La tragedia se repite como tragedia

La historia se repite: primero como tragedia y luego como farsa. La frase es de Carlos Marx y, para sus devotos que recuerdan y aplauden cuanto dijo con su convicción de profeta, sigue siendo palabra de Dios. Y la verdad es que sus análisis sedujeron pero no acertaron. Sírvanos como primer ejemplo su gran invención del comunismo, ese paraíso terrenal donde cada persona debe rendir para el conjunto todo cuanto su capacidad permita y recibir para sí, del conjunto, sólo cuanto cubra su necesidad. O sea una forma drástica de corregir la fábula de Esopo, pues lo que nos quería decir Marx es que del hambre que pasa la pobre cigarra en el invierno tiene la culpa la hija puta de la hormiga.

Y hablando de marxismo, recordemos que su carga ideológica significó tal lastre para el PSOE de nuestra Transición, que Felipe González con la aquiescencia del jacobino Guerra, abjuró solemnemente del marxismo en su Congreso de 1980. Ambos sabían mucho de aquel “enfant terrible” de Marx que denunciaba la explotación de los débiles, mientras metía en su cama a la criada. Sabían más, incluso, que lo que parecen saber de sus consecuencias, en su versión leninista, los profesores de Ciencias Políticas que diseñaron PODEMOS. Juan Carlos Monedero, verbigracia, tiene escrito sobre Stalin que, pese a sus errores, tiene el mérito de haber sacado de la edad media a una Rusia que, por cierto, ya había abolido, incluso anticipándose a alguna nación europea, la propiedad de los siervos por sus amos. La peripecia de los zares, desde Iván el Terrible es bien conocida, pero fue el “Zar” Stalin quien produjo decenas de millones de muertos por hambre al imponer sus planes quinquenales y desplazar a la fuerza grandes masas humanas de un punto a otro de la inmensa Rusia para llevar a cabo sus planes de colectivización agrícola. Ahora justamente una prueba en Málaga al que invitamos a nuestro brillante profesor: Si se molestara en visitar la colección del Museo Ruso que permanecerá cedida todo este año, podrá ver una manifestación admirable de arte ruso es anterior en buena parte a su glorificada revolución de 1917.

Pero volvamos de nuevo al principio, es decir, a la idea de que la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. También aquí erró por ligero Marx, la historia nos muestra grandes tragedias que se repiten una y otra vez acentuando aún más su carácter trágico cuando analizamos la época en que ocurre. Centremos la atención en el TERRORISMO fundamentalista que, pese a quien pese, es de raíz religiosa. La crueldad del fundamentalismo religioso se pierde en la noche de los tiempos. Ya La Biblia refleja la disposición de Yahvé de ayudar a su pueblo elegido para acabar físicamente con sus enemigos: “Mandaré a mi ángel delante de ti y acabaré con los jeveos y jabuseos…” le dice el Señor a Moisés. También en la toma de Jericó leemos en el Éxodo lo que ordenó Josué: “Y consagraron al exterminio todo lo que había: hombres y mujeres, jóvenes y niños…”. Fue la Roma imperial la única que toleró y asimiló dioses ajenos y los llevó a su Panteón. Sólo cuando los cristianos consideraron abominables a todas las deidades paganas, negando la divinidad del emperador, Roma los reprimió con la crueldad que enseña el nutrido martirologio cristiano.

Y después, los cristianos. Desde que el emperador Constantino soñó “con este signo vencerás” la bandera de la cruz acompaño a las sucesivas cruzadas contra el infiel. Y no sólo contra los mahometanos, pues cuando en el propio seno de la Iglesia Romana surgió la división por el impulso reformista de Lutero, la tragedia se enseñoreó también de la Europa cristiana y millones de personas fueron víctimas de la represión entre católicos y protestantes. “Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos” gritó arengando a sus soldados el sitiador de Béziers donde se habían hecho fuertes los herejes albigenses. La luz en Europa, tras tanta tragedia de sangre derramada, se hizo cuando el triunfo de la enciclopedia y la extensión de la cultura a partir de la imprenta nos llevaron al imperio de la razón. Tuvo que pasar mucho tiempo pero ¡AY!, el tiempo no es el mismo para todos. Para nosotros los europeos, que contamos el tiempo desde Cristo han pasado 2016 años. Para el Islam, que cuenta su tiempo desde Mahoma (año 622) discurre ahora el Siglo XIV, un número que en nuestro calendario cristiano estaba muy lejos de sacarnos de la oscuridad medieval. Fue necesario que se repitieran muchas resistencias; condenas a la hoguera como las de Giordano Bruno, Savonarola, Servet, para que el fundamentalismo cristiano se fuera apagando muy lentamente. ¿Acaso habría sido igual sin el pensamiento de Montaigne, sin la cruda lucidez de Voltaire o Diderot? Desgraciadamente en el mundo musulmán no se atisba todavía fortaleza civil que contrarreste la poderosa impregnación religiosa de algunos de sus gobiernos. Se objeta por los musulmanes pacíficos que los yihadistas son contrarios al dictado de Mahoma, mas sin algunas de las versiones coránicas alentadas desde muchas mezquitas, el terrorismo sanguinario de unos suicidas que se creen combatientes de una Guerra Santa, seguirá siendo una pesadilla para esta Europa que sólo es capaz de oponer eterna paciencia, desde el dolor que sufrirán aquellos a quien toque caer en esta dramática tragedia que se repite.

Acerca de Abel Cádiz

ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores. En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.
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Una Respuesta a La tragedia se repite como tragedia

  1. O'farrill dijo:

    Estimado Abel: ya en este mismo blog hay un artículo “La religión como excusa” que viene a coincidir a grandes rasgos con lo que tú, muy acertadamente, nos recuerdas. Cuando no se deja sitio para los “diferentes” y el exterminio de los supuestos infieles es el camino que históricamente todos hemos seguido, estamos agrediendo la sagrada libertad de los demás. El atentado de Bruselas, como el de París u otros lugares de nuestro mundo occidental, no es menos brutal de los que diariamente se dan en los propios territorios musulmanes y de los que, los medios de comunicación, parecen no enterarse. Pero, en mi opinión, la religión sigue siendo la excusa de otros intereses que no nos atrevemos a vislumbrar. Un saludo.

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