Accidente del YAK 42 ¡Manda huevos!

Accidente del YAK 42 ¡Manda huevos!

Recuerdo una sesión parlamentaria de marzo de 1997, cuando Federico Trillo, entonces presidente del Congreso, no pudo menos que exclamar “manda huevos” cuando se vio obligado a emplazar a una votación cuyo encabezado debía ser muy farragoso para el entonces titular de la Cámara. Una vez concluido el mismo, soltó la mencionada frase, pero en este caso lo que no se esperaba Trillo fue el error que él mismo cometió pulsando el botón que abre su micrófono a la megafonía del hemiciclo y por consiguiente aquello fue difundido a los cuatro vientos por todos los medios. El carácter de este mismo individuo también quedó en evidencia aquel día que no había manera de hacer callar a los diputados enzarzados en plena discusión y ordenó a “Manolo” (que no era el “¡Manolo coño!” conductor de Celia Villalobos): “Que traigan la maza, Manolo; hay que buscar la maza”, se le oyó decir en reiteradas ocasiones.

Parece que en el Partido Popular son muy dados a soltar por su boca delante de micrófonos presumiblemente apagados, más de una lindeza. Recordemos los comentarios de Esperanza Aguirre: “Yo creo que hemos tenido una inmensa suerte de poder darle un puesto a IU quitándoselo al hijoputa”, le decía Aguirre a Ignacio González, con el que charlaba sobre los puestos de poder en Caja Madrid tras la elección de Rodrigo Rato como presidente. Este calificativo que salió de su boca, decían que iba dirigido a su enemigo intimo Alberto Ruiz-Gallardón, aunque la condesa consorte se apresuro a desmentirlo como siempre que mete la pata (frecuentemente, por cierto) sobre todo si hay cámaras de La Sexta delante. También podemos recordar como el mismísimo presidente José María Aznar, en el Parlamento Europeo, cuando terminó su discurso se escuchó: “Vaya coñazo que he ‘soltao’”, o como el entonces su ministro de Interior, Mariano Rajoy, en un pleno del Senado tras una discusión con el socialista Juan Barranco cuando le pedía explicaciones, el ministro de Interior le contestó, bajó de golpe el micrófono y, según cuentan los expertos que le leyeron los labios, se sentó diciendo “a tomar por culo”, expresión muy española por cierto.

Estos hechos narrados son historias de micrófonos y políticos, que no pasan de ser meras anécdotas, con más o menos gracia según la empatía que se tenga con los personajes aludidos, pero ahora vamos a hablar del hombre del “manda huevos” pero en su faceta más vergonzante protagonizada en su etapa al frente del Ministerio de Defensa cuando solo un hombre sin escrúpulos es capaz de actuar de la forma que él lo hizo tras la catástrofe del Yak 42 de tan triste recuerdo. Aquel accidente sin supervivientes, ocurrió en Turquía el 26 de mayo de 2003 con 75 personas a bordo entre los cuales se incluían a 62 militares españoles, que regresaban a España tras cuatro meses y medio de misión en Afganistán y Kirguistán. Pero el drama no había hecho más que comenzar con la caída del avión, pues lo peor estaba aún por llegar para desgracia de los familiares de las víctimas. La identificación de los 62 cadáveres de los militares españoles que fallecieron en el accidente del avión Yak-42 quedará en los anales de la historia por la actuación bochornosa y por la falta de principios éticos y morales de algunos militares y políticos, tratando de ocultar la verdad para evadir lo antes posible sus responsabilidades, despreciando el sufrimiento de los familiares que a día de hoy siguen exigiendo una explicación verdadera de los hechos hasta ahora nunca recibida.

Entre todos los implicados en lo referente al sufrimiento de los familiares de las víctimas, destaca la actuación del aludido ministro de Defensa Federico Trillo, que debería de haberse apartado del mundo de la política después de aquello y por supuesto, haber asumido toda la responsabilidad que le correspondía ante la enorme lista de engaños, artimañas, chapuzas y presiones generadas con el fin de salir de aquello cuanto antes. En lo relativo a los familiares, estos no han cesado de exigir una investigación a fondo sobre lo ocurrido, pues como se encuentra recogido en el acta levantada por las autoridades turcas, treinta cuerpos no fueron identificados, aun cuando al día siguiente del accidente, el teniente general de infausto recuerdo Antonio Beltrán, anunció desde Turquía que prácticamente todos los cuerpos estaban identificados a la vez que se mostraban los restos calcinados de soldados entre el fuselaje del avión. Cuando los familiares empezaron a pedir los objetos personales de los militares la respuesta de Defensa fue que “el juez turco decidió que los objetos que llevaban los cadáveres y permitían su identificación quedasen depositados dentro de los féretros en relación a su regreso y enterramiento en España”.

