De Guantánamo a Rota

Todavía, después de tantas bofetadas y escupitajos, no hemos encontrado la distancia justa para entablar con el Tío Sam una relación basada en el respeto mutuo. Nos compraron a precio de saldo la Florida, nos echaron de Cuba y Filipinas con la excusa de ” América para los americanos”, nos tiraron unas bombas en el mar de Almería, nos alquilaron bases en Rota, Torrejón de Ardoz… Y con aquello de la leche en polvo y el queso enlatado que nos dieron de limosna en la posguerra nos invitaron a filmar aquella tierna historia de “Bienvenido Mr. Marshall”.

Por nuestra parte, les hemos regalado uno de nuestros mejores poemas, aquel de García Lorca titulado “Poeta en Nueva York”, versión literaria del humor negro de Charlot en “Tiempos Modernos”. Y la patente de los submarinos de Isaac Peral y de los helicópteros, y los mejores médicos. Se han llevado todo lo mejor de nuestra ciencia y tecnología, de nuestra literatura, nos han robado el pensamiento, el arte, y todo a precio de saldo.

Ahí tenemos la tele presidiendo nuestros salones, llena de seriales made in USA, de westerns, películas de acción y de suspense, y ETs y fantasías de extraterrestres, y catástrofes nucleares. Que ya no se puede ver ni cine europeo, ni reportajes ni documentales de otros países. Nada, Hollywood se ha tragado a Bollywood. A Banderas lo tienen de “latino” por aquello de que es moreno y tiene acento entre canario y caló, y para segundo plato de sus “stars” en su cuarto o enésimo divorcio…

Y no hay más música que la de ellos, la de Joan Báez, Bruce Springsteen, Madonna, Woody Allen y su saxofón, la Texmex.

Y ahora, apatrullando el planeta y los alrededores extraterrestres, tras haber tomado posesión de todo, nos mandan el recado ese del Trump presidente: “Lo primero América”.

Primero América, y solo América, y siempre América, por supuesto la suya, la de los del sur, Argentina, Brasil, Colombia, etc. el mismo Canadá no son América, solo el extrarradio, las afueras, el patio trasero de la América entera y verdadera, la del Tío Sam, la verdadera, la “auténtica”, la de “Que Dios bendiga a América”, la de Manitou…

Aunque, todo hay que decirlo, de vez en cuando se les escapa un detalle, un gesto de respeto. Como el de aquel Alan Ginsberg, el poeta maldito de los hippies, que se encontró en un supermercado en el apartado de las frutas, con Walt Witman y García Lorca, y robaron unas sandías y fueron a comérselas bajo la luz de la luna a la orilla del Misisipi, o del Misuri, o del Río Grande que hace frontera con lo que queda de México que todavía no se lo han anexionado… O nos visitan en la Alhambra, que deberíamos andar al loro, no sea que intenten llevársela toda entera y montarla en las montañas del Oeste…

Lo dicho, que se nos ha pasado más de un siglo riéndoles las gracias, y encima el otro el Rajoy, nos salta con que no podemos faltarles al respeto como algunos socios europeos.

Lo dicho, que ya va siendo hora de que hagamos cuentas de lo que nos deben y lo que les debemos, que esto no es Vietnam ni Corea del Norte, que lo de Bienvenido Mister Marshall como comedia puede pasar, pero de ahí no debe pasar… Y de que nuestra tele nos ponga mitad y mitad entre Hollywood y Bollywood, que queremos ser amigos de todos…

Con educación, con buenas maneras, con señorío.
¡A lo García Lorca!

Acerca de Serralaitz

Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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