España a subasta

España a subasta

Una, grande y libre, o bien autonómica, federal, asimétrica, o troceada en varias naciones o nacionalidades, con las Fuerzas del Orden y las masas en la calle o ellas acuarteladas y las masas en el curro, políticos y ciudadanos, Piqués futbolistas y Nadales tenistas y Gasol baloncestistas andan por esta Piel de Toro apostando quién se llevará para su disfrute esta Piel de Toro apéndice suroeste de Europa.

Los hay que la querrían con el artículo 155 incorporado, por aquello de que, siendo ellos de origen catalán, dan por seguro que se la llevarán por encima de sus competidores. Los hay que, con las Fuerzas de Orden Público, las Leyes en vigor y la Constitución en sus manos, conseguirán mayoría aplastante entre los subastadores, y además cuentan con Su Majestad a su favor.

Los hay que habrían deseado que Su Majestad promoviese una ronda de diálogos confían en que el diálogo entre Madrid y Cataluña, o la mediación de su líder en Cataluña. Y también los que intentan un acuerdo con las fuerzas y las corrientes ciudadanas federalistas e incluso secesionistas y con una nueva Constitución para alumbrar una fórmula nueva de convivencia y reglas de juego en el conjunto del Estado, al estilo de Quebec o Escocia.

Sea como sea, en el ambiente y entre los “expertos” y politólogos, flota un interrogante clandestino, susurros al oído con la mano tapándose la boca y las palabras: los candidatos a la subasta ¿buscan lo mejor para España, para su economía, para su bienestar, o solo piensan en su ganancia personal? Dicho de otra manera, sueñan en sacrificarse por España, o en sacrificar a España en su propio beneficio?

Los hay también, y no son pocos, los que creen que, si todos los que apuestan en la subasta buscasen lo mejor para España, no habría habido enfrentamientos en las calles de Cataluña, ni escraches a las Fuerzas del Orden Público, ni Referendums prohibidos, ni citaciones en los tribunales, ni llamadas al orden desde la ONU, la UE y la prensa internacional, y si habría habido acuerdos entre todos los apostadores para salir de una vez del atolladero, y sí un final como aquel del refranero: “Al que Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”.

Acerca de Serralaitz

Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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