La indignación de los familiares crecía a medida que se comprobaba la falta de rigor y vileza de los responsables de la repatriación de los cadáveres, siendo el punto culminante meses después cuando una vez decretada la exhumación de los cadáveres por vía judicial, se comprobó que los restos se encontraban mezclados en los féretros sin garantizar las identidades. Entre las muchas pruebas que demuestran los errores, se llegó incluso a adjudicar la identidad a un sargento de piel blanca con el cuerpo de un cabo primero de raza negra, o como en un mismo ataúd se identificaron restos de tres cuerpos diferentes y muchos más equívocos provocados por una falta de rigor incalificable. Sobre los objetos personales no existían tampoco pruebas concluyentes que permitieran asignárselos con certeza a las víctimas, quedando la duda para siempre si fue solo un error, o lo que es más grave, una acción intencionada para destruir pruebas. Según se desprende de la información recogida en aquellos días, la identificación se hizo en tan solo tres horas y media, sin realizar pruebas de ADN que permitieran ayudar en la identificación de los cadáveres. Los militares también negaron a las familias que pudieran abrir los féretros, algo además de ser inaceptable éticamente, también era ilegal a todas luces.

Han tenido que pasar trece años desde la tragedia para que el Consejo de Estado emitiera un dictamen en el cual considera responsable del accidente al Ministerio de Defensa y por tanto alguien tiene que asumir las culpas de tan macabro y vergonzante episodio. A Federico Trillo años después con el PP de nuevo en el poder, se le premió con la embajada española en Reino Unido y a Francisco Javier Jiménez Ugarte, entonces director de Política de Defensa, con la de Suecia. Mientras, los familiares han visto perplejos e indignados como el general Navarro condenado en el juicio posterior, jamás estuvo preso alegando una grave enfermedad y como los dos otros militares condenados tampoco fueron encarcelados, e incluso fueron indultados de manera que prosiguen su carrera militar. A este respecto, recordemos como Luis Bárcenas declaró en la Audiencia Nacional que dio dinero de la caja B del PP a Trillo, para pagar la defensa de los militares acusados en el accidente…

Trillo calla y por supuesto ni pidió perdón entonces, ni lo hace ahora y mucho menos dimite en otro gesto más de desprecio a las víctimas. Tras conocer el dictamen, la actual ministra Cospedal (Lola la Finiquito) irá a dar cuentas al Congresos de los Diputados con su soltura habitual, explicando lo del dictamen de la misma manera que hizo con el despido del extesorero del cual dirá que era un accidente en diferido y que efectivamente al ser en diferido todo se ha hecho conforme manda la ley. El presidente Rajoy, tras hacerse el sueco o el gallego sordo, que para el caso es lo mismo, al preguntarle los periodistas sobre el dictamen emitido, al más puro estilo de la casa, restó importancia y soltó: ¿El Consejo de Estado ha sacado un dictamen sobre eso. No lo he visto. Pero yo creo que eso ya está sustanciado judicialmente lo que había que sustanciar. Ocurrió hace muchísimos años”, como si los años sirvieran para borrar la ignominia. Ahora van a cesar a Trillo pero no por el dictamen, sino camuflado en el relevo de otros setenta embajadores para no significarlo pero además, para escarnio de los familiares, este personaje va a pedir en ingreso en el Consejo de Estado, el mismo que le acaba de señalar como responsable máximo de la tropelía. Como español no podemos consentir que este personaje siga representando a nuestro país al frente de la embajada ni un día más y por supuesto tampoco que forme parte de un órgano consultivo del Estado. Ahora sí que de verdad y nunca mejor dicho ¡manda huevos!

Acerca de José Joaquín Flechoso

Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

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