El régimen turco no parará hasta la purga total

Recep Tayyip Erdogan es ya más que un presidente con amplios poderes ejecutivos. Los cientos de miles de seguidores que le aclamaron en torno al puente del Bósforo, ahora rebautizado como el de Los Mártires del 15 de julio, le llamaban Reis (Jefe), Baskomutan (Comandante en Jefe) o simplemente El Gran Hombre.

Con esta multitudinaria conmemoración del aniversario del fallido golpe de Estado, el régimen impulsa un nuevo relato, según el cual Erdogan sería el salvador de una Turquía amenazada por el clérigo Fethullah Gülen y su presunta organización terrorista FETÖ.

Un relato que en España encabezó el embajador turco, Ömer Önhon, para el que “las investigaciones realizadas no dejan el menor resquicio de duda de que el golpe fue realizado por militares gülenistas”, y frenado por el llamamiento a la resistencia del presidente y el arrojo de los que se enfrentaron a los golpistas sin armas. La intentona frustrada dejó 250 muertos y más de dos mil heridos, en cuyo honor se ha rebautizado el más famoso de los puentes de Estambul.

A lo largo de su rueda de prensa el embajador reiteró varias veces que “los culpables serán severamente castigados”. Las cifras de la represión son escalofriantes, y afectan a la práctica totalidad de los principales cuerpos de funcionarios del Estado: Fuerzas Armadas, Poder Judicial, Policía, Universidades y Sanidad especialmente. En total, 150.000 personas expulsadas de sus puestos de trabajo, de los que unos 55.000 han sido sentenciados a penas de cárcel o se hallan aún en prisión preventiva.

A lo largo del año transcurrido más de 1.500 grupos civiles y ONGs han sido obligados a suspender sus actividades, 270 periodistas han sido encarcelados, y 160 medios cerrados. Quince universidades han sido clausuradas y más de 8.500 profesores rayados del cuerpo docente. En el ejército, las cifras oficiales indican que están presos 169 generales y 7.098 coroneles y otros soldados de menor rango. Los investigadores buscan aún a 152 jefes y oficiales y a 392 comisarios y jefes de policía.

El embajador turco en España minimiza la cantidad de supuestos implicados destinados en organismos internacionales. Reconoce no obstante que la depuración alcanza al 23% del Cuerpo Diplomático del país. En España han sido purgados dos funcionarios de la Embajada y un militar. Otras fuentes consultadas señalan que en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas han sido despedidos 42 de los 53 militares turcos allí destinados, y otros 80, de un total de 100, que estaban destinados en el cuartel militar SHAPE de Mons-Bergen.

Arrancar la cabeza a los traidores

El reiterado anuncio de Ömer Önhon de que los culpables del fallido golpe serán severamente castigados fue corroborado apenas unas horas después por el propio presidente Erdogan, que en uno de sus discursos más agresivos que se le recuerda, prometió “arrancar la cabeza a los traidores”. Una amenaza que podría consumarse de manera literal, por cuanto dejó clara su disposición a restablecer la pena de muerte: “Somos un Estado de Derecho –dijo-, de manera que si el Parlamento me presenta una ley en tal sentido, la aprobaré”.

El embajador se esfuerza en afirmar que los derechos humanos se están respetando en todas las fases de la investigación. No puede desmentir en cambio que todos los afectados están sufriendo ya de hecho una muerte civil. Echados de sus puestos de trabajo, y privados por consiguiente de ingresos ellos y sus familias, se les ha retirado el pasaporte, impidiéndoles la salida del país, y tampoco consiguen hallar cobijo reinsertándose en el sector privado por temor a las represalias.

Sobre los funcionarios acusados de golpismo que se hallaban en el extranjero, y no han atendido la orden de volver a Turquía para ser juzgados, pende una amenaza suplementaria, la de ser privados de la nacionalidad turca, lo que les convertiría en apátridas y aumentaría su condición de parias.

Gülen, enemigo público número uno

La columna vertebral del nuevo relato del régimen, además de catapultar a Erdogan a la categoría de héroe nacional, se centra en culpabilizar a Fethullah Gülen y a su organización no sólo del fallido golpe de Estado, sino también de todos los males o simples deficiencias que pueda padecer el país. Este clérigo, residente en Estados Unidos desde 1999, habita en un centro de su movimiento, conocido como Hizmet (Servicio). Desde allí habría impartido las directrices para la infiltración de sus miembros en las instituciones más influyentes en la sociedad turca: Fuerzas Armadas, Judicatura, Policía, escuelas, universidades, hospitales y centros sanitarios de investigación.

Por la capacidad de sus miembros para situarse en los puestos más prominentes y por expansionismo a 160 países, especialmente en África, América y el Asia turcomana, se les ha llegado a considerar como una especie de Opus Dei islámico.

Gülen y Erdogan fueron amigos y aliados a partir de 2002, época en la que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan ganó las primeras elecciones. Juntos acometieron una primera depuración de laicos kemalistas en las instituciones. La ruptura se produjo en 2013, cuando varios fiscales implicaron a los hijos del propio Erdogan y a otros familiares en escándalos de corrupción, financiación ilegal y evasión de capitales.

El presidente reaccionó con inusitada violencia, emprendió una auténtica caza de brujas en todos los estamentos de la sociedad turca, y declaró a Gülen enemigo público número uno. El presidente norteamericano Barack Obama recibió una insistente petición de extradición de Gülen a Turquía, que su sucesor Donald Trump sigue teniendo sobre la mesa.

Todos estos acontecimientos alejan aún más si cabe la posible incorporación de Turquía a la Unión Europea, algo que lamenta el embajador Önhon, que intenta ser constructivo afirmando que la UE sería más grande con Turquía como miembro de pleno derecho. Y termina aprovechando la ocasión para reiterar que la UE no ha cumplido aún su parte en el acuerdo por el que Ankara operaría de dique de contención a la catarata de refugiados de la guerra de Siria.

Acerca de Pedro González

Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.
Esta entrada fue publicada en Internacional y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*