Cataluña y la independencia interruptus

La verdad es que a los políticos deberían de retribuirlos en función de su productividad, lo cual nos llevaría a una evaluación de sus méritos, conforme a unos parámetros establecidos previamente. Venga esto a cuenta del caso Puigdemont y su independencia no declarada, haciendo un “SI, pero NO” culminado con la firma de un documento-manifiesto a modo de justificación de una medida no tomada, pero anhelada, según decía días atrás. Si al president le aplicaran este complemento salarial de la productividad, su saldo a final de mes, arrojaría números rojos. No se puede emplear más tiempo y gastar más dinero, para quedarse en la nada.

No se puede hacer peor, o tal vez sí, porque esto aún no ha acabado. Hemos visto que nadie como él y su corte de palmeros de la mesa redonda (al estilo rey Arturo… Mas) donde celebran las reuniones del govern, para engañar, no solo una vez, sino reiteradamente, a sus fieles seguidores. La verdad es que han escenificado como nadie una puesta en escena con un decorado de cartón piedra, cual película de los años sesenta, pero ya se sabe, esto del nacionalismo provinciano, es más rancio que el NO-DO. Cierto es que la puesta en escena de las diferentes Diadas, han sido logradísimas, arrastrando a miles de personas a componer una coreografía populista a la que Gerard Piqué no ha conseguido poner música de Shakira. La producción y distribución de esteladas ha sido espectacular y los discursos de exaltación de la nueva patria, han sido acogidos con entusiasmo por los seguidores del independentismo, a los que se les ha hecho creer en la nueva República independiente del País de Nunca Jamás, como si se estuviese narrando la historia de Peter Pan, que guarda muchas similitudes con este invento secesionista.

La republica de Nunca Jamás es una isla donde los niños no crecen y viven sin ninguna regla ni responsabilidad, pasando la mayor parte del tiempo divirtiéndose y viviendo aventuras, algo similar a lo que ha hecho Puigdemont, acompañado por sus amiguitos Junqueras, Romeva, Turull y Trapero. En Nunca Jamás, estas criaturitas se hacen llamar los Niños Perdidos (de niños tiene poco, la verdad) y son liderados por Peter Pan (Artur Mas) y su hada Campanilla (Carme Forcadell). La población de dicha isla agrupa también a temibles piratas, indios, sirenas, hadas, que aquí escenifican los de la CUP, ANC y Omnium y demás criaturas folclóricas a las que se añaden a modo de esperpentos Pep Guardiola, Karmele Marchante o Pilar Rahola. De acuerdo con la leyenda, si alguien desea llegar a la republica de Nunca Jamás, deberá de volar hasta lo más alto del cielogirar en la segunda estelada a la derecha, para después seguir la hoja de ruta que incluye vulnerar la Constitución, desobedecer a los jueces, manipular desde TV3 y en las escuelas, e incluso a buscar entre los antepasados de Leo Messi un bisabuelo que en lugar de asados, hacía calçots, para sumar así al astro argentino al procés.

Lo más triste de todos estos acontecimientos vividos en Cataluña y sus efectos colaterales trasladados a toda España, es el olvido en el que ha caído el terrible atentado del 17-A en las Ramblas, en la que toda España se solidarizó con el pueblo catalán. No ha habido tiempo de guardar el luto por la precipitación de los acontecimientos ¡Una lástima! En aquellos días y sabiendo lo que se avistaba, se hizo una exaltación desmesurada de la labor de los Mossos d`Escuadra como haciendo un preámbulo edulcorado que no enturbiase la actuación de éstos el 1-O. Tras el simulacro de referéndum se ha puesto a Cataluña en el foco de todas las conversaciones, o mejor dicho, de todas las crispaciones, olvidando el drama del atentado vivido en Barcelona y lo que es más dramático, convirtiendo afectos en desafectos.

