Centenario Revolución rusa (1917-2017)

La cosecha de aquel 1917 y su Revolución rusa

Han pasado cien años desde que el Ideario de Carlos Marx intentó cuajar en una realización concreta. El centenario de la Revolución rusa de 1917 que celebramos reclama un balance de logros y desgracias que tal acontecimiento haya supuesto par la humanidad.

El primer banco de pruebas importante de aquella Revolución fue quizá la guerra mundial 1939-40 y sus antecedentes, de los cuales quizá el más destacado fue la Guerra civil de 1936-1939 en la que la República española fue derrocada por la dictadura militar del general Franco, apoyado por los regímenes fascistas de Alemania de Hitler y la Italia de Benito Mussolini, mientras la República era sostenida por la URSS y las brigadas internacionales de voluntarios venidos de todo el mundo.

Los mayores sacrificios de aquella guerra mundial tuvo que soportarlos la URSS, a la que le costó 20 millones de muertos y la invasión de su territorio.

Curiosamente, los países occidentales aliados vencedores de la guerra de 1940, lejos de derrocar el régimen del general Franco, optaron por defender su continuidad.

El final de aquella la guerra mundial marcó el arranque de los movimientos de independencia de las colonias; China, la India, Vietnam, África entera, desde Argelia hasta Sudáfrica y su apartheid. En Sudamérica, las clases populares desde Argentina y Chile, pasando por Brasil, Guatemala y Nicaragua, por nombrar algunos de los países del continente americano, arrebataron el poder a las minorías capitalistas que venían controlándolo todo con el amparo del poderoso vecino Norteamérica.

Desde Europa, el Partido Comunista francés promocionó a los líderes de la rebelión vietnamita, Ho Chi Minh y compañía, apoyó a los independentistas de Argelia y de todas las colonias francesas. La Cuba comunista colaboró activamente en la liberación de los países africanos y las rebeliones populares de América del Sur.

Por su parte, China logró derrotar a Chang Kai Chek, que contó con el apoyo decidido de los americanos del Norte, pero finalmente tuvo que refugiarse en la Isla de Taipeh, bajo el paraguas protector del ejército norteamericano. Seguidamente, el Gigante asiático inició su “Larga Marcha” hacia el desarrollo de su economía, que tras no pocas vacilaciones la ha situado en el mapa mundial como segunda potencia, con ritmos de crecimiento anuales casi siempre por encima del 10% anual, y con un sistema político que combina exitosamente las fórmulas de la economía de mercado con un estrecho control de las grandes finanzas desde el poder político.

Ya desde la década de 1960, frente a la guerra fría que enfrentaba a la superpotencia occidental Estados Unidos con la otra superpotencia de la Unión Soviética, por iniciativa de la Yugoslavia de Tito, de Indonesia, Cuba, India, Sudáfrica y muchos países del que ahora llamamos Tercer Mundo se unieron en una Asociación de Países no alineados, para desarrollar una política independiente de las dos grandes potencias.

Sería muy revelador recordar nombres de personajes de ese Tercer mundo que se posicionaron al servicio del capitalismo y los grandes grupos financieros o a la cabeza de los pueblos que se rebelaron contra sus abusos. Un Salvador Allende frente a su oponente Augusto Pinochet, un General Videla argentino frente a los rebeldes argentinos, un Somoza contra la guerrilla nicaragüense, un Bautista frente a un Fidel Castro,un Che Guevara omnipresente frente a un tal Kissinger norteamericano omnipresente en el cono sur. Un Nelson Mandela frente a los tiranos racistas sudafricanos, un Ho Chi Minh frente a un emperador Bao Dai. O bien un Lumumba frente a un Moisés Tshombe

En ese frente de lucha entre el pueblo y el capital se situó en todo momento la URSS, formando líderes y técnicos en sus Universidades, apoyando todo movimiento de liberación. Hubo un momento crítico en el que Kruschev tuvo la idea de situar en Cuba, frente al coloso norteamericano, sus bases de misiles, que finalmente hubo que desmontar para evitar males mayores.

Aquellos tiempos pasaron. Cayó el Muro de Berlín, la URSS o Unión Soviética terminó por negarse a sí misma y volverse del revés, adoptando políticas de rabioso carácter capitalista, y asociándose como segundo de a bordo, o como partenaire a partes iguales, al bloque capitalista neoliberal.

Y el frente de los países no alineados ha tenido que cambiar de nombre: mientras unos pocos: China, los países petrolíferos de Medio Oriente, Sudáfrica, quizá Brasil y alguno más, se han desprendido del bloque anterior gracias a un ritmo de desarrollo económico más rápido, el resto ha venido a llamarse Europa del Este o Tercer Mundo, y llama insistentemente a las puertas de Europa jugándose la vida en la travesía del Mediterráneo, o Estados Unidos o los Países árabes ricos en hidrocarburos pidiendo limosna y aceptando trabajos mal pagados de esclavitud y trata de blancas.

¿Significa este cambio que, desaparecida la URSS y el Movimiento de Países no alineados, el comunismo ha perdido hoy toda su razón de ser?

Hoy, China está conectada con todo el mundo, invierte sus capital en todos los continentes, crea empresas por doquier, compra madera de la Amazonía o de África, trigo y otros alimentos, inunda el comercio con sus productos, mantiene su ritmo de crecimiento económico mediante inversiones en su interior cuando los mercados exteriores consumen menos productos chinos. Y presenta como carta de visita su fórmula de desarrollo económico mitad neoliberal mitad de economía centralizada. Como si fuese una variante de aquel marxismo o comunismo del que sabiamente dijo su fundador Carlos Marx que debía acomodarse a las circunstancias y a los cambios sociales y económicos.

China lanza su propuesta milenaria de la Ruta de la Seda que intenta extender hasta Lisboa o Madrid, y al mismo tiempo traspasar el canal de Suez hacia el continente africano.

Algunos han vaticinado desde hace unos años el final de la historia, mientras despotrican contra los maleficios y los millones de víctimas inmoladas por el comunismo. Tal vez deberían documentarse mejor.

Acerca de Serralaitz

Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

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