Violencia de género: la ideología como garantía de fracaso

La desconfianza del varón, de la policía, de la judicicatura, de la familia y de la misma relación de pareja es garantía de fracaso.

Violencia de género
Por
— P U B L I C I D A D —

Las cifras de mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas se han disparado en el mes de diciembre, especialmente en los últimos días. Hay quien lo explica porque a mayor convivencia, mayor conflicto. Interesante, pero no explica por qué este diciembre hay muchas más que en los pasados meses de diciembre.

Probablemente no existe razón del repunte. Simplemente ha ocurrido. Pero las alarmas han estallado y fuerzan al debate político y social. Políticamente supone un nuevo hachazo para el gobierno de coalición. Igualdad reconoce el fracaso pero responsabiliza a Interior y Justicia. Margarita Robles responde que quizás la ley de sólo sí es sí no la respuesta adecuada. Como siempre, la sangre no llegará al rio, pero las diferencias son palpables, visibles y hasta audibles.

Pero la alarma permite analizar el fenómeno. En primer lugar, el fracaso del sistema. Seis de las trece fallecidas este mes de diciembre habían denunciado a su agresor, el 40% si analizamos el año completo. El dato evidencia el fracaso de un sistema que no es capaz de proteger a la mujer que denuncia. ¿Por qué?, ¿quizás porque la garantía 100% es imposible?, ¿quizás porque la avalancha de denuncias falsas no permiten poner el foco en las denuncias reales?

Pero hay otro elemento más relevante. Todo el sistema de violencia de género se basa en la presunción de la maldad del varón. La presunción de inocencia se fue por la alcantarilla. Pero también perdimos el sistema de garantías jurídicas: a la mujer hay que creerla sí o sí y todo el sistema de ayudas y protección se despliega con independencia de la denuncia policial y de la sentencia judicial. ¿Desconfiamos no sólo del hombre sino también de nuestras mismas instituciones?

Lo que subyace detrás de todo esto es un planteamiento ideológico perverso: las relaciones de pareja son imposibles, el amor es un entelequia y la familia es un lugar de opresión. Y sobre estos axiomas se construye todo un aparato que irremediablemente conduce a la inmadurez, la irresponsabilidad y lamentablemente a la violencia.

El germen de la violencia no se encuentra en el gen de a masculinidad sino en la banalización del sexo, la ausencia de compromiso en las relaciones de pareja y la desconfianza en el otro. La mejor garantía de la deconstrucción de una sociedad penosa, solitaria y violenta.
Las ideas no matan, dicen. Pero los constructos ideológicos perversos construyen monstruos que conducen al drama que sufrimos.


El anzuelo del pescador

  • Politizar la Justicia. El gobierno dice que quiere renovar la Justicia pero en realidad lo que pretende es controlarla. El PP había propuesto que en los nombramientos para el Constitucional los magistrados hubieran tenido que estar al menos 5 años fuera de la política. Les dio igual. Y lo peor: el actual Constitucional lo bendijo. ‘Para lo que me queda ene el convento’…
  • España controla a China. Italia fue el primer país europeo en imponer controles a los ciudadanos chinos que llegan a sus fronteras. España se ha sumado ante la oleada de covid que sufre China. ¿Estamos ante una nueva oleada?
  • ¿IPC controlado? La inflación se sitúa en el 5,8% pero la subyacente está ya por encima de la general y la cesta de los alimentos básicos ya subió el 15%. Eliminar el IVA de los superreducidos es una buena decisión pero se queda corta. El gobierno sin embargo, prefiere repartir cheques electorales. Vergüenza.

1 Comentario

  1. Enhorabuena por el artículo y por su tema que se ha convertido en «tabú» en las democracias liberales… precisamente. Que esto ocurriera en sistemas totalitarios nos escandalizaría, pero… nosotros somos el bando bueno.
    En el fondo hay una «deconstrucción» social hecha con habilidad desde hace muchos años, cuyos hilos nos llevan siempre a las mismas manos: las oligarquías mundiales o el capitalismo salvaje, crecidas sobre sus cifras de beneficios y el sentimiento de ser como dioses capaces de poner el Univeso al revés, pero siempre a su servicio. La ignorancia, la incultura, el hedonismo, la banalidad y la comodidad de las llamadas «gentes preparadas», han hecho lo demás.
    Un saludo.

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