Ibn Hazm , filósofo, poeta, historiador y teólogo

Al Andalus, España, el Islam

Nuestro ínclito filósofo y egregia pluma don José Ortega y Gasset, en el prólogo a un libro del gran escritor árabe andaluz Ibn Hazm de Córdoba, se aventuró a disertar sobre lo que tenemos los que vivimos en esta España de españolía y arabismo.

Porque el traductor de la obra de Ibn Hazm “El Collar de la Paloma” Emilio García Gómez, califica al escritor cordobés del siglo décimo de nuestra era como “árabe español”, a lo cual se opone con cierta indignación Don José: “por mi parte, no estoy dispuesto a correr la aventura de llamar en serio español a cualquiera que nace en el territorio peninsular. aunque sea de sangre indígena”. Y en esa línea, Ortega cree que en el siglo de Ibn Hazm, por los años 1000 de nuestra era, España estaba todavía haciéndose, “y la sociedad de al-Andalús era distinta y otra de la sociedad o sociedades no árabes que entonces habitaban España”.

La cosa viene a cuento en este momento histórico, en que con esto de Isis y la Yijad lo árabe se ha desfigurado o perdido brillo en Europa. Porque Don José reconoce que lo árabe tuvo en nuestra península un vigor, un prestigio internacional, un brillo, y los españoles de hoy tenemos la obligación de respetar su memoria y su herencia, “ya que con ello nutrimos nuestra propia sustancia, enriqueciendo y precisando nuestra españolía”.

Ahí está la Alhambra, la Giralda, la Seo de Zaragoza, la Mezquita de Córdoba y el Cid Campeador, Raimundo Lulio, Ibn Arabi de Murcia, Averroes, Maimónides, y el mismo Ibn Hazm, esos españoles medievales, o el mismo Cervantes con su Don Quijote, su Sancho y su morisco Ricote.

Allá Don José Ortega y Gasset con su teoría de que somos ante todo españoles y lo de árabes nos queda como un tanto ajeno, un accidente de nuestro ADN. Posiblemente muchos españoles de hoy dan a ese poso de cultura árabe que nos ha quedado en el hondón de nuestro ADN más importancia que todo eso.

Lo que importa es valorar racionalmente y sin pasión esa cultura y esa idiosincracia árabe, ese mundo que atraviesa en horizontal todo el continente auroasiático, del Atlántico hasta Filipinas, y que lucha por convivir pacíficamente con la humanidad de hoy y se enfrenta a sus propios demonios para superar las calamidades que está sufriendo.

Ese mundo árabe lleva nuestra impronta, se forjó en una parte importante aquí, en Córdoba, en Sevilla, en Játiva, en Zaragoza, en Santaren o Badajoz, cuenta entre más eximios sus pensadores con hijos de esta España en la que hoy vivimos nosotros. Entre sus mejores poetas figuran sevillanos, almerienses, cordobeses.

Hoy, árabes de Siria, Palestina, de todo el Magreb, llegan hasta nosotros buscando un medio de vida, un trabajo, un hogar conde instalarse. Traen su cultura, su apego a esta tierra en la que vivieron sus antepasados, tienen estudios y capacidades profesionales.

Desde una óptica religiosa, tienen por suyo también el Libro de la Biblia que los creyentes españoles veneramos, y por sus profetas a Abraham, Jacob, Moisés… Otros se mueven en un plano arreligioso o agnóstico, en las mismas coordenadas que los españoles que han dejado atrás la religión, y con los mismos valores .

Tal vez ha sonado la hora de reconocerlos cercanos, de aceptar el diálogo y el acuerdo con ellos, de compartir de alguna manera la Mezquita de Córdoba que nos dejaron, la Alhambra, todo lo que es de ellos y nuestro…

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Acerca de Serralaitz

Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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