Pompa y circunstancia en la normalización de las relaciones hispano-argentinas

Pompa y circunstancia en la normalización de las relaciones hispano-argentinas

España se ha volcado en la visita oficial del presidente Mauricio Macri, pero queda por demostrar que Argentina no vuelva a patear las empresas e intereses españoles.

Una visita de Estado de cinco días de duración no se estila en estos tiempos de prisa supersónica, pero el Reino de España quería demostrar a uno de sus países hermanos más queridos que los férreos lazos de familia no los rompe tan fácilmente el populismo.

Argentina ha sido en sucesivas etapas una de las grandes tierras de promisión de los españoles. Primero, por supuesto, durante la colonización, pero también después, cuando en Europa campeaban la guerra, el hambre y las miserias inherentes a épocas de gran incertidumbre. Pero, si son ingentes las generaciones de españoles que han encontrado su lugar al sol en Argentina, también han sido muchos los argentinos que han hallado en España su meta o estación de paso hacia un futuro mejor cuando las dificultades convertían a aquel país, bendecido por la Naturaleza, en un pozo sacudido por la dictadura, la injusticia y la represión.

El populismo, hoy tan en boga a escala planetaria, alcanzó su expresión más refinada en Argentina, donde se denomina peronismo. Desde que lo instauraran Juan Domingo Perón y Eva Duarte, el país ha pasado de ser un competidor con potencias económicas como Canadá e incluso Estados Unidos, a debatirse en cómo salir de la pobreza que asuela a casi las dos terceras partes de su población.

La crisis de la deuda, más la dictadura, más la corrupción populista motivó que las empresas e inversores extranjeros salieran de estampida del país a finales del siglo XX y principios del XXI. Por motivos sentimentales, además de la correspondiente dosis de esperanza quijotesca, las que se quedaron en Argentina fueron mayoritariamente las españolas, entre ellas las grandes que, como Telefónica, cambiaron de arriba abajo las tercermundistas comunicaciones de un país llamado a estar siempre entre los de cabeza del primer mundo.

Como es obvio, no solo había un amor familiar en semejante relación. Las empresas españolas esperaban obtener el correspondiente beneficio por su esfuerzo e inversiones. Pero, lo que no se esperaban era que la dinastía populista de los Kirchner les asestara el mazazo del desprecio, la expropiación y en suma de una inseguridad jurídica que se convirtió en permanente espada de Damocles sobre quienes se arriesgaban a seguir creyendo en las potencialidades de Argentina, incluso muy por encima de sus gobernantes.

Como es sabido, el punto culminante del desencuentro fue la expropiación de YPF, la filial de Repsol, casualmente cuando las prospecciones en el yacimiento de Vaca Muerta alumbraron un gigantesco mar de petróleo. El populismo, ya suficientemente asentado de la presidente Cristina Fernández, adornó la codiciosa incautación con el señuelo de “recuperar la soberanía del pueblo sobre sus propias riquezas”.

Emergió la desconfianza, aumentaron los denominados malentendidos, se retrajo la inversión de las empresas españolas, hasta entonces primeros inversores globales en el país, y se acentuaron los malos tópicos entre los pueblos de una y otra orilla del Atlántico.

El panorama ha cambiado desde que en diciembre de 2015 ganara las elecciones presidenciales, contra pronóstico, Mauricio Macri. En apenas un año su mayor mérito ha sido sin duda devolver Argentina a su sitio en la comunidad internacional, es decir disipar la creencia generalizada en que el país era una calamidad y, en absoluto, fiable.

Para ayudar a esa reintegración a la normalidad, el Gobierno de España ha querido revestir la primera visita de Estado del presidente Macri de toda pompa y circunstancia: desde recibirle conforme al nuevo protocolo instaurado en el Palacio Real, hasta pasearle por los más conspicuos foros mediáticos y empresariales, en los que pudiera explayarse sobre los nuevos horizontes que quiere conquistar su renovada administración. Resume bien ese periplo la concesión del Premio Nueva Economía Forum 2017 a la Nación Argentina (en la persona de su presidente). Una distinción que deja bien claro el verdadero destinatario: el pueblo argentino, subrayando así méritos y lazos afectivos muy por encima de sus dirigentes.

Las empresas españolas han recobrado así gran parte de la confianza perdida. Quieren creer que Argentina volverá a ser tierra de promisión y de futuro; que impulsará el tantas veces pospuesto acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea; que liderará la recuperación económica en el hemisferio sur, y que trocará su anterior apoyo a tiranías populistas como la de Venezuela en apoyo decidido a que imperen la democracia y las libertades.

No hay en la historia ningún presidente no peronista que haya podido concluir su mandato en Argentina. Si Mauricio Macri lo consigue será no solo un hito sino que demostrará también que el cáncer del populismo, pese a la profundidad de la metástasis, tiene tratamiento y cura.


FOTO: Nueva Economía Fórum

Acerca de Pedro González

Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

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