El Testamento de Franco 40 años después

El moderno “Management” valora como muy positivo, cuando se refiere a los estilos de mando, que el jefe diga a los subordinados lo que tienen que hacer y les deje autonomía para que decidan cómo hacerlo. Lo importante —dice esta pauta directiva— es alcanzar el objetivo propuesto confiando en la propia iniciativa del otro para hacer lo que se pretende.

Fijado el concepto y aprovechando que hemos llegado al 40º Aniversario de la muerte de Franco, examinemos lo acaecido en este periodo histórico en el que se ha producido la mejor etapa de paz en libertad de nuestra historia, acompañada de un desarrollo que nos ha situado al nivel de las grandes naciones. Sin embargo, tal como exige lo políticamente correcto, no cabe hacer la más mínima valoración positiva a la etapa de Franco, considerado glorioso caudillo sin objeciones durante su vida y, después de su muerte, malvado dictador sin paliativos. El único elogio a Franco que circula por las redes, hasta haberse convertido en viral, es el de un chino de Usera que ha puesto el nombre de Franco a su hijo y proclama su encendida admiración por el Caudillo, con su gracioso español de película de Tarzán. Y para añadirle surrealismo, resulta que el chino en cuestión llegó a España hace doce años, regenta un bar propio y declara que su conocimiento e identificación con Franco se debe a lo que sobre él viene escuchando a los parroquianos, durante esos años, en la barra de su negocio del barrio madrileño de Usera.

Tomando esta increíble anécdota, digna del país, del paisaje y del paisanaje (Unamuno), volvamos sobre el párrafo inicial y para ello, recordemos lo esencial del Testamento de Franco del que extraemos lo esencial de su recomendación a los destinatarios que lo encabezaba: ESPAÑOLES: “Os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria”

Recuerdo ahora una columna periodística del gran Arcadi en la que, a propósito de algunas afirmaciones de los entusiastas de la memoria histórica, en tiempos de Zapatero, señalaba que sería conveniente para la izquierda que, aparte de opiniones subjetivas, recordaran ciertos hechos objetivos. A saber: que Franco murió en la cama, designó sucesor y su sucesor reinaba.

Tampoco estaría mal, confiando nosotros en que las personas sensatas suelen ponerse de acuerdo ante esos hechos, que se pudiera debatir sin tensiones emocionales lo que ha significado el periodo de Franco para haber alcanzado el presente que nos ha deparado la transición tras su muerte, pues nadie debería ignorar el hecho real de que, en estos 40 años, se haya cumplido lo que pedía en su Testamento.

Acerca de Glosas de Diógenes

GLOSAS DE DIÓGENES es la fórmula narrativa de un heterónimo (a la manera de Pessoa) que hace referencia a temas actuales (y a su tratamiento por editoriales y articulistas) con el descaro con que el Diógenes —el filósofo que deambulaba con un farol diciendo “Busco un hombre”— mantuvo en su encuentro con Alejandro: "¿Pídeme lo que quieras?", le ofreció el gran conquistador. El viejo filósofo se limitó a decir: “Solo pido que te apartes, pues me tapas el Sol”. La Historia registra que al retirarse el gran Rey musitó: "Si no fuera Alejandro me gustaría ser Diógenes”.
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