La refundación del PP

Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

El barco ha sido seriamente tocado y, su capitán, responsable de maniobras equivocadas, ha decidido dejar el timón a quien pueda corregir el rumbo en el futuro. Se acabaron los sueños perdidos en un horizonte plagado de ”icebergs” que han ido propinando golpes sucesivos en el casco del otrora buque insignia de la política española.

Y empieza el desconcierto sobre la cubierta, en el puente de mando, en los grandiosos salones, en los camarotes, por los pasillos y escaleras, en las cocinas… pero, sobre todo, en la sala de máquinas. Allí, donde mejor debían funcionar los intestinos de la gran máquina, las gigantescas válvulas, émbolos, calderas, bombas, motores, filtros, pistones, bielas, tanques, eyectores y demás elementos, empezaron a mostrar serios problemas de mantenimiento y control, dando lugar a la corrosión, la degradación de materiales y el deterioro de las piezas. El buque queda a la deriva pendiente de ser remolcado a puerto y ser revisado a fondo para saber si puede seguir navegando.

Esa es la imagen de los partidos políticos en España y en lo que llamamos “nuestro entorno”. Unas estructuras poderosas que, como en el caso del “Titanic” se consideran insumergibles, pero a las que la naturaleza de las cosas les demuestra más tarde o más temprano que no lo son.

El Partido Popular, heredero de aquella Alianza Popular de la transición política en España, ha ido dando tumbos en su navegación y deriva, hasta que se han cruzado en su camino unos enormes témpanos de hielo judicial, con los que ha chocado, en la pretensión ilusa de salir indemne. La prepotencia de la máquina no ha podido con el verdadero poder de unos hechos, que han propiciado uno tras otro fuertes embates en sus viejas cuadernas blindadas por el doble casco (o eso se creía).

Es cierto que, el combustible ideológico con que pretendía ser impulsado, era de un octanaje difuso y confuso dentro del pensamiento único socialdemócrata, cada vez más difícil de entender por su pasaje y su tripulación, importantes en su momento y llenos de confianza pero que, poco a poco, han ido detectando fallos que les hicieron ir abandonando la nave. En unos casos por simple desconfianza en el capitán, en otros por insubordinación o motín. El capitán que creía tener bajo control todos los elementos, fue enredándose cada vez más en maniobras ininteligibles que, lejos de resolver situaciones, acababan por complicarlas aún más. Entre las órdenes recibidas del alto mando de la UE, los compromisos personales y políticos que (según el mismo) chocaban con sus convicciones, los intentos de motín entre sus oficiales y las presiones de importantes partes del pasaje, ha terminado por ceder el mando. Su salud estaba en juego y con la salud no se juega.

Es lo que pasa cuando se pretende contentar a todos abarcando todo el espectro político, pero se acaba contentando a unos más que a otros. A eso se suma la falta de horizonte preciso, de ideales con que atizar las máquinas más allá del simple incentivo del cargo y el sueldo, el querer mantener estructuras caducas y anacrónicas ajenas a la evolución social y servir de simple “mandado” de los que al otro lado del mar dictan las órdenes. Ahora el barco debe entrar en el astillero para ser reparado, para recuperar el sentido de su travesía, para la limpieza a fondo de esa sala de máquinas y la sustitución de las muchas piezas dañadas, corroídas o imposibles de reciclar. Debe cambiar viejos motores a los que el combustible ha dañado irreversiblemente y, sobre todo, adecuarlo a nuevos tiempos que demuestren su interés social y para recibir una nueva tripulación y pasajeros que confíen en su navegación.

Pero, por desgracia, no parecen ir por ahí las exigencias de unos y otros. Antes de que la nave reciba esa imprescindible revisión, lo que mas parece importar es el nombre del nuevo capitán. El mundo mediático —en su supina ignorancia— es el más empeñado en ello. El mundo corporativo —en su propio interés— le sigue y presiona para saber qué tipo de indumentaria debe ponerse. El mundo financiero —también en su propio interés— se unirá en connivencia con los otros, para marcar líneas de navegación futuras. El mundo de los llamados “políticos” y afines, se aprestará a formar parte de nuevo de listas cerradas y bloqueadas que aseguren otros cuantos años de cargo y sueldo… En fin, el mundo de los cabildeos, de las frivolidades y de las anécdotas, vuelve a sustituir el verdadero debate de refundación del PP por quienes deberían actuar sólo por incentivo moral que económico.

El problema es que todos constitucionalmente deben ajustarse a un único pensamiento: el que se considera de “centro político”, la socialdemocracia y su llamado “estado de bienestar” (no para todos). Una mezcla transversal entre quienes creen necesaria una actualización de la Constitución y quienes se aferran a ella como tablas de salvación en el momento del naufragio. Entre quienes defienden las libertades y quienes intentan coartarlas con diversas justificaciones de “seguridad”. Entre los que defienden la vida, costumbres y tradiciones y quienes pretenden sustituirlas por otras diferentes. Entre quienes pretenden seguir anclados a modelos del pasado y quienes pretenden construir futuro. Entre quienes pretenden continuar siendo “súbditos” y quienes quieren decidir por ellos mismos. Entre los “europeistas” o “globalizadores” y los partidarios del Estado-Nación con su propia identidad. Entre centralistas y nacionalistas. Por ello ha surgido una nueva especie política: la de los que sólo pretenden salvar su pellejo, aliándose para ello con quien haga falta.

El futuro de los partidos políticos que conocemos es tan precario como las falsas bases representativas que los sustentan. Como los modelos de organización política y territorial de sociedades cambiantes, de actividades efímeras, de mera supervivencia en definitiva, que parece haber desterrado las antiguas certezas.

En España, como en otros países del “entorno”, las certezas se esfuman y la confianza se pierde. Por eso se han convertido en caldo de cultivo para toda clase de desmanes, manipulaciones, corrupciones institucionales y privadas. Porque las certezas nacían de principios y valores ahora perdidos en el gran desconcierto social donde nada responde a lo que se suponía.

Todo ello tiene que estar presente no sólo en la refundación del PP, sino en la de todos los que han sido y son copia fotostática de él. Todos anclados en los mismos lenguajes, moviendo las sombras de la caverna, para que no se descubran sus imposturas, sus traiciones, sus realidades, en eso que todavía llamamos democracia.

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