Experanza

Esperanza no se hacía la rubia

Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, la sexagenaria Condesa Consorte de Bornos y de Murillo, titulo que ostentó hasta la renuncia de su marido en 2013, es lo que podíamos llamar una aristopolítica (mezcla de aristócrata y política) española, que con tantas dimisiones como ha realizado en los últimos años, creo que sería más correcto llamarla en adelante Experanza. Esta mujer diva del populismo más rancio y trasnochado de nuestra cultura patria, es la misma que hemos visto siendo capaz de disfrazarse de manola o chulapa, aunque mejor nos quedamos con lo segundo, pues para calvario suyo, la alcaldesa de Madrid se llama Manola (para los amigos) Carmena, pero mejor no invocar a quien ocupa el despacho que ella presumía como suyo desde mayo de 2015, cuando dijo que se presentaba a la alcaldía “para que Podemos no ganase”.

Esta mujer de trayectoria política dilatada donde año tras año ha venido ocupando cargos políticos, afortunadamente acudiendo a su trabajo en coches oficiales, pues cada vez que coge el suyo particular, se ve afectada por el síndrome del cajero automático que le obliga a aparcar en cualquier carril bus que pille a mano, Gran Vía incluida. Ella que incluso ha sido distinguida con el título de doctor honoris causa en soberbia por la Universidad de Génova, parece que ha dejado la política o más bien, la política, la ha dejado a ella, para alegría de muchos y sin duda de los marianistas del PP.

Experanza que presume de honrada y responsable de sus actos según manifiesta reiteradas veces, también debe asumir con la misma responsabilidad la desvergüenza con la que alcanzó la presidencia de la Comunidad de Madrid. Me refiero al conocido Tamayazo, la madre de todas las corrupciones políticas, que se cerró con la compra de dos diputados que iban en las listas del PSOE. Presumiblemente, Rafael Simancas, cabeza de lista del PSOE, estaba llamado a ser investido presidente con el apoyo de Izquierda Unida en aquellos tiempos en los que la izquierda española hacia pactos y se entendía sin problemas para facilitar gobiernos de cambio en todo tipo de administraciones públicas. Eduardo Tamayo de quien toma nombre la operación de soborno y María Teresa Sáez, extrañamente no comparecieron el día de constitución de la Asamblea de Madrid y consecuentemente de la elección del máximo dignatario regional. Ese día fue elegida como presidenta de la Asamblea Concha Dancausa, la misma que hoy es delegada del Gobierno en Madrid y que se estrena como imputada por un turbio asunto de Mercamadrid, penúltimo episodio de la serie de máxima audiencia que se sigue rodando en los estudios de Soto del Real y Estremera, que tiene el mismo título (aunque con distinto guion) de aquella gran película de Luchino Visconti titulada La Caída de los Dioses. A Experanza que es una mujer del pueblo, sabemos que le gusta más la serie “La Que se Avecina”… con Francisco Granados y “Nacho”González de protagonistas y López Viejo de actor de reparto… de comisiones.

Después de Gürtel, la Púnica con su mano izquierda (Granados) entre rejas y ahora la otra mano, la de toda la vida, la derecha, su derecha, su Ignacio González del alma, también está a la sombra. A la acción judicial que investiga las golferías del multimillonario ex presidente de la Comunidad de Madrid, la han denominado Operación Lezo en honor al almirante Blas de Lezo y Olavarrieta el marino cojo, tuerto y manco al que los independentistas catalanes tienen en tanta estima como Gerard Piqué al madridismo, pues lo identifican como uno de los artífices principales del asedio a Barcelona, el 11 de septiembre de 1714 (fecha que homenajea la Diada), durante la Guerra de Sucesión. Yo creo que el nombre del almirante podía ser más adecuado para la trama del clan de los Pujolone (Jordi&hijos) por aquello de tocar un poco la sensibilidad soberanista.

Experanza la dimitida, ya no tiene quien le traiga la botellita de agua, ni los cafés, pues la lideresa estaba acostumbrada al boato y la veneración como Grande de España que es por el linaje aristocrático al que pertenece, y que en el fondo siempre ha formado parte de su idiosincrasia. Ella aunque rubia de bote, jamás ha ejercido como tal, pues al contrario de lo que dice Cristina Cifuentes la coletas, Expe nunca ha hecho de inocente mujercita rubia con el fin de ganar sus batallas, pues la Condesa consorte presumía de ser la Margaret Thatcher de la política española, que para eso habla el inglés de Oxford y no el que balbucea su querido José María Aznar, el hombre que sigue sin pedir perdón por habernos metido en la guerra de Irak.

Experanza en su último acto anunciando su dimisión, ha arremetido contra Ignacio González con un alegato a su engaño y traición, muy distinto a su comportamiento con lágrimas incluidas a su salida de la Audiencia Nacional. Ella no ha sido engañada en ningún momento, pues de la financiación ilegal de sus campañas era plenamente consciente, pues nada en Génova se movía sin que lo conociese la lideresa.

Ella, que el pasado 18 de marzo recibió la ovación de su vida en el transcurso del Congreso del PP de Madrid recibiendo elogios y abrazos por todas partes, ve con indignación como reniegan de ella sus otrora palmeros aguirrianos, aquellos que hoy se sienten aliviados con su última dimisión y lo proclaman a los cuatro vientos en una exposición mediática sin precedentes. Su mentor, José María Aznar también reniega del PP. El distanciamiento de ambos con Rajoy es público y notorio, y no se descarta, que algún ex PP hoy en día militante de VOX les haya hablado en nombre de la formación ultra, diciéndoles que los esperan con los brazos abiertos. Si VOX le parece poco facha, aún le queda ir a Francia y afiliarse al partido de Marine LePen otra rubia que no ejerce como tal al igual que Experanza, también conocida en la intimidad como Lady Di-mito.

Acerca de José Joaquín Flechoso

Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

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