Seguridad y defensa

En estos días, marcados casi simultáneamente por un nuevo atentado terrorista en Manchester, la muerte de decenas de refugiados en el Mediterráneo y por la cumbre de la OTAN en Bruselas, vuelven a surgir con fuerza ambos conceptos, ligados a la incertidumbre de unas sociedades occidentales que no parecen encontrar horizonte de futuro al que asirse, cada vez más desorientadas y confusas. Un pequeño ensayo del sociólogo Juan Manuel Agulles titulado “La vida administrada. Sobre el naufragio social”, resulta muy esclarecedor al comparar el rumbo social con el de la nave “Pequod” tras la legendaria ballena blanca “Moby Dick”.

También, al mismo tiempo, en foros especializados y de inteligencia militar vemos actos con nombres como “La OTAN en el período Trump. ¿Un mayor compromiso Europeo? (CESEDEN) o “La política exterior y de seguridad de los EEUU en el último decenio: continuidad o cambio con Donald Trump” (Instituto Universitario Gutiérrez Mellado). Como puede colegirse, los temas de seguridad y defensa de los europeos, parecen ir ligados a las decisiones o voluntad de nuestros aliados del otro lado del Atlántico que, por otra parte, reclaman a Europa un esfuerzo de gasto que se ha fijado aleatoriamente en el 2% del PIB de cada país (decimos “aleatoriamente” porque nadie parece conocer en detalle los conceptos que, para cada estado miembro de la OTAN, incluiría tal desembolso).

Pero, lo más inquietante, lo que de verdad flota en el ambiente, son las dudas sobre lo que piensa y puede hacer el flamante presidente de EEUU tras opinar en su momento que la OTAN resultaba anacrónica, probablemente pensando en la superación de la “guerra fría” y de la confrontación de los bloques hegemónicos surgidos tras la Segunda Guerra Mundial.

La OTAN es un club para la seguridad y defensa de sus miembros, si bien ésta no queda suficientemente equilibrada por las supuestas amenazas que, cada uno de los socios, percibe en su territorio. Como es lógico, los países bálticos, temen a sus vecinos más próximos (en este caso Rusia) por lo que que reclaman un despliegue de defensa en sus fronteras, sin que, por el contrario, les preocupen las supuestas amenazas y riesgos de sus socios del resto de Europa, donde se han prodigan los atentados (como es el más reciente de Reino Unido, Francia, Alemania o Bélgica). Es como la comunidad de propietarios donde unos pisos, por su ubicación más alta reclaman ascensor, mientras que los más bajos pueden prescindir de él; unos tienen una economía más boyante y otros más precaria. Es decir,cada estado-miembro de la Alianza, por sus circunstancias, pueden estar en situación de riesgo más o menos acentuado. Plantear pues, como única medida la aportación económica del 2% del PIB, no deja de ser arbitrario aunque se considere necesario.

Para empezar, parecería más lógico conocer qué se entiende por “seguridad y defensa” en cada estado y determinar el grado de necesidad de la misma. En este aspecto los centros de inteligencia civil y militar así como los foros especializados, ya vienen señalando en el caso de España el escaso riesgo existente, más allá de cualquier acto impredecible de escaso peso político, por el también escaso número de operaciones ofensivas (que ofenden) en que estamos comprometidos. Tratamos de mantener una cierta serenidad ante las casi inexistentes provocaciones externas y neutralizar los restos del terrorismo interno.

En la nueva etapa americana, Trump parecía inclinarse por algo semejante. Más política interior al servicio de los ciudadanos y, contrariamente a la candidata rival, muchas menos intervenciones externas, actitud avalada no sólo por el alto coste que se dedica a la “seguridad y defensa”, sino por un cierto enfrentamiento con lo que se considera un “establishment” de intereses militares y económicos (algo parecido a lo que, en su día, dijo Eisenhower). Y, naturalmente, tampoco parece muy dispuesto a ser el que más aporte a este club que considera “obsoleto”. Europa entonces se siente atemorizada ante la posibilidad de perder la tutela actual y presiona a sus gobiernos para atender este tema sin más dilación. Hay que poner ese 2% encima de la mesa como un “peaje” obligado para nuestra “seguridad y defensa”.

Lo que no deja de ser chocante es el interés por identificar a Rusia como “enemigo” salvo el imaginario social creado desde hace largos años por EEUU a través de su propaganda y por sus intereses, cuando decimos que Occidente busca salvaguardar sus valores en esa política de “seguridad y defensa”. ¿Acaso Rusia tiene unos muy diferentes a los del resto de europeos? ¿No está en Europa y forma parte de ella? No hay que ir muy lejos (2ª G.M.) cuando se contaba con la URSS como aliado de ingleses y americanos frente a Alemania (cumbre Stalin, Churchill, Truman). También Hussein o Gadafi fueron “aliados” cuando convino (o Arabia Saudí en estos momentos) por muy diferentes “valores” que tengamos.

Si queremos mantener las relaciones de alianzas hemos de ser claros y sinceros (algo que parece estar muy lejos de la política o la diplomacia basadas sólo en desconfianza y recelos). Esa claridad y sinceridad debe ir más allá de la información oficiosa que se nos brinda y bucear más en los “intereses” respectivos de cada país o de cada sociedad. La globalización (con sus ventajas), ha sido también una forma de imposición de “intereses”, al igual que lo son las “guerras programadas” —según el propio Brzezinski o el general Wesley Clark— que no han sido desmentidas.

La “seguridad” comienza cuando no hay intenciones de predominio por parte de nadie y en la confianza que eso produce. La “seguridad” comienza cuando no se crean adrede situaciones de provocación para inducir a la “defensa”. Durante cientos de años las sociedades (que no sus gobiernos) han compartido culturas, creencias, aspiraciones y convivencias, cada uno en la mejor forma posible. Se han producido mestizajes que, lejos del dogmatismo o el fanatismo interesado, se han enriquecido con aportaciones espontáneas de unos y de otros en paz y armonía. Sólo cuando la codicia gobernante se adueña del poder, los pueblos han sido arrastrados a la “gloria” de la conquista, de la colonización y de la imposición a los demás.

Por eso, según aportan los estudios más recientes, cada vez más ciudadanos ven con recelo cualquier plan de “seguridad y defensa”, por mucha manipulación que se haga de la opinión pública. Entre dedicar sus recursos al mantenimiento de unas estructuras de poder militar y dedicarlos a mejorar la calidad de sus vidas, van a apostar siempre por lo segundo. Incluso con una avalancha de provocaciones que buscan el chantaje de los sentimientos humanos a través de todos los medios.

Lo que ocurra a partir de ahora con las decisiones de EEUU está aún por ver. El nuevo presidente tiene un compromiso con sus ciudadanos que parecía ajeno a los intereses de su rival y por eso ganó. Pero EEUU no es Europa y nuestro continente lleva demasiado tiempo mirándose en el ombligo USA , sin haber podido todavía dar a conocer sus propias ideas (las de los europeos) sobre estos temas. Las sociedades quieren convivir con seguridad, pero no a costa de riesgos innecesarios o de su propia libertad. Ya va siendo hora de que afrontemos como adultos la cuestión.

Acerca de Juan Laguna

Colaborador de Fundación Emprendedores.

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2 Respuestas a Seguridad y defensa

  1. O'farrill dijo:

    Creo que ha habido un error con el nombre del asesor de Seguridad Nacional de EE.UU. El apellido correcto es BRZEZINSKI. Un saludo.

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