Patxi Lopez El Costurero Fiel

Patxi López, el costurero fiel

Los candidatos a liderar el PSOE (I)

Recordamos aquella novela titulada El Jardinero Fiel, escrita por uno de los mejores narradores del siglo XX John Le Carré, donde se describe la conmovedora historia de un hombre ennoblecido por la tragedia del asesinato de su esposa, una incansable activista que investigaba el uso del Dypraxa, un medicamento contra la tuberculosis que se estaba probando cual conejillo de indias sobre la población de Kenia, poniendo en riesgos sus vidas. La templanza y la determinación del protagonista, nos sirve para introducir al personaje objeto de análisis.

 “Ahora hay que coser las costuras y recomponer la unidad del partido”

Tras el espectáculo bochornoso producido en el Comité Federal del PSOE el 1 de octubre del pasado año, fecha que queda en los anales de la historia como día de la vergüenza, solo superada por aquel también 1 de octubre, cuando en la sede de Capitanía General de Burgos el general Franco fue investido Jefe del Estado. Aquel día, tras el descabezamiento del entonces secretario general Pedro Sánchez, los miembros del Comité Federal preguntados por la trascendental decisión que acababa haciendo saltar por los aires la tradicional cohesión de los socialistas, todos apuntaban a lo mismo: “ahora hay que coser las costuras y recomponer la unidad del partido”.

Patxi López, vasco amante de su tierra, casado y sin hijos, es una persona sencilla que nunca ha ocultado sus gestos de amor hacia su mujer, Begoña, tanto en actos públicos, como a través de su blog. Aficionados a viajar, desde jóvenes ambos han recorrido buena parte de Europa de forma sencilla y discreta, disfrutando del anonimato que da ir el extranjero. Natural de Portugalete, pueblo obrero de la Margen Izquierda de Bizkaia, acostumbra a mostrar con orgullo sus orígenes: “Mi pertenencia empieza en un pequeño piso de la calle Coscojales y acaba en ninguna parte; y eso no me hace mejor ni peor vasco, eso me hace persona”, le espetó en cierta ocasión López a Ibarretxe, en el Parlamento Vasco, en pleno fragor del debate soberanista.

De familia obrera, su abuelo paterno Emilio, era trabajador de la más importante industria de aquellos años, los Altos Hornos de Vizcaya, mientras su mujer, Matilde, cocinaba en las casas de los ricos al otro lado, en la Margen Derecha del Nervión. El abuelo materno Antonio, fue jefe de máquinas de un mercante que hacía la línea del Río de la Plata en los años cuarenta y cincuenta. Es hijo del histórico “Lalo” Eduardo López Albizu, uno de los dirigentes históricos del PSOE durante los años de la clandestinidad y la Transición. Por su casa, a la vuelta del destierro de Lalo a tierras de Almería motivado por cuestiones políticas propias de la dictadura, pasaron todos los grandes nombres del PSOE, Ramón Rubial, Manuel Chaves, Felipe González, Joaquín Almunia o Nicolás Redondo. Era la histórica conexión vasco-andaluza del PSOE, que sufre sus momentos más críticos en la actualidad. Largas tertulias sobre el futuro, la democracia y el sindicalismo, allí en el Casco Viejo de Portugalete. En aquellas tertulias, Patxi no era el protagonista, sino un alumno ávido de aprender de sus maestros socialistas a los que admiraba.

Era la época en la que la Guardia Civil registraba la vivienda para buscar documentación del por aquel entonces ilegal PSOE, unos papeles que Lalo y Begoña ocultaban en la cama de su hijo que se hacía el dormido, curiosamente el mismo que acabaría siendo presidente del Gobierno vasco, ante el cual se cuadrarían precisamente, los números de la Benemérita. Pero hasta llegar a la lehendakaritza hay un largo camino donde Patxi demuestra sus dotes de hombre de consenso, a la vez que de firmes creencias políticas de izquierdas como buen socialista.