Puigdemont y los principales actores del procés, han engañado a aquellos que creían firmemente en la independencia. Su lema “España nos roba” se ha transformado en “España presiona al Ibex” para justificar que los empresarios, que por cierto, no tienen más patria que el capital, han dado el primer paso para huir de un territorio inestable. Los independentistas han garantizado reconocimientos internacionales a la nueva república, que solo han figurado en el imaginario de los” niños perdidos del Nunca Jamás”. Han engañado a sus seguidores haciendo una llamada masiva a participar en un simulacro de referéndum sin garantías, a sabiendas que era ilegal y que podían encontrarse con intervención policial. Les han engañado dando unos resultado de la votación tan falsos como la inocencia de Jordi Pujol y finalmente les han engañado el día 10 de octubre convocándoles a “un día histórico de proclamación del nuevo estado independiente”, cuando Puigdemont dio el gatillazo desde la tribuna del parlament cual homo erectus sin Viagra.

El president ha puesto los cuernos a la CUP y eso le traerá consecuencias, pero por otra parte le ha puesto la alfombra roja a Rajoy con su discurso confuso, que no podría haberlo mejorado ni el mismísimo Antonio Ozores. Finalizada la proclamación del gatillazo, el president se ha hecho fotos con Junqueras al más puro estilo Isabel Pantoja y Julián Muñoz, diciendo por lo bajito: “dientes, dientes, que eso es lo que les jode” fingiendo una falsa felicidad.

Puigdemont ha puesto en bandeja que se actúe conforme al Artículo 155 de la Constitución. Pedro Sánchez ha dicho: “Ni los catalanes ni la sociedad española se merecen la angustia de no saber si los que dirigen las instituciones catalanas han declarado la independencia o no” y tiene toda la razón. La falta de arrojo del dirigente catalán, nunca puede entenderse como una mano tendida al dialogo, si previamente no se sabe de qué se quiere dialogar y sobre la base de que posición se parte.

El PSOE, ha tenido que dar su apoyo al PP tapándose la nariz, pero es imprescindible hacerlo por responsabilidad, por defender el estado de derecho y por apoyar la Constitución, si bien esta última demanda un lifting con carácter urgente. Desde la dirección socialista se ha propuesto la creación de una comisión parlamentaria que se encargue de la revisión del modelo territorial, que dé paso tras seis meses de trabajo, a un estudio de reforma de la carta magna, en la cual han confirmado participar todos los partidos… salvo ERC. Está claro que a Joan Tardá y a Rufián su discurso se limita a hablar con victimismo, de” la ocupación militar”, “la represión” y el referéndum de la Srta. Pepis del 1-O.

En la reforma de la Constitución de 1978, debe caber todo aquello que por razones de las especiales circunstancias por las que atravesaba España en aquellos tiempos -solo tres años después de la muerte del dictador- no era ni posible ni oportuno incluir, pero que cuarenta años después con una democracia consolidada, es imprescindible incorporar en lo relativo a un nuevo modelo territorial del estado. El nuevo texto debe hacer un esfuerzo de aproximación de posturas, pero sobre todo de sensibilidades. No olvidemos que los nacionalismos, todos ellos, están basados en sentimientos y estos obedecen mucho más al corazón, que al cerebro y este matiz es imprescindible tenerlo en cuenta.

Es evidente que los problemas políticos, se resuelven con voluntad y dialogo. Es también cierto que las leyes se revocan para mejorar la convivencia ciudadana, mejorar las libertades y ayudar a mejorar el estado del bienestar. Del mismo modo, debe entenderse que cualquier acuerdo entre partes, debe nacer del respeto a la legalidad por todos sus actores. En el caso de Cataluña, la legalidad ha sido vulnerada y cualquier entendimiento ante la situación catalana, pasa por la renuncia al hecho independentista como cuestión previa. No hacen falta mediadores improvisados, ni impuestos. La soberanía española está en el Congreso y en ese marco caben todos.

El requerimiento cursado a Puigdemont por parte del presidente del Gobierno, es sencillo de contestar: SI o NO. En su campo está la pelota y queda tan solo saber si va a devolverla lanzando un pelotazo que aunque sea tosco, permite seguir el juego, o va a lanzarla fuera del campo, en cuyo caso ya sabemos lo que este hecho implica, pero así no podemos seguir.

Acerca de José Joaquín Flechoso

Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

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