Justicia por favor

Justicia por favor

Tengo que reconocer que no entiendo nada de balompié. Absolutamente nada. Contrariamente a lo que pasa con cualquiera, nunca jugué ni tuve la ocasión de practicar este popular deporte. Ni si quiera en mi infancia o juventud, como casi todos, en la calle, o las plazas del barrio o en el campo. En mi vida he visto un partido completamente; ni en el terreno ni tampoco en la televisión. Dos veces, en dos países diferentes, fui invitado a comer y, sin decirme nada, como si la cosa fuera natural, el anfitrión me lleva al estadio para ver un partido. Huelga decir que a los cinco minutos de empezar el encuentro, estaba ya fuera del estadio, invitado a salir, para no decir echado fuera por el propio anfitrión y otros, seguramente sus amigos. Mi culpa no era más que mi ignorancia que, apenas el árbitro dio el silbido de arranque, empecé yo con mis preguntas que reflejaban mi falta de conocimientos, de saber y de entendimiento de aquel “arte” que se exhibía sobre el verde del terreno. Lo reconozco, en aquel entonces y hasta hoy, después de muchos, muchos años, sigo sin saber nada del reglamento, las normas, las condiciones de aquel deporte; ni siquiera la composición y el orden de los componentes de un equipo. Por supuesto sé que cada equipo tiene once jugadores, entre los cuales conozco y reconozco al portero o guardameta. En cuanto al resto, condiciones, jugadas, errores y faltas, éxitos y maravillas en el juego, que me registren; mentira; sé dos jugadas y sus dos términos: córner o saque de esquina y penalti.

Pues justo sobre este último término quería dar mi humilde opinión. Como se sabe, la palabra penalti con otra ortografía, viene del idioma inglés; nadie de los aficionados al deporte más popular, y por supuesto los deportistas mismos, ignora su significado que es, ni más ni menos, que castigo. Si no entiendo mal, se castiga a once personas con el sufrimiento de una de ellas. Esto nunca entró en mi cabeza que perdió ya casi todo su pelo; y a pesar del refrán alemán que dice: los calvos pretenden ser más inteligentes, mi limitada inteligencia no llegó nunca a entender la aplicación o ejecución o imposición de este castigo, esta sentencia de aquella manera. Encontraba y encuentro el hecho incomprensible, inadmisible, ilógico y una ofensa al buen sentido común y a la justicia.

Hace menos de dos semanas, hubo un encuentro puramente español, jugado en tierra italiana, en Milán precisamente, evento seguido, directa e indirectamente por el mundo entero —sin exageración— y comentado por todas y todos, aficionados y críticos especialistas. Por coincidencias y obligaciones profesionales no pude estar fuera del importante e histórico evento, de manera que escuché, vi y leí todo o casi todo lo que se comentó sobre el encuentro. Los especialistas titulados de todos los países europeos, estaban de acuerdo en considerar el partido maravilloso, fuera de lo normal, técnica y deportivamente; todos los jugadores, de ambos equipos, según los conocedores, han dado un ejemplo de sacrificio, entrega, esfuerzo, disciplina y deportividad para conseguir la victoria. Esta era la razón del empate hasta el último momento prórrogas incluidas.

Lamentablemente llegó el castigo, el penalti para coronar el evento. En mi manera de ver, era una corona de hierro inflamado que no hizo más que quemar la gloria, el entusiasmo, las ilusiones, el esfuerzo y el sacrificio de muchos. Dos horas o más de lucha deportiva, sana, sincera e ilusionada termina con la casualidad, la suerte, los reflejos de dos personas. No creo que los que consiguieron el título se consideren, en su propio interior, vencedores ni sus rivales vencidos. No hubo ni vencedor ni vencido y creo que los responsables de este mundialmente popular juego es decir deporte, deben de poner término a esta injusticia y encuentren otro sistema, más ecuánime, como por ejemplo, otorgar el premio a ambas partes, como se hace en los premios Nobel, Cervantes y otros; o declarar el campeonato o la copa desierta por el año en cuestión, o cualquier solución justa ética, deportiva y lógicamente, solución que respeta a su propio valor el esfuerzo y el entusiasmo ofrecidos en honor del deporte, del equipo y del país. ¿Será esto mucho pedir? No lo creo.

Acerca de Mohamed N. Abdelkefi

Periodista y escritor.
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