66,8% de los votos logrados por Mauricio Claver-Carone.  La Casa Rosada, inmersa en el dificilísimo proceso de renegociar con el FMI su bancarrota, criticó duramente la vulneración “de una tradición de gobernanza regional de una institución, que se ha mantenido en sus 60 años de existencia como un ámbito plural, al servicio del interés de los latinoamericanos y caribeños, y sin convertirse en una herramienta de intervencionismo diplomático”. 

Claver-Carone también se ha comprometido a no permanecer en el cargo más que un solo mandato de cinco años. Un periodo de tiempo suficiente para cambiar radicalmente las líneas de actuación del banco. Y también un trampolín desde el que saltar a otras aspiraciones dentro de Estados Unidos, en donde ya se está conformando un perfil de halcón republicano, la tendencia que parece prevalecer en el Great Old Party una vez fagocitado por Donald Trump. 

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