Marta Rovira (ERC) y Puigdemont (JxCAT) en Bruselas

¿Habemus President en Cataluña?

Vuelve Cataluña a la primera línea. Parecía que las Navidades, la nieve y los atascos, el fútbol del ministro de Interior Zoido Álvarez, la circulación por su pasillo, rozando paredes, del DGT Gregorio Serrano, entre la cocina y su sofá; el paro, el impuesto a la banca de Pedro Sánchez para pagar las pensiones, la chulería de Rato y el abandono de Artur Mas estaban tapando a Cataluña, pero no. Una cena basta para devolver el Procès a la primera línea de la actualidad. Y todavía no han aparecido las sentencias judiciales de tantos casos de corrupción, empezando por el caso Palau. ¡Vaya primavera nos espera! En este principio de semana estaban Rato y Mas haciendo méritos para llevarse las portadas y ¡zas!, una cena se las roba. La cena del acuerdo.

Cenan en Bruselas Marta Rovira (ERC) y Puigdemont (JxCAT) y toman la iniciativa. Acuerdo. Se constituirá la Cámara Catalana. Con mayoría independentista. Y la presidirá ERC. Ciudadanos nada. De comparsas. Ganar para esto… Y los ‘Comunes’ fuera. Demasiadas exigencias sin tener nada. ¿Los más contentos? La CUP. Seguirán siendo necesarios. Y Puigdemont. Quiere ser President. ¿Seguro? Seguro. Aunque sea desde las Antípodas, digo desde Bruselas. Todos los días se aprende algo nuevo. Gobernar un país desde otro. Igual que Gregorio Serrano, DGT, que dirige el tráfico de Segovia desde su cocina de Sevilla. Mientras haya Internet… ¿Y qué piensa el ciudadano? Ya no piensa. Se le han roto los esquemas con tanto Internet y esta locura de política.

¿Hay investidura delegada? ¿Puede haberla? El apartado 1 del artículo 83 no lo impide. Como no impide que vaya con bufanda y en bañador. ¿Entonces? Entonces se aplica el artículo 146 que dice “que el candidato presenta, sin limitación de tiempo, el programa de gobierno y solicita la confianza del Pleno”. Exige su presencia. Que se le vea. Que no solo se le oiga porque habla desde Pekín o desde Bruselas, como es el caso. Pero claro, ya sabemos cómo se las gastan en la mesa del Parlament. El teatro que pueden montar y los cambios que hacen según le interesa a la mesa o su presidente-a. Que pregunten a Forcadell. Terminaríamos fatal porque el Tribunal Constitucional anularía la investidura. Vuelta a empezar. No será esto lo que quiere Puigdemont. O sí. Su mente no es de fiar.

Si en la cena ha habido acuerdo, que sea sensato y legal. Es lo deseable. ¿Y si no lo es? Porque Artur Mas se aparta, repite el “paso al lado” y abandona la presidencia de PdeCat. Mundó renuncia a su acta de diputado y deja la política. Muchas deserciones. Preocupantes deserciones. Puede que no quieran complicarse más la existencia. Puede que olfateen o sepan lo que trama el nuevo Govern y el repetido President. Peligro. Será peor que lo pasado. Porque la vez anterior que Mas se apartó ya vimos cómo terminó la jugada. Colocó a Puigdemont para que luego lo traicionase. Ahora se ha ido disparando con bala a Puigdemont visto que ya nadie le hace caso. Y que la sentencia del caso Palau está a punto de leerse. Pero avisa a Puigdemont de que no lo ve como líder del proyecto del post-Procès.

Que Mas no quiere a Puigdemont queda claro. Ni una palabra de apoyo en su adiós. Que a Mas no lo quiere nadie también queda claro. Ni una lágrima en su adiós. Que Puigdemont llegó para un rato y ahora no hay quien lo eche también queda claro. Lo que no está claro es el futuro del Govern, de Cataluña y de sus ciudadanos. El futuro interesa porque, como dijo Woody Allen, “es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Toca esperar al nuevo President y ver qué hace. Hoy todo es presente. Ya San Agustín advirtió que “el pasado ya no es y el futuro no es todavía”. Pensaba, sin duda alguna, en Puigdemont.

Acerca de Eladio del Prado

Tras pasar por PRISA y Tiempo, fue fundador del diario económico NEGOCIO, donde ejerció como director adjunto y jefe de opinión hasta su cierre. Ahora es corresponsal de 'Crónica Global' en Madrid".
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