¿HACE FALTA MAS EUROPA?

¿Hace falta más Europa?

Tomo prestado el título de un reciente seminario en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales , en el que se analizó y debatió en un marco académico la cuestión, en un momento en que las relaciones de tutela y dependencia de los europeos con EE.UU. pasan por una fase de “desamor” a partir de la política del nuevo presidente Donald Trump.

Es ahora cuando, —como niños desvalidos que se ven obligados a enfrentar su propio futuro—, los europeos empiezan a preguntarse por su capacidad para salir adelante (Merkel ya está abanderando el tema) por sí mismos, recuperando su historia y sus magníficas condiciones sociales y políticas para hacer realidad la UE.

Al mismo tiempo recordaba por mi parte los trabajos de elaboración del tratado para una Constitución Europea, presentados al Consejo Europeo en Salónica el día 20 de junio de 2003, que finalmente serían desechados y abortados por circunstancias que han sido en parte analizadas por los investigadores jurídicos Maria Fernanda Penagos y Jaime Humberto Ramírez en su trabajo “¿Que pasó con la Constitución Europea?”.

El texto de aquel embrión constitucional fue tomando forma desde la participación directa de los ciudadanos europeos, sin ningún tipo de restricción, tratando de conciliar aspectos como el mantenimiento de los estados-nación y la cesión parcial de su soberanía a órganos supranacionales europeos. Sometido a “referendum” en los distintos países, sería rechazado por unos, aceptado en parte por otros y aplaudido sin reservas por los demás (España entre ellos). En tales resultados tuvieron mucho que ver los recelos nacionales hacia la pérdida de soberanía, la escasa información mediática y política y, sobre todo, la percepción de la dificultad de configurar un “superestado” europeo, un bloque político que hiciera de su unión una fuerza hegemónica.

Todo ello venía adobado con otras circunstancias como la conciliación de intereses nacionales y europeos, la pérdida de confianza en los partidos políticos existentes y en los gobiernos respectivos que, en definitiva, pilotaban la operación desde el Consejo de Europa. Europa estaba instalada en el corazón de los ciudadanos, pero su mente recelaba de quienes gobernaban la nave. Al final quedaría este extraño híbrido donde a las instituciones europeas previas, se le añadirían otros entes como excrecencias político-administrativas que acabarían por condicionar a las primeras en su funcionamiento. En suma, no sabemos todavía que es la UE, aunque el Derecho Europeo a través de sus directivas, suponga una entidad de rango supranacional que, curiosamente, no está avalado por una Constitución Europea en que el “demos” europeo tuviera el total protagonismo.

Una cuestión suscitada en el seminario a que me he referido, es si existe en realidad ese “demos” (pueblo) europeo, capaz de constituirse en un órgano de personalidad jurídica propia donde los “nacionalismos” se diluyeran en aras de la convivencia de todos. En realidad el “demos” europeo está constituido por la confluencia o mestizaje de culturas, razas, religiones, costumbres y personas que, a lo largo de los siglos, han generado conflictos y guerras, pero también han encontrado juntos el camino de la convivencia pacífica desde el respeto, la tolerancia y el pragmatismo. Es ese pragmatismo precisamente el que ha dado lugar a cuestionarse la “utilidad” de la UE y sus órganos institucionales, al igual que se está cuestionando todo el sistema político tradicional basado en unas ideologías que, para la mayoría, están trasnochadas y sólo producen tensiones sociales innecesarias.

Como revulsivo final, aparece un presidente en EE.UU. que —según parece— le preocupan más los muchos e importantes problemas internos de su país (no hay que olvidar la precariedad de la economía USA que, hace un año, estuvo a punto de quiebra) escondidos artificiosamente con problemas externos por sus predecesores. De momento ha dejado en suspenso o ha cuestionado abiertamente temas establecidos como “tabúes” por la comunidad política correcta.

La OTAN no tiene sentido en un ambiente de distensión bélica y sus gastos militares sólo benefician a los “lobbies” con intereses concretos y, desde luego, las posibles amenazas son muy diferentes para cada miembro de la organización. El TTIP o tratado comercial trasatlántico puede derivarse a otras formas de acuerdos entre estados por separado. El llamado “cambio climático” que se presenta como una catástrofe, no pasa de ser más que la respuesta de la Naturaleza a cada situación a través de miles de millones de años. Además es hipócrita porque mientras lucha contra un tipo de contaminación, fomenta el uso de tecnologías, materiales, productos y elementos que producen otros problemas sanitarios de mayor importancia como el cáncer o las propias guerras a través de conflictos bélicos creados unilateralmente.

Como es lógico, todo el aparato mediático convenientemente engrasado por esos “lobbies” de intereses particulares, han puesto el grito en el cielo. “¡Blasfemia!” ¿Cómo es posible que se ponga en cuestión los dogmas que tanto han costado implantar en la sociedad? ¿Cómo se puede admitir que los mitos y cuentos con que nos han mecido durante años, sean ahora rechazados por ciudadanos ignorantes y estúpidos?

Ocurre simplemente que los ciudadanos no son como se cree. Por mucha alienación tecnológica y de consumo que se pretenda, están al tanto de todo lo que ha pasado en cada país y reaccionan en consecuencia. Los rusos no son los “malos”, sino un pueblo importante en la historia de Europa; los árabes no se han vuelto de pronto malvados ni está en sus mentes conquistar el mundo occidental; los americanos no son esos vaqueros de gatillo fácil ante los indios o cualquier otro “malo” prefabricado… La verdad es que nadie está en posesión de la verdad y, en consecuencia, nadie debería imponer sus dogmas.

Acabo con nuestra Europa y la posibilidad de construirla por los europeos. El primer tratado del carbón y el acero no sólo tenía un carácter comercial, sino que buscaba la paz y la armonía. Muchos tratados se han dado más tarde para consolidar ese deseo de convivencia continental pero, desgraciadamente, han sido servidos por políticos con otros intereses diferentes que han ido poniendo palos en las ruedas. Por eso tenemos una UE esquizofrénica donde por una parte van los intereses y el deseo de los ciudadanos y, por otra, la de los gobiernos de cada momento que ponen y quitan, juegan en definitiva con las fichas de los cargos institucionales que, en pura democracia, deberían ser elegidas libremente por todos. Hace falta más Europa y menos constructores externos de lo europeo.

Acerca de Juan Laguna

Colaborador de Fundación Emprendedores.
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