Ni contigo ni sin ti

Males con escaso remedio

Hace ya tiempo que sentía curiosidad por ver como se iban a desarrollar los acontecimientos “sucesorios” del PP valenciano, más que nada porque resulta un tanto lamentable ver a los personajes involucrados en la vida política de esta Comunidad, que fue puntera en todos los aspectos y últimamente lleva una larga temporada o dormida en los laureles o sumida en un mar de confusiones. Más me acerco a pensar que estoy en lo cierto sobre esta última consideración y la verdad es que, aunque hace tiempo que no me había detenido a husmear en los avatares de las etapas anteriores, mis sospechas confirman que los conflictos persisten, aún a pesar de los pesares.

Se fue Zaplana, se fue Camps, se fue Fabra, y lamentablemente se fue Rita, con lo cual ahora solo cabe poner en el cartel “después de esto el diluvio”. Lejos de centrarse y entrar por el camino de la sensatez, a nadie se le ha ocurrido detenerse a pensar que será mucho más rentable adoptar una postura que ofrezca estabilidad y una imagen digna y certera, en vez de estar en danza y a la greña continua. Más valiera que el personal aspirante a la sustitución y los que tienen algún cargo orgánico en la formación hubieran entrado en el camino de la razón y del entendimiento. Pero no señor. Aquí se pasan los días y los meses reunidos en conciliábulos extraños barajando nombres de personajes y personajillos como posibles sustitutos, para bien o para mal.

Hace pocos días leía un artículo sobre los posibles candidatos o aspirantes a ocupar el encabezamiento de las candidaturas principales en los próximos comicios de 2019, me refiero a la Generalitat y Ayuntamiento del Cap y Casal. Parecía que los órganos de decisión de los populares habían descubierto la pólvora al haber encontrado entre algunos husmeadores, trepas o aspirantes independientes, adornados con diferentes detalles en su currículo, sobre todo de buenos gestores y unos cuantos apelativos más que no me atrevo a citar. Por supuesto que todos ellos están fuera del elenco que forman los afiliados, militantes y conocidos simpatizantes votantes del Partido Popular y creyendo encontrar en aquellos el candidato idóneo para alcanzar ambas instituciones. En mi opinión estos llamados “órganos de decisión” están en un error craso y profundo. El mensaje que se transmite con esta actitud al electorado y a las bases con la “adquisición” de estos presuntos aspirantes, es de una profunda inseguridad y debilitamiento de los dirigentes del Partido Popular en la Comunidad Valenciana. Es decir, ni estos militantes con poder de decisión podían llegar a más, ni el PPCV a menos.

Y lo más lamentable es que sí que hay quien puede ejercer ese atractivo que el PPCV necesita en estos momentos. Existe una importante cantera de personas que bien podrían volver a las instituciones y resolver el problema sucesorio. Militantes y afiliados altamente cualificados que han venido trabajando día a día, pero la inseguridad de los dirigentes radica en una absoluta ceguera que no les permite ver la realidad en aras a satisfacer sus ambiciones, poco fiables por cierto y por oscuras razones. Lo más importante es dar credibilidad al electorado perdido y confianza a los valencianos. Su actitud endeble e insegura transmite una gran desconfianza en el Partido Popular, sobre todo en los están dando la cara aún a pesar de encontrarse con algún que otro rechazo.

La búsqueda de un independiente como candidato a la Alcaldía de Valencia me recuerda el dilema en que se encontraba sumido el PP en las elecciones municipales y autonómicas de 1991, teniendo enfrente a la extinta UNION VALENCIANA, una organización de corte nacionalista o regionalista que les pisaba los talones y un gobierno autonómico presidido por el Partido Socialista con una amplia mayoría. El entonces Presidente del Partido José María Aznar se rodeó de un grupo de asesores, como si del oráculo de Delfos se tratara, para hallar una solución al problema de Valencia.

Rita Barberá había concurrido a todas las convocatorias municipales y autonómicas desde 1979, contribuyó a la fundación de ALIANZA POPULAR y trabajó en los despachos del Partido sin tasa ni medida. Aún a pesar de ser Funcionaria del Estado, la política era para ella lo más importante en su vida pero tenía un problema de difícil solución en aquel entonces y es que a Rita no la quería nadie en Génova. La propuesta de su candidatura era rechazada sistemáticamente por todos. Tanto es así, que Aznar envió a Valencia uno de sus Asesores para que de forma un tanto discreta, recabara información sobre la candidata. El emisario regresó a Génova con los deberos hechos, justo tres horas antes de cerrar la lista para llevarla a la junta electoral y minutos antes de que finalizara el plazo de la presentación de candidaturas. Es decir, tuvo que intervenir alguien conocedor de la realidad de la calle (que en definitiva es la que manda) para convencer al Comité Electoral de que la candidatura de Rita era la solución más acertada. No valen injertos de figuras de la sociedad civil en una organización política que, afortunadamente todavía sigue ganando elecciones, para que, como decían hace unos días en un rotativo valenciano se pueda recuperar la capital. Entenderán que huelgan más comentarios.

En conclusión, dado el panorama que se contempla a muy corta distancia y analizando detenidamente el asunto en cuestión, a mi entender será Génova quien finalmente tenga que poner los puntos sobres las íes.

Acerca de María del Olmo

Colaboradora de Fundación Emprendedores.

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