Ejemplo británico para Rajoy

Ejemplo británico para Rajoy

En el laberinto en el que está inmersa la política española es evidente que hay dos responsables principales de la parálisis que podría llevar al país a unas terceras elecciones en un año. Uno es Pedro Sánchez, caso realmente patético. El otro es Mariano Rajoy, en el que centraré estas líneas de análisis.

Rajoy ha presidido un mandato de gobierno cuyo balance es positivo. Evitó el rescate del país y ha relanzado la economía de manera espectacular. Pero no supo hacer pedagogía política y sobre todo ha carecido de liderazgo moral. En cualquier país de la elite democrática (Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, los estados nórdicos) Rajoy habría tenido que dimitir por sus responsabilidades in eligendo e in vigilando en tantos casos de corrupción protagonizados por destacados responsables del Partido Popular.

La opción es muy simple. Los británicos, una democracia tan modélica, lo saben hacer de maravilla. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial de los trece primeros ministros que ha tenido el país, siete accedieron al cargo sin que mediaran elecciones previas; simplemente porque había dimitido su antecesor. Unos dejaron el 10 de Downing street porque se sentían mayores (Churchill), otros por un error en su gestión (Eden y Cameron), otro por enfermedad (Wilson), otro por responsabilizarse de el error de uno de sus ministros (McMillan) y dos, finalmente, por haber perdido la confianza de la opinión pública y de sus respectivos grupos parlamentarios (Thatcher y Tony Blair). Repasemos los siete casos.

Winston Churchill quiso superar su sorprendente derrota electoral al término de su legendario liderazgo en la Segunda Guerra Mundial. Ganó las elecciones de 1951 pero en 1955 se “sintió mayor” (tenía 81 años) y dimitió. Le sucedió su ministro de Exteriores, Anthony Eden, un político brillante que fue víctima del ocaso imperial británico. A la nacionalización por Nasser del Canal de Suez, Eden respondió con una acción bélica franco británica que tuvo éxito militar pero fue un desastre diplomático. El mundo entero incluido Estados Unidos (Eisenhower) condenó la acción. Londres se replegó. Y el “premier” Eden presentó la dimisión. Le sucedería Harold McMillan.

McMillan fue un brillantísimo primer ministro durante seis años. Pero en un momento puso la mano en el fuego por su ministro Profumo. Cuando la prensa evidenció que Profumo, ministro de Defensa, compartía amante (Christine Keeler) con el jefe de los espías soviéticos en Londres, McMilan presentó la dimisión.

Wilson. El laborista Harold Wilson sería primer ministro en dos mandatos intercalados por el liderazgo del conservador Edward Heath. Pero En abril de 1976 dimitió sorprendentemente (no había cumplido aún los sesenta años) Medio año más tarde su supo la razón cuando Wilson empezó a dar muestras de padecer Alzheimer.

Thatcher. Posiblemente el personaje político más importante del Reino Unido en el siglo XX. Tres victorias electorales. El record de más de once años en Downing street… Pero hasta los metales se fatigan. Y en el otoño de 1990 su imagen estaba por los suelos. Los medios, la opinión pública y, sobre todo, su grupo parlamentario fueron implacables. Y Thacher dimitió.

Blair. En línea muy parecida a la de Thatcher. El ingenioso y carismático líder laborista ganó tres elecciones. Diez años en el poder. De nuevo la fatiga de los metales. En el caso de Blair fue determinante su compromiso en la guerra de Irak. Y su caída, en línea calcada de la de Thacher: medios, opinión pública y grupo parlamentario. Le sucedió (una vez más sin mediar elecciones) Gordon Brown.

Cameron. El caso es muy reciente. Prácticamente de anteayer. Fracasó en el intento de conseguir el “Remain” en el referéndum Reino Unido-Unión Europea y la misma noche del triunfo del Brexit anunció su dimisión. Gobierna su compañera de partido Theresa May.

Qué lecciones concatenadas de escrupulosa democracia, normalidad y responsabilidad política. Explicable cuando en un país hay madurez democrática (a pesar de que electorado acabe votando salirse de Europa) y sobre todo un legislativo verdaderamente independiente. Los miembros del parlamento británicos son ciertamente políticos independientes. Le deben su escañó a su esfuerzo personal y al voto de los electores de su circunscripción. Ellos pueden mirar a su líder (ya sea jefe de gobierno o líder de la oposición) a los ojos sin que éste tenga que bajar la mirada. Y en la Cámara de los Comunes votan como legisladores independientes. Solo son responsables ante su conciencia y sus votantes.

En España —no haría falta recordarlo— los diputados deben su escaño al líder del partido que les ha situado en posición favorable en las listas electorales. Es lo que se ha venido a llamar partitocracia aunque alguien ha afinado más y ha inventado el neologismo de “cupulocracia”. La vida política de nuestros representantes depende del dedo del líder y de la camarilla (cúpula) de la que se rodean. Eso explica la ausencia de crítica y el sometimiento a la más deleznable y ovejuna obediencia al dictado del líder. Imposible cualquier atisbo de regeneración ¿Para cuándo una reforma de este lamentable sistema elector al? Y si la regeneración no puede venir de abajo, no hay otra alternativa que una decisión del líder. En el partido socialista el panorama es desolador. Al cataclismo de Zapatero ha sucedido el desconcierto de Sánchez. Lejos quedan los años excepcionales de Felipe González. Atrás quedan aquellas dimisiones ejemplares de Borrell, Almunia y Rubalcaba. Menudo páramo la situación actual.

Y si del PSOE es imposible esperar el desatasco a corto plazo, el testigo pasa al PP, que todavía tiene un programa y una estructura para gobernar adecuadamente el país. Le falta un liderazgo digno. Y hay banquillo: Feijoo, Ana Pastor… Cualquier de estos líderes facilitaría dramáticamente la gobernanza del país. Y el PP podría gobernar en coalición de algún partido (entiéndase Ciudadanos) que no tendría reparo en asumir su responsabilidad en la nueva situación.

Sr. Rajoy, de verdad que hay vida después de habitar el Palacio de la Moncloa. Asúmalo con responsabilidad, con patriotismo y con la sabiduría gallega que le caracteriza. Y tome nota del ejemplo británico.

Acerca de Antonio Alférez

Antonio Alferez es patrono de la Fundación Emprendedores. Es uno de los grandes periodistas de la transición y ha ocupado cargos de responsabilidad en tres de los periódicos de referencia: El País, ABC y Diario 16. Autor de varios libros, el artículo que inaugura su presencia en el Portal de la Fundación, muestra su rigor intelectual.
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