En una situación de graves enfrentamientos internos del Partido Socialista de Euskadi (PSE) la agrupación de Vizcaya vivía una autentica sangría. De un lado, la mayoría del partido, del otro, el contradictorio Ricardo García Damborenea, a quien acabó por sustituir Nicolás Redondo Terreros, hijo del histórico dirigente de UGT. Con poco más de 30 años Patxi empieza a subir escalafones y se convierte en parlamentario vasco en 1991. Hombre de pocas pero rotundas palabras, de escaso tono mitinero, pero capaz de transmitir mensajes claros y contundentes cargados de razón.

Con apenas 35 años pasa a dirigir el partido en Vizcaya. Los históricos no lo quieren ni ver, si sale elegido es por el empeño de Nicolás Redondo Terreros. Meses después, López le devuelve el favor. Los socialistas impulsan un proceso de primarias en Euskadi, con Redondo versus Rosa Díez para ver cuál de los dos se convierte en candidato a lehendakari. El respaldo de Vizcaya, con el aparato bajo control de López, resulta fundamental y da el triunfo a Redondo. El año 2000 es clave y en julio, el PSOE celebra su congreso federal con cuatro candidaturas: José Bono, Rosa Díez, Matilde Fernández y un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero. López y sus afines apuestan por éste último, Redondo por Bono, Javier Rojo por Díez. Zapatero gana a Bono por nueve votos. López y su equipo salen reforzados, mientras Redondo comienza a perder fuelle.

En plena ofensiva terrorista, PP y PSE acercan posturas. Mayor Oreja y Redondo se sacan la histórica fotografía del Kursaal, pero la alianza constitucionalista crea malestar y Patxi López, Eguiguren o Rodolfo Ares comienzan a marcar distancias con Redondo. Surgen las discrepancias a nivel estatal y se provoca un distanciamiento entre Zapatero y López que tenía como principal aliado a Eguiguren, que en Madrid era tachado de filonacionalista siendo generosos con el calificativo y quien ya había mantenido sus serios enfrentamientos con el secretario general del PSOE. Patxi ya es líder del PSE, pero Zapatero le insiste en que no coloque de presidente a Eguiguren, algo que éste rechaza. Con tantas tensiones, el PSE presenta graves discrepancias internas y López vuelve a poner en marcha la estrategia que le permitió dominar Vizcaya, se rodea de un núcleo de confianza, confecciona una ejecutiva a su medida y es capaz de integrar a los críticos. Por primera vez en muchos años, el partido está cosido y bien unido y ahora de verdad comienza el verdadero camino hacia Ajuria Enea, si bien la sintonía con Ferraz presenta ciertas grietas.

Tras las elecciones autonómicas de 2005, Zapatero y José Blanco insisten para que el PSE deje a Juan Mari Atutxa ser reelegido presidente del Parlamento vasco (me recuerda a algo… ¿no?) como gesto de buena voluntad hacia el PNV de Josu Jon Imaz. López se niega y al final se sale con la suya. Otra muestra posterior de su gran habilidad política se produce cuando se retoma el proceso de paz con la banda terrorista ETA. Las negociaciones fracasan y ZP se da cuenta que los únicos que pueden reconducir la situación son los del PSE con Patxi a la cabeza, pues nadie mejor que la gente de Euskadi para atender el dialogo con aquellos que han tenido secuestrado a su propio pueblo. López se convierte en un eslabón imprescindible de la cadena negociadora, que conducirá al final de la violencia etarra.

“Fui nombrado Secretario General dos días después de que ETA asesinase a Juan Priede. Hoy los concejales socialistas pueden pasear por su pueblo sin escolta. Sólo por eso, merece la pena haber liderado este Partido”. Con esta frase resumió Patxi López su etapa al frente del PSE, el día que anunció que dejaba la secretaria general, el 27 de mayo de 2014. Pero Patxi tiene un cosa a su favor, a lo largo de toda su vida sus adversarios le han minusvalorado, incluso dentro del partido muchos le veían sólo como el hijo de Lalo, pero si alguien puede encarnar ese personaje de “costurero fiel” tan necesario en estos momentos críticos por los que atraviesa el PSOE, que repase la biografía política de este hombre del tono grave, pausado y de gesto amable.

Acerca de José Joaquín Flechoso

Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.
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