1.000 muertos merecen un Referéndum. ¿El fin de ETA?

1.000 muertos merecen un Referéndum

1.000 muertos merecen un Referéndum. ¿El fin de ETA?Mil muertos, décadas de terror, angustia, humillación y miles de millones de euros del contribuyente, merecen un referéndum. Inquieta, cuando no escandaliza, que el Gobierno y sus voceros mediáticos están sonorizando el cambio de Gabinete sobre todo, de forma incontinente, no en las políticas para remedio de la crisis y la reanimación del empleo, sino en lo que se sugiere sea la segunda y definitiva ronda del infamante llamado proceso de paz con ETA.

Parecer ser el vellocino de oro, el gran trofeo que puede conjugar o al menos minorizar la debacle electoral reiteradamente anunciada. Incluso la tentación de apropiación de réditos por el final de ETA resulta indigna en su propio concepto.

Después de la Transición Democrática y de la incorporación a la Unión Europea, ningún otro proceso coetáneo tiene mayor entidad. Ninguno ha producido desde la incivil guerra interminada, tanto dolor, vergüenza, crímenes contra el espíritu de la Democracia y la vida de los ciudadanos.

El final de ETA, si a ello sabemos llegar decorosamente, se corresponde con el sufrimiento de generaciones de españoles, de generaciones de víctimas, con el esfuerzo de diferentes gobiernos y de las fuerzas de seguridad. El padecimiento directo de miles de ciudadanos y el de toda la nación a lo largo de décadas en las que hemos apostado recursos espirituales y materiales ingentes. Por ello sería verdaderamente impío y terriblemente necio y envenenador de nuestro futuro que nadie sino España se atribuya la victoria.

Mientras tanto nada que especular, nada que negociar que no sea el depósito y verificación de la rendición de las armas. Batasuna es ETA y no basta un compromiso de condena de la violencia, es preciso que su matriz inequívoca ETA concluya para siempre su sangrienta superchería.

Para garantizar la imprescindible transparencia es obligado un referéndum bien formulado. Ello significa, además de luz y taquígrafos, una exposición propositiva claramente redactada y compartida por el Gobierno, la Oposición y las Víctimas y después una comisión de seguimiento, igualmente conformada. Sin letra pequeña, sin negociaciones en la sombra, sin que pueda haber cosa distinta que la prudencia en la victoria y el margen de generosidad posible compatible en la justicia.

Fernando Lanzaco

Acerca de Fernando Lanzaco

Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas. Periodista titulado por la Escuela Oficial de Periodistas, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado.

Ha desempeñado, entre otros, los puestos de Subdirector General de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación y Ciencia, Presidente del Instituto Nacional de Asistencia y Promoción al Estudiante, Director General de Personal de Ministerio de Educación y Ciencia, Subdirector General del Ministerio de Justicia y Gerente de la Universidad Politécnica de Madrid.

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