Uxue Barkos | FOTO: EP

Ya falta menos en Navarra

Algunos se preguntan estos días cómo es posible que una fiscalidad tradicionalmente tan favorable como la navarra no hay sido capaz de atraer una sola empresa de las más de 2400 que han huido a la carrera de la Cataluña pre republicana en estas semanas.

Lo cierto que es que ni la fiscalidad navarra es hoy tan favorable como algunos creen, ni el entorno político y social actual en la comunidad foral aseguran una estabilidad política y social a medio plazo que puedan convencer a nuevos inversores de la bondad e interés estratégico de nuestra comunidad como antaño.

Es verdad que Navarra conserva muchos atractivos todavía —Roma no cayó en un día— pero el efecto corrosivo y paralizante del Gobierno más radical de nuestra España democrática en los últimos 40 años (un Frankenstein formado por nacionalistas vascos, populistillos, neocomunistones y filo terroristas) va diluyendo poco a poco las evidentes condiciones y virtudes objetivas de una comunidad que, hasta ahora, concentraba sus esfuerzos en competir por el liderazgo nacional de los servicios sociales, la gestión equilibrada de los gastos e ingresos públicos, el sostenimiento del desarrollo, la promoción de la innovación tecnológica y la defensa de las sinergias, costes y beneficios de nuestra integración española.

Ocurre que, de un tiempo a esta parte, con el gobierno Barko&Bildu se han abandonado estos objetivos. La Presidenta vive obsesionada con el mantra de la construcción nacional de Euskalherria. Consciente de la dificultad de repetir una aritmética tan afortunada como la que le permitió alcanzar el poder en la mayoría de las instituciones de representación

Navarra desde 2015, la Presidenta ha optado por acelerar la puesta en marcha de todas las estrategias que considera necesarias para acercar a Navarra al proyecto supremacista vasco tutelado por el omnipresente y gradualista PNV.

Nada resulta original en su estrategia de nacionalización abertzalizante porque casi todo ha sido ya probado por sus correligionarios en el País Vasco y Cataluña desde hace décadas, con éxitos notables por cierto. Como sabemos, el nacionalismo es muy persiste y machacón en sus convicciones, pero muy poco original en cómo defenderlas. Siempre es lo mismo.

En Navarra, el nacionalismo vasco, reedita sus tradicionales estrategias al servicio de la construcción nacional, una vez más:

  1. Poner educación, lengua, y medios de comunicación al servicio de la causa.
  2. Intimidar y presionar a todo el que se oponga a los actuales mandatarios.
  3. Institucionalizar la mentira negando las evidencias molestas que lo puedan desmentir adaptando la realidad circundante a su verdad y manipulando los datos a conveniencia.
  4. Despreciar inversiones que generen riqueza en Navarra (que por ende garantizarían independencia y mayor libertad políticas).
  5. Y proscribir la huella española y foral de Navarra, ridiculizando por ejemplo, las actitudes de aprecio y las manifestaciones sociales y culturales de la Navarra integrada en armonía con el resto de España.

De las cinco estrategias podríamos poner ejemplos un día sí y otro también, hasta abrumar.

Es verdad que el actual Gobierno de Navarra, se puede aprovechar de un momento de consolidación de la recuperación más que notable al que las políticas de austeridad, estabilidad y control de las cuentas públicas así como las fiscales y presupuestarias aplicadas por el PP han ayudado a revertir en toda la nación. También en Navarra.

Y a las que habría que añadir otras, por ejemplo: una negociación exitosa (ya lo verán) de la renovación del Convenio Económico; la ampliación de la segunda Fase del Canal de Navarra (“¡Agua para todos!”) o el impulso decidido del AVE a su paso por nuestra Comunidad. Con las que el Gobierno del PP ya ha demostrando mucha más ambición con Navarra que el propio gobierno de Navarra. Pero mucha más.

Aún así, será difícil que Barkos, si finalmente decide presentarse por segunda vez, mejore sus resultados mientras no suelte el lastre que supone seguir haciendo lo que le diga Bildu, y mientras no revierta sus prioridades (más bien obsesiones) y las traduzca en soluciones para las verdaderas necesidades que tanto preocupan a una inmensa mayoría de

Navarros. Poca gente cree ya en su moderación, su racionalidad, su deseo de servir a todos, o su capacidad para integrar a todos los navarros en un proyecto compartido, que ella misma rechaza.

Como suele decirse en Pamplona,… “¡ya falta menos!”

Acerca de Carlos Salvador Armendáriz

Diputado de UPN.

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