Alejandro Guillermo Roemmers

La empresa —ese sitio inventado para ganar dinero y nada más— parece sitio poco adecuado para la poesía. Pero semejante sentencia se cae al contemplar la realidad de Alejandro Guillermo Roemmers, escritor argentino de 59 años, quien presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el pasado 3 de septiembre, dos libros: España en mí y Un poeta para el siglo XXI.

España en miEl primero de ellos es una reedición de la primera entrega que data de 1996, seleccionado por los responsables de la revista Proa, la fundada por Jorge Luis Borges; se cumplían 10 años de la muerte del autor de Fervor de Buenos Aires. El ejercicio fue una recopilación de los poemas escritos por Roemmers cuando estudiaba en la Autónoma de Madrid y por el que obtuvo el Segundo Premio otorgado por el mismo centro universitario. Acompañan al volumen, poemas de otros títulos del autor. Está prologado por Luis Alberto de Cuenca.

Un poeta para el sigle XXIEn el segundo libro, una pléyade de personalidades principalmente de la literatura y el periodismo, como Luis Maria Anson, Roberto Alifano —recopilador de los poemas de España en mí— Graciela Licciardi, Miguel de Loyola o Carlos María Rimero Sosa. Todos ellos, 26 concretamente, son los que nos aseguran que Roemmers es un poeta para el resto de centuria. Yo también lo creo y, es más, en el hipotético caso de cruzar hasta el XXII, no me extrañaría que lo encontrase actual; la razón: la aspiración de eternidad con la que están escritos los versos, en una intemporalidad que promete resistencia.

Director de una farmacéutica, afirma que la empresa es un proyecto común que se comparte con los empleados. Allí empieza ese contacto con la vida y el espíritu del ser humano; que después liga con el canto susurrado por la naturaleza y su propia angustia y, al mismo tiempo, dicha vital. Porque la lírica de Roemmers es un continuo balanceo, un armonioso equilibrio entre vida y muerte, no sintiendo por ésta temor alguno, sino tomándola como un premio por todo lo vivido.

Entrevisté a Roemmers en un elegante hotel de Madrid, entorno que no sólo cuadraba con lo físico del personaje, sino con su persona: la espiritualidad que transmite, la energía serena que habita en cada verso, enmarcado todo ello en esa cadencia rioplatense al hablar el castellano. Un idioma que considera uno de los grandes tesoros que España aportó a América junto a un sinfín de valores, por los que millones de seres humanos deben mostrarse agradecidos. Y de esa España de los años 70, que él conoció de joven y en la que estudió habló, recordando la nobleza y la hidalguía que le impresionaron, mostrándose un tanto preocupado por el carnaval regionalista que hoy nos azota. En fin… Y todo esto lo dