Petrodólares contra Primaveras

Petrodólares contra Primaveras

Los Cuentos de las Mil y una noches de otros tiempos se han vuelto Tragedias de Bagdad, Atocha, Torres gemelas de New York o Matanza de niños de Manchester, han pasado por la Sala Bataclán y Niza, Bruselas, Berlín, y han derramado por toda la geografía europea riadas de refugiados que huyen de Siria o Libia intentando sobrevivir a la barbarie. Abraham intenta asesinar en sacrificio a su hijo Isaac, arroja al desierto a su esclava Agar y su hijo Ismael al desierto…

Estos mismos días, Trump compromete con los mandamases de Arabia Saudí 110.000 millones de dólares en armamento, que serán utilizados en el Yemen del Sur, en las guerras del Oriente Medio.

No hace muchos años, Túnez, Egipto, la misma Siria, vivían una experiencia esperanzadora que se dió en llamar las primaveras árabes, una primera floración de brotes verdes, yemas y flores que apuntaban los primeros intentos de democracias en los países árabes.

¿Será quizá esta tragedia de las Mil y una tragedias la respuesta de las dictaduras y el imperio del dinero, de los petrodólares, del capitalismo financiero y del neoliberalismo más salvaje, que se ha propuesto ahogar en sangre esas primaveras, esos primeros brotes de democracia?

Porque en el otro hemisferio de las Indias occidentales, en la América trastero y despensa de Norteamérica, Washington ha utilizado métodos diferentes pero con los mismos objetivos que en el Oriente Medio. Lo de Bagdad son sangre, guerras intestinas, pateras que naufragan en el Mediterráneo, en América golpes como el de Pinochet, o Videla, o Temer, o… o tráfico de drogas.

Aquí, los diferentes nombres de dios, las viejas Cruzadas y diásporas entre las tres religiones del Libro, o sea de la Biblia, se han servido en pretexto o justificante inventado del culto a masacres, exilios de cientos de miles de ciudadanos, y se intenta por todos los medios solucionar los conflictos mediante la violencia.

Al diálogo, la concertación, la búsqueda de la paz, ha sustituido la escalada de las armas y las hambrunas. Callaron las palabras, quedó arrinconada la ONU, proliferó la dinamita, llovieron fuego los cielos sobre las ciudades, se encumbró el suicidio “por la causa” como billete de entrada para el cielo y los serrallos de vírgenes de ultratumba.

¿Volveremos algún día de la Reconquista a la hermandad de Córdoba la sultana con el califato de Bagdad, a una Estambul ciudad abierta, a compartir los unos y los otros Santa Sofía de Constantinopla y la Mezquita de Córdoba?

¿Volverán las primaveras árabes a las plazas de Túnez, Bagdad, New York, El Cairo, Gaza, Jerusalén? ¿Se encontrarán en un abrazo sin fin Isaac con Ismael y Sara con Agar?
¿Volverán a beber de la misma bota de vino el morisco Ricote y su convecino de otros tiempos Sancho Panza, bajo la mirada sonriente del Caballero Don Quijote de la Mancha?

De momento, estamos en lo de “si quieres la paz, prepara la guerra”, mejor dicho en lo de “si quieres la paz, arrecia con la guerra”. Más batallas de Lepanto, más Cruzadas…
Quizá algún día tendremos que cambiar a lo de “hablando se entiende la gente”.

Acerca de Serralaitz

Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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