Errores muy humanos…

Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Hace poco tiempo la representante pública del Estado aclaraba que la frase “Hacienda somos todos” era un mero slogan publicitario. Hoy la portavoz del gobierno municipal de Madrid, decía algo así como “los seres humanos somos imperfectos y cometemos errores” en alusión al nuevo incidente con que se enfrenta el consistorio en el primer día de Carnavales y que ha dado lugar a la detención de un par de “titiriteros” contratados para estas fiestas.

Supongo que la frase caritativa y misericordiosa de Rita Maestre, podría aplicarse a cualquier responsabilidad pública y exculpar los muchos desmanes que vienen sucediéndose en la gestión de las distintas administraciones, entidades privadas y semipúblicas, a quienes en lugar de criticar, se les podría justificar como “errores muy humanos” por los “comprensivos” adversarios políticos de cada momento. Lo ocurrido con los llamados “titiriteros” quizá hay que buscarle otras causas y, desde luego, nada que ver con la libertad de expresión o creación artística con temas al alcance de cualquiera que tenga mal gusto o ganas de provocar. El arte no es tan rastrero como se cree.

Al comienzo de la andadura del nuevo ayuntamiento madrileño, algunos de sus recién elegidos miembros, bajo la sombra protectora de formaciones varias, la fuerza del movimiento ciudadano 15M y el prestigio personal de una magistrada, empezaron a mostrar sus trastiendas respectivas, dando lugar a la primera baja, precisamente en la concejalía de Cultura, con el caso del efímero Sr. Zapata a quien, como en el mundo de la más rancia “casta” política, se mantuvo como concejal de distrito. También entonces encontró la comprensión de sus compañeros ya que, con sus excusas, reconocía que había cometido un error, algo muy humano.

Mientras tanto, las disculpas y excusas del gobierno del PP frente al incumplimiento de su programa y los casos de corrupción que afloraban a su alrededor, no encontraban el mismo tratamiento en los medios de comunicación y, sobre todo, entre los muy “comprensivos” militantes de otras formaciones (como la de la portavoz municipal) para entender las dificultades de gobierno institucional y los siempre perdonables errores de los “imperfectos” seres humanos. Nuevamente la hipocresía política se manifiesta en quienes se apoderaron de la bandera de la “regeneración” en nombre de los ciudadanos y ahora se ofrecen sumisamente al PSOE para un “gobierno de progreso”. Vivir para ver.

Tanto en el caso de que Hacienda pretendiese con su frase publicitaria manejar a la opinión pública sobre su corresponsabilidad fiscal, como en el caso de Rita Maestre exculpando la evidente metedura de pata (una más) en la gestión de los carnavales madrileños, nos encontramos ante el mismo doble rasero, la misma doble moral, con que se funciona en la vida pública. En el primer caso por la conciencia de saber quienes son los que son de verdad “Hacienda” y no atreverse con los poderosos; en el segundo caso por pretender “ignorancia” o “ingenuidad” en la responsabilidad política del cargo público.

Tengo que remontarme a la acampada en la Puerta del Sol para recordar cómo entendían unos y otros el 15M. Mientras en su gran mayoría eran ciudadanos con motivos para la indignación que daban muestra de un civismo ejemplar, se colaron otros que pretendían abusar de la situación, con comportamientos que dieron lugar a crear una comisión “de respeto” para controlar desmanes. En más de una ocasión (como ocurre con algunos cargos públicos) se intenta aprovechar la impunidad de sentirse apoyados, bien por la masa, bien por el “poder” del momento, para llevar a cabo las tropelías que, por sí solos, no tendrían el valor de hacer.

Es evidente que, en el caso del carnaval madrileño que nos ocupa, pueden darse las dos circunstancias: sensación de impunidad (porque se supone que gobiernan “los nuestros”) y el amparo de una forma de contratación pública (que debería aclararse en aras de la transparencia) que, al parecer, les deja carta blanca para abusar de una situación de privilegio (otra vez la “casta”) obtenida con la contratación pública (se supone que “a dedo” por ser menor) y sustituir el arte de los titiriteros de verdad, por el mismo y repetido discurso que ya resulta “cansino”.

Todo ello se enmarca además en el hecho de que quizás, como ocurría en del 15M, se intente desacreditar la gestión municipal en Madrid, encarnada por una persona que se juega cada día su reputación de buena gestora, apagando fuegos en cada rincón del consistorio. Los casos de retirada de vestigios “franquistas” (sin entender bien lo que fue la dictadura) o de nombres de quienes, como humanos, quizá “cometieron errores” —en palabras de Rita Maestre—, son golpes bajos al prestigio ejemplar que debe tener la gestión pública municipal al servicio de todos los ciudadanos en esta nueva etapa. El ayuntamiento no es el lugar donde reavivar fuegos ya apagados desde la reconciliación y la convivencia democrática. Los que lo hacen, promueven o no evitan seguir hurgando en las heridas de todos, hacen un flaco favor a la paz y el perdón que, al parecer, guardan sólo para los “coleguis”.

La situación es complicada, pues unos buenos gestores -que los hay en la corporación- no pueden pagar, ni intentar esconder las “travesuras” de quienes han llegado a tener cargos institucionales sólo por ir con quien iban. Unas listas abiertas y unas candidaturas individuales, los habría dejado a muchos de ellos fuera de las “tentaciones” públicas de un poder mal digerido pero, ¡qué bien viene esconderse en el partido o en el movimiento social! Esto es aplicable a todos los aprovechados que han hecho de la política, “su” política y de los intereses generales “sus” propios intereses.

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