Cuando hay maltrato en una pareja, no son sólo cosas de pareja. No permitas la violencia de género.

Violencia “machista”

Cada día, en un goteo interminable, los medios de comunicación vuelven a informar de trágicos sucesos relacionados con la “violencia de género” que, en muchos casos se traduce en violencia “machista” por el origen de la misma. Por desgracia, a estas alturas de lo que consideramos “civilización”, siguen existiendo situaciones no resueltas en las relaciones de género, tanto si estas se producen en el ámbito del matrimonio convencional, como si lo son en el marco de otro tipo de relaciones de pareja e incluso en el laboral. Los casos de acoso sexual en el ámbito corporativo, político o profesional, están también al orden del día y salpican reputaciones distinguidas, con consecuencias graves para sus protagonistas en el mundo jurisdiccional que, a pesar de todo, no sirven de escarmiento.

A estas alturas debemos preguntarnos qué es lo que hace posible que esta lacra social, con consecuencias mortales la mayor parte de las veces, no haya sido erradicada totalmente en pleno siglo XXI y los instintos más primarios sigan produciendo conflictos que, hasta hace poco tiempo, eran considerados como prueba de virilidad o de “hombría”. No es baladí el hecho de que, en muchos casos, esas fuerzas primitivas no hayan encontrado otras vías de escape a la violencia en sociedades cada vez más adocenadas y hedonistas.

El hombre y la mujer, con su base biológica de machos y hembras, vienen aún reproduciendo comportamientos donde la fuerza y la violencia de unos, pretende contrarrestarse muchas veces con las “armas de mujer” de las otras, lo que nos lleva irremediablemente al conflicto de poder de un género sobre el “contrario”. En el “zoo humano” se ha intentado canalizar ambas cuestiones por una organización social sujeta a estrictas reglas matrimoniales, pero que han sido siempre simples convenciones eludibles en la trastienda de lo “correcto” desde los instintos más primarios.

En el mundo animal, la lucha por la supervivencia darwiniana, hace posible que los machos más dotados se apoderen de las hembras para poseerlas a su antojo, hasta que otros rivales les sustituyan como “machos alfa” y continúen apareándose para generar más individuos de la misma especie. Es el ciclo de la vida y así se nos presenta como “natural” y respetable. El “zoo humano” actual conserva en su base tales comportamientos, jaleados además por formas de vida que han elevado el sexo en sus diversas variantes, como un elemento cultural necesario para la realización individual. El hombre acosa y la mujer seduce, en un juego que suele terminar en tragedia, tal como muestran los muchos casos que vamos conociendo. En otros se representa una simple variante de dominación inversa, pero esa tensión macho-hembra continúa aún siendo motivo de violencia y conflicto. De lucha por el poder y el subsiguiente sometimiento. No sólo en la pareja, también en otros ámbitos como ya se ha dicho.

Todos los ritos de “galanteo” y “flirteo” —más o menos obscenos o groseros—, están presentes en cuantas relaciones sociales, profesionales o laborales sean posibles. Todas las “armas” son válidas para conseguir el anhelado trofeo, sea cual fuere su intencionalidad última: simple placer, promoción profesional o laboral o, en el mejor de los casos, una relación estable de pareja. Las “fiestas” se multiplican y es muy difícil escapar a sus consecuencias, agravadas además con drogas y alcohol. Las muchas horas de convivencia laboral o profesional propician otro tipo de relaciones más íntimas y personales, que suelen derivar en “aventuras” e infidelidades (consideradas ya como “naturales”) que, más tarde o más pronto, repercutirán en la estabilidad sentimental de las parejas y, en consecuencia, en situaciones más o menos tensas o dramáticas. De ahí a la violencia no hay más que un paso y la tragedia está servida.

Hace poco tiempo, un foro organizado por “El Confidencial” mostraba a “mujeres influyentes” o con cierto poder, conseguido demasiadas veces a base de mantener la dignidad que como personas les corresponde, frente a quienes aún se creen los “amos” del rebaño. Recientes noticias de acosos sexuales en el mundo del espectáculo, no son más que pequeñas muestras de lo que viene ocurriendo en todos los ámbitos, en todos los lugares y en cualquier situación en que la mujer deba demostrar y mostrarse más fuerte que el varón. En tales casos el despecho y la rabia del “macho” suele pasar factura.

Pero, como ya ha señalado por Marta Pastor en esta misma web, es la propia sociedad la que con su tolerancia mal entendida, mantiene las conductas de los supuestos “machos” (habría que ver como se comportan en situaciones de verdad peligrosas), tomando como “bromas” muchos actos de acoso machista, pero también, no lo olvidemos, son las propias mujeres las que deben elegir entre el respeto y el halago, entre el compañerismo profesional y la “aventura” laboral, entre el mérito intelectual y la promoción recibida por otros méritos. El día que ellas mismas corten de raíz cualquier veleidad machista, incluido el típico “piropo”, el “macho” perderá el control y entenderá de una vez por todas que su papel de predador sexual ha terminado. Mientras tanto, seguirá la fiesta y el sometimiento de un género al otro.


FOTO y VÍDEO: Campaña “No permitas la violencia de género” del Ministerio de Sanidad

Acerca de Juan Laguna

Colaborador de Fundación Emprendedores.
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