Porteadoras, ratas, mulas en la imprecisa frontera de Ceuta y Melilla

Porteadoras, ratas, mulas en la imprecisa frontera

Esa frontera de Ceuta y Melilla, además de servir de trampolín para embarcarse hacia el continente europeo, está propiciando el trasiego de mercancías por valores anuales que sobrepasan los 500 millones de euros anuales, en un 90% sobre las espaldas de mujeres marroquíes a las que la ley marroquí y española ignora absolutamente, pero maltrata, según testimonios de organizaciones de derechos humanos, como ratas, como mulas de carga.

La prensa española se ha hecho eco de esta realidad al denunciar la muerte de dos mujeres marroquíes aplastadas por una avalancha de porteadoras, a más de otras mujeres heridas gravemente en el mismo incidente.

Tanto Ceuta como Melilla ofrecen a la actividad humana una frontera aleatoria, flexible, imprecisa, nebulosa o abrasadora de calor africano, cambiante según la hora del día y el día de la semana,

La ley marroquí tolera el trasiego de mercancías de un lado al otro de esa frontera de quita y pon mientras esas mercancías sean porteadas a espaldas de personas humanas, como bolsos de mano. Pero los bolsos de mano son desde hace años y años fardos de 50 y hasta 90 kilos de peso que aplastan a miles de mujeres y en menor proporción de hombres. Los imformativos españoles y las organizaciones humanitarias aventuras cifras diarias de porteadores o travesías de la frontera en el orden de cuatro o cinco mil en Melilla, y hasta veinte mil en el paso ceutí de El Tarajal.

La frontera española se abre a los marroquíes a las 7:30 de la mañana y en una hora similar en Melilla, y Marruecos cierra el paso desde Ceuta hasta el territorio alauita a las 13:00 horas.

En esa franja horaria reducida, las mujeres marroquíes se afanan en coger los fardos más interesantes a primera hora e intentan hacer más de un viaje. Porque cada viaje y cada fardo les supone un ingreso medio de 20 euros, y la posibilidad de ingresar en un día favorable hasta 90 euros.

Y ese es el único trabajo seguro que les ofrece la comarca de Melilla y la de Ceuta a la población de Nador y otras localidades vecinas a Melilla, o a la zona de Tetuán al sur de Ceuta. Porque el norte de Marruecos carece de industria, y vive de un medio rural no muy productivo.

No hay en el recorrido de los porteadores ni agua potable para refrescarse, ni servicios sanitarios, las porteadoras y porteadores trabajan sin ninguna protección de seguridad social ni sanitaria, pasan horas y horas de espera, bajo un sol de justicia, siempre controlados, vigilados o maltratados por las fuerzas del orden de ambos lados de la frontera. Una frontera imprecisa, flexible, nebulosa, imprevisible, cambiante, donde el trabajo humano funciona con fórmulas que los expertos vacilan en calificar de ilegal, o alegal. Tanto como traducirlo por esos términos crueles que definen a las personas como ratas o mulas de carga…

El peso excesivo de los fardos, el afán de ganar el máximo de dinero, les empuja a arriesgarse en torceduras de tobillos y de piernas, en torturas de espalda y de cintura.

Sabíamos de unos africanos que murieron ahogados al intentar escapar de la policía a nado, entre un diluvio de pelotas de goma. Lo ocurrido el 15 de enero nos ha acercado ese otro riesgo menos conocido y que se produce casi a diario en los pasos de El Tarajal de Ceuta o en una explanada de 13.500 metros a las puertas de Melilla.

Un régimen que muchos califican de esclavitud que mueve al año por encima de los 400 millones de euros.

Acerca de Serralaitz

Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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