En pos de cierta autonomía

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— P U B L I C I D A D —

Con la estampida occidental de Afganistán el pasado mes de agosto, la Unión Europea se ha dado cuenta, una vez más, que en materia estratégica está en calzoncillos. La salida americana fue pactada por Trump con los Talibanes en Doha, Catar, en febrero de 2020, y Biden, más de un año después, no quiso renegar de ese pacto tras 20 años de interminable ocupación del país centroasiático y de operaciones contra la guerrilla islámica, aunque fuese con bendición de las NNUU. 

Con este asunto Bruselas descubrió dos cosas que ya debía de haber sabido. La primera es que los americanos mandan, y mandan porque son una superpotencia. La segunda es que no siempre tienen en cuenta a sus aliados. No es que nunca consulten, pero a veces, pocas, ni eso. Así es la vida.

¿Qué pueden hacer los aliados de la Unión Europea? La respuesta es lo que buenamente puedan porque, hasta ahora, han sido incapaces de organizar una “Defensa Europea” de la UE. Ni siquiera una política exterior comunitaria. Se ponen de acuerdo en temas, pero no hay, por ahora, una verdadera política exterior de la UE. ¿Puede haber una defensa europea sin una sola política exterior de la UE?

Un realista como Mario Draghi, salvador de la solvencia económico-monetaria de la UE cuando estaba al frente del Banco Central Europeo en Fráncfort y, ahora, Primer Ministro italiano, ya ha dicho que la autonomía estratégica requiere una política exterior.

No se alcanza todo enseguida. Hay que caminar. No obstante, la UE progresa en esto como un caracol que puede ser incluso más lento que una tortuga y no hay que olvidar que, en el caso europeo, ésta también se duerme como la liebre. ¡La de años que llevamos oyendo hablar de una Defensa Europea! Dicho esto, es evidente que hay que apoyar el proyecto de los cinco mil de Borrell. Una Fuerza de Reacción Rápida que pueda permitir cierta autonomía a la UE.

No es la única fuerza común que tenemos en la Unión, pero sería de desear que cuando llegue una oportunidad, la empleen, porque otras no lo han sido aún. Sus Estados Mayores, sí. Sus Fuerzas, no. No es lo que debiera ambicionarse para las que hay ni para esa FRR “in the making”, aún a futuros. ¿De existir ya, se hubiera utilizado en el aeropuerto de Kabul junto a los americanos para proteger la evacuación? Quizás. ¿Se hubiera utilizado sin los americanos para prolongar la evacuación? Los optimistas asentirán, pero hace falta ser muy optimista en este caso específico.

También se podría tener esa FRR para un si acaso en la frontera polaca con Bielorrusia. Una verdadera emergencia sería, más bien, una tarea de la Alianza Atlántica. Rusia está demasiado cerca y Minsk está subordinada a Moscú. Pero una FRR europea sería una buena manera de suavizar preventivamente una necesaria escalada sin tocarle demasiado las narices a Putin, aunque sin olvidar que el Kremlin está en el origen de las inestabilidades en el Este europeo y de la ocupación ilegal de Crimea.

Algunos, muy europeístas, que, sin embargo, ya han interiorizado que Europa no puede prescindir de la OTAN y de la protección americana, al menos, por ahora, piensan en un reparto de tareas entre la Alianza y la UE. La primera para el Este donde inquieta Rusia. La segunda, para el Mediterráneo. Sería un error. No interesa a los mediterráneos que la OTAN se desentienda del ex-Mare Nostrum, ni tampoco debe la UE prescindir estratégicamente del Este europeo. Lo señalado antes con el ejemplo de una FRR de la UE en la frontera polaca-bielorrusa parece claro.

Respecto al Mediterráneo dos apuntes. La operación en Libia encargada a la OTAN en 2011 no la hubiera podido hacer la UE, al menos con la misma eficacia. Por otra parte, el renovado interés del Kremlin por el Mediterráneo con bases en Siria e interviniendo en Libia y el Sahel hace que la Alianza no pueda, no quiera, no deba desentenderse de ese mar donde están las flotas de numerosos ribereños otánicos además de la británica y de la americana, con bastantes bases aeronavales. El reparto de actuaciones debe ser, más bien, en virtud del tipo de amenaza o de riesgo que se contempla y, asimismo, en el momento en que ello está planteado como se señala en los ejemplos aportados.

Pero, la Defensa Europea no puede quedarse en esta FRR ni olvidar las Fuerzas comunes ya establecidas con anterioridad. Además, hay tres cuestiones esenciales. Un Cuartel General propio de la UE; la relación con la OTAN; y la cuestión de la disuasión nuclear. Un CG propio es imprescindible, pero que sea autónomo no significa que no tenga relación y pueda cooperar, incluso coordinarse, con los de la OTAN. En la relación con la OTAN, la UE debiera actuar como cualquier aliado. En algunos casos en el marco otánico y en otros por su cuenta, sin perder nunca de vista el contacto informativo y, eventualmente, cooperativo. Eso es la complementariedad aceptada en el seno europeísta.

Respecto a una disuasión nuclear de la UE, sería necesario un debate. No parece el Gobierno Sánchez predispuesto a ello, pero esa disuasión es imprescindible. Actualmente, los términos del paraguas nuclear americano están más claros que los de uno, eventual, francés. Al pan, pan, y al vino, vino, pero hay que aprovechar que Paris está ahora dispuesto a abrirse en esta materia, aunque falta transparencia al respecto en Madrid.

Para sorpresa de algunos, la Administración Biden es favorable a una autonomía estratégica de la UE. Así lo afirma Derek Chollet, Asesor de Blinken en el Departamento de Estado. Un cambio estadounidense de actitud al que hay que dar la bienvenida. Hasta ahora el temor americano (y de otros países de la OTAN) era que un esfuerzo europeo por su propia defensa pudiera debilitar la Alianza, si bien los europeos sensatos entienden actualmente la necesidad de compatibilizar una defensa suya con la aliada.

Washington sabe que un esfuerzo militar europeo serio fortalecería la Alianza donde siempre se ha hablado del pilar europeo, una definición amplia que puede englobar hoy en día una Defensa Europea, incrementándose así el esfuerzo europeo en materia de defensa que Washington pide, de un modo u otro, desde que Clinton fue Presidente.

¿Sabrán los socios europeos aprovechar ahora esta ocasión? ¿Incrementarán sus inversiones en defensa, sobre todo los que menos gastan como Alemania o España? ¿Tendrán todos como guía dedicarle al menos un 2% del PIB como se comprometieron en el seno de la OTAN en 2014 todos los aliados, incluida España? Una defensa, la europea o cualquiera, no la regalan Papa Noel ni los Reyes Magos. No debiéramos perder la esperanza ni tampoco, como el cangrejo peregrino, abandonar un cobijo sin tener ya otro asegurado. En todo caso, Defensa Europea, sí. Ingenuos, no. Antiamericanos, tampoco.

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