El “proceso” de nunca acabar

Ya me he referido anteriormente a la “tomadura de pelo” que está resultando ser el señor Puigdemont magníficamente instalado en su particular “Barataria” donde recibe visitas y homenajes de quienes lo han elevado a los altares del proceso hacia una república catalana. Todo ello ha sido posible gracias al lamentable error de convocar unas elecciones autonómicas, sin esperar a que las aguas independentistas se calmasen y volviesen a circular por los cauces institucionales que corresponden. Sólo el gobierno del PP (o sus asesores) sabe las “razones” por las que corría prisa volver a las andadas, porque era evidente lo que iba a ocurrir.

Una y otra vez el flamante presidente del parlamento catalán repite la misma escena con idénticos personajes y el mismo decorado, amagando pero no dando, en un intento inútil de “investir” como representante del Estado Español en Cataluña a quienes no reconocen tal estado. Es el juego del “parchís” o de la “oca” donde continuamente se retrocede a la casilla de salida. Es más, su papel institucional neutral, queda empañado con las sombras de parcialidad que su actitud y comportamientos refleja.

Mientras tanto, los contribuyentes siguen pagando la fiesta. Los viajes, los sueldos, las dietas, las comidas y alojamientos de quienes están visitando al “gurú” Puigdemont en Bélgica, donde se celebran extraños rituales (reuniones los llaman ellos) entre el incienso, la veneración y las velas con el consiguiente “lacito” amarillo en la solapa. Otros, mientras tanto, se encuentran recluidos en prisión, sin sueldos, gastos pagados ni excursiones europeas, preguntándose -supongo- si han hecho o están haciendo el papel de “tontos útiles” en el diseño táctico-estratégico ideado por sus compañeros de filas.

El llamado parlamento de Cataluña se ha convertido en un teatro donde los “corifeos” cantan las excelencias de gozar de un buen sueldo, mientras se hace un “paripé” de representación política de quienes se han tragado el engaño del prestidigitador de turno. Hacen bien en no preocuparse de los asuntos públicos o del gobierno de la comunidad autónoma. Para eso ya está el artº 155 donde las responsabilidades de gestión pública se han trasladado a los órganos de la Administración Central. Ninguna responsabilidad y una actividad de reuniones con los colegas para cubrir el horario laboral y justificar el sueldo. No se conoce otra, al menos que trascienda a los ciudadanos.

Y… ¿qué pasa con el dichoso artº 155? ¿Qué tipo de “intervención” concreta se ha realizado en su aplicación más allá de su aspecto administrativo o burocrático? Parece que todavía no se han enterado sus responsables de la fábrica de adoctrinamiento y propaganda que sigue funcionando gracias a los presupuestos públicos. Es más, posiblemente no quieran enterarse de si la “fiesta” en Bélgica se paga por vías directas o indirectas de los mismos. No es tan difícil.

Hace unos días, el Tribunal Constitucional reconocía la competencia educativa que conlleva el uso del catalán en Cataluña en lugar del “castellano” (debería ser “español”) poniendo en evidencia las muchas contradicciones del texto actual de la Constitución de 1978. Lo más grave es que, el Estado a través de su gobierno, parece conformarse con que exista un pequeño porcentaje educativo para la proclamada constitucionalmente lengua oficial en lugar de exigir e implementar al amparo del 155 el “castellano” en Cataluña, sin perjuicio de proteger, difundir y conservar el catalán como patrimonio cultural español.

Muchas sombras se ciernen sobre todos estos despropósitos. Las amenazas del otro tiempo “muy honorable” señor Pujol en el parlamento de Cataluña, escondidas en la metáfora de “las ramas y los pajaritos que peligrarían si se agitan mucho”, todavía están pendientes de que puedan interpretarse y concretarse a quien o quienes iban dirigidas. Todos los que vivimos la Transición conocemos el papel que el ex presidente jugó, su influencia en los niveles más altos del Estado, su gran poder y su extraordinaria capacidad de “negociación” que empezó con la consecución de la competencia educativa antes de que existiera la propia Constitución. Las hemerotecas están llenas de páginas y páginas en que se alababa su talante de “estadista” y su relación directa con la jefatura del estado y con la jefatura de los gobiernos de la época.

El carrusel político continúa dando vueltas y vueltas en procesos judiciales, en declaraciones políticas, en demandas y contrademandas, apoyadas en unas legislaciones de rango similar (al menos así lo creen ellos) entres “estados”: el español y el catalán, sin que se vea horizonte en este cuento de nunca acabar en que se ha convertido la situación en Cataluña. Mantiene abiertas las heridas de las confrontaciones sociales y sigue su paso extendiéndose como una gangrena a otras regiones de España, ante la sensación de inmovilidad de un Parlamento Español y de un Gobierno de España, que han hecho dejación de sus respectivas responsabilidades, para pasarlas a quienes están atados de pies y manos a la hora de aplicar o interpretar las normas.

El “proceso” empezó hace ya años, pero tiene pinta de institucionalizarse en la política española. Al menos mientras se sigan cometiendo errores de difícil solución posterior y se mantenga un miedo irracional a abanderar un verdadero cambio constitucional desde el “soberano”, desde la sociedad, desde los individuos que no están contaminados por todo lo que vamos conociendo en nuestra peculiar democracia.

Con la decisión del magistrado del Tribunal Supremo de enviar a prisión (de nuevo) a algunos de los ex cargos del gobierno de Cataluña y mientras la Sra. Rovira de ERC parece haber seguido el camino de Suiza de la líder de la CUP, se cierra otro episodio más del dichoso “proceso” de nunca acabar. Nuevas (y probablemente también extemporáneas) elecciones se dibujan en el horizonte. Pero nadie habla de quien y cómo se paga toda la fiesta.

Acerca de Juan Laguna

Colaborador de Fundación Emprendedores.
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