Un minuto de silencio

Como dicen en mi tierra “todos los santos tienen octava” y así se refiere con este refrán castellano cuando algo se nos olvida celebrar en el día justo o bien porque determinadas circunstancias lo hayan impedido, teniendo en cuenta que a la semana siguiente del acontecimiento bien coincidiendo con el mismo día o cuando se tercie la ocasión, pero el caso es traer a colación el recordatorio.

Ciertas octavas estaban consideradas como días de privilegio, y también los griegos admitieron hasta cierto punto la celebración de octavas en su liturgia, motivo por el que hoy, sin andar más lejos, considero justo conmemorar sobre lo ocurrido el pasado día 23 de noviembre, miércoles por cierto. No fue un día cualquiera en la vida de España, ni fue un día cualquiera en la sesión del Congreso de los Diputados. Fue un día que conmovió a los españoles, me consta, no solo a los residentes en nuestro territorio sino allá donde estuvieran.

Pasadas las 9 de la mañana, al abrirse la Sesión de Control correspondiente, la Presidenta hubo de dar conocimiento a los componentes de la Cámara del fallecimiento de la Senadora del Partido Popular Rita Barberá ocurrido hacía escasamente dos horas. Era preceptivo pedir un minuto de silencio en su memoria, minuto o instante de reflexión en cierto modo de aturdimiento. Resulta difícil definir, más aun tratándose de la persona a la que se rendía ese homenaje. Una mujer a la que raras veces se la vio con semblante triste y sombrío, porque era una mujer que vivía feliz por el simple hecho de haber dedicado toda su vida a hacer lo que la gustaba y más aún, lo que la ilusionaba.

Ha transcurrido poco más de una semana y aún me cuesta asimilar este hecho, al que por muchas vueltas que le dé no acierto a asumir la realidad. Por eso tampoco puedo comprender la actitud de determinados miembros de esa Cámara que representan a la soberanía de todos los españoles, negando la señal de respeto, no solo a un ser humano que ha perdido lo más valioso para sí que es su propia vida, sino a un representante público del pueblo español.

La figura humana de Rita va más allá de lo que era su actividad política, tanto por su talante risueño y cordial como por el trato cercano y popular con que solía pronunciarse, lo que le granjeó una admiración creciente y especial afecto, además de cariño y respeto, no solo de los valencianos, sino de la inmensa mayoría de los españoles conocedores de su imagen pública. Es triste tener que decir en estos momentos que Rita era un símbolo, pero es que ciertamente lo era. Su imagen simbolizaba la vitalidad y el buen humor además de transmitir optimismo a través de su franca sonrisa.

No me cabe la menor duda de que su semblante quedará en la memoria de todos los españoles, porque Rita Barberá era una española y una valenciana de pro, de lo que ha hecho gala a lo largo de toda su vida. Es por lo que al hilo de la cuestión convendrán conmigo en que a Rita se le ha hecho objeto de un trato inadecuado, sucio e ingrato, como así se han pronunciado propios y extraños. Decía uno de sus familiares que murió de pena, de soledad y de abatimiento. Lamentable, pero cierto.

A partir de este momento cabe también hacer otro minuto de silencio por parte del Partido Popular valenciano para meditar detenidamente sobre el futuro y un proyecto de renovación en sus filas, quizá entre los que en su día fueran relegados a un segundo o tercer plano. Será difícil llevar a cabo esta tarea por los escándalos y demás fechorías que se han venido arrastrando desde hace algunos años en las que están involucrados una gran parte de los cargos electos dentro de las diversas instituciones y que ha conducido a esta situación un tanto caótica.

Si mal no recuerdo, a raíz de las Elecciones Generales de 1986, Alianza Popular se consolidó como segunda fuerza política, una vez desaparecida la UCD en 1983 y el fracaso de la Operación Roca, siendo este hecho el punto de partida para que todos los componentes de estas formaciones políticas “arribaran” a la Coalición Popular de Manuel Fraga. Cristianos, liberales, reformistas, centristas y demás componentes del espectro político valenciano llenaron las filas de los Populares en la Comunidad Valenciana y ahí comenzó a fraguarse todo este entramado que ha conducido a la bancarrota.

El panorama político en la Comunidad Valenciana no es muy halagüeño que digamos, ahí están los hechos denunciados que lo demuestran. Insisto en que el futuro está en hacer un alto en el camino y, porque no, un minuto de silencio para meditar con serenidad y detenidamente sobre los errores cometidos, poniendo todos los medios para hallar soluciones que vuelvan a ilusionar al electorado valenciano con los valores y habilidades de que hizo gala Rita Barberá.

Acerca de María Bernal Sanz

Abogado. Asesor Jurídico del Patrimonio Histórico y Cultural;
y de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

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