Sorpasso y Nicolás Redondo. Votar con la nariz tapada.

La palabra de moda desempolvada después de cuarenta años, cuando en 1976 uno de los iconos mundiales del periodismo, el italiano Indro Montanelli pusiese en solfa sorpasso, referido a la posibilidad, más que probable a priori, que los llamados eurocomunistas del PCI con su carismático líder Enrico Berlinguer a la cabeza, fueran capaces de ganar en las elecciones italianas derrotando por primera vez desde el fin de la guerra, a la siempre triunfante Democracia Cristiana. Aunque no ganó, el incremento brutal del electorado del PCI, auguraba que algo estaba cambiando en el país mediterráneo como ocurriría años más tarde en 1984, cuando por primera vez ganaron las elecciones al Parlamento Europeo con más de 12 millones de votos.

El artículo con el que Montanelli definía el sorpasso, se titulaba, “Tápate la nariz pero vota DC”, en clara alusión a lo putrefacto que era lo que rodeaba al partido democristiano encabezado por el oscuro Giulio Andreotti, cuyas ramificaciones con el entorno de la mafia acabaron con el personaje más siniestro de la política italiana. Pero en el fondo latía el temor a que el PCI ganase las elecciones, lo cual para el insigne periodista, era más que peligroso. Rechazó la propuesta de ser nombrado senador vitalicio de la República de Italia por ser fiel a sus principios como periodista independiente. Montanelli, en los últimos años de su vida, fue tremendamente crítico con Forza Italia cuyo líder era Silvio Berlusconi su ex editor. A pocos días de las elecciones políticas de mayo de 2001, considerando a Berlusconi cerca de la victoria electoral, lo comparó con una enfermedad y dijo que Italia estaría curada, como ocurre con la acción de una vacuna tras su paso por el poder.

Hace muy pocos días hemos visto repetido dicho titular de Indro Montanelli, en boca de un político que ha sido todo en la historia del socialismo y el sindicalismo. Nicolás Redondo, nos dejaba un “Voy a votar al PSOE con la nariz tapada” en una reciente entrevista donde el veterano sindicalista (porque de eso nadie se jubila) reflexionaba sobre la política actual. Era aquel que cuando le echaron del astillero La Naval por faltar más de tres días al trabajo, fue defendido por un joven abogado laboralista llamado Felipe González. Nicolás era en la clandestinidad el principal dirigente de UGT y el responsable de la secretaría política del PSOE y aupó como nuevo líder socialista en el famoso congreso de Suresnes, a aquel abogado que le defendió, pues según sus propias palabras “Felipe fascinaba a la gente”.

Nicolás Redondo jamás se movió un centímetro de su ideología y mucho menos de sus planteamientos como sindicalista que se enfrentó al gobierno de Felipe González con Boyer y Solchaga al frente de economía e industria, que tuvieron que abordar duras reformas para reconvertir un país con una obsoleta industria pesada, en un país moderno y de servicios. Nunca aceptó como quería Felipe, que el sindicato secundase la política que desde la Moncloa se dictaba y tras varios desencuentros, la ruptura entre ambos fue inevitable.

Sorprende de la entrevista a Redondo como, al contrario del discurso defendido por la vieja guardia socialista, ve con gran naturalidad el hecho de la irrupción de Podemos como respuesta al desencanto de los ciudadanos con los partidos tradicionales que han defraudado en la defensa de intereses sensibles como el empleo, los desahucios, la desigualdad y la incesante lista de políticos corruptos que están minando la confianza de los electores. Votar con la nariz tapada, es todo un símbolo y si lo hace Nicolás Redondo, un claro síntoma de que algo no funciona en el partido de Pablo Iglesias, aquel que lo fundó un dos de mayo de 1879.

Ahora el sorpasso la prensa española lo interpreta como el adelantamiento por la izquierda de la recién unida coalición de Podemos e Izquierda Unida cuyo acuerdo fue hecho público difundiendo el mismo como si fuese un programa de televisión de izquierdistas por el mundo, escenificando el encuentro de dos amigos que se funden en un abrazo, como la típica escena de los dos amantes corriendo por la playa uno a la encuentro del otro, pero cambiando el mar de fondo por la sede de la Comunidad de Madrid, con Cristina Cifuentes emocionada mirando desde el balcón de la Real Casa de Correos en la Puerta del Sol. La siguiente escena fue otro clásico televisivo con aquello de “con quien te falta tomarte una Mahou” con Alberto Garzón y Pablo Iglesias compartiendo unos tercios para celebrar el acuerdo.

Pero el sorpasso de verdad es adelantar al Partido Popular y ciertamente es lo que defienden Iglesias y Garzón. Este término se utilizo para definir un brusco cambio con la entrada de la izquierda en Italia (PCI), arrollando a los democristianos, siendo su equivalente hacerlo aquí con los de Génova, pero eso está aun mas lejos de lo que parece, al menos de momento. En todo este nuevo escenario, se perciben los miedos y las inquietudes de algunos, más que las certezas de otros. Albert Rivera desempolva que el cambio empieza con la entrada de los comunistas en la coalición de izquierdas. Estoy seguro que le preguntan al bello Albert quien es José Luis Centella y se queda como Rajoy ante Carlos Alsina. Saco dicho nombre a colación, pues Centella es el actual Secretario General del PCE, al que nadie identifica, un partido comunista diluido bajo las siglas de IU.

La campaña ha comenzado este pasado fin de semana y no parece que depare grandes emociones. Lo único que cambiará el fondo de la misma, serán los electores que sabiendo que nadie tendrá una mayoría absoluta por primera vez le preguntaran a los candidatos: “¿y tú con quien vas a pactar? No sea que mi voto luego vaya a parar a quien no quiero”. Ese es el nuevo escenario donde hay mucho actor secundario y me temo, que poco público. La abstención, será clave.

Acerca de José Joaquín Flechoso

Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.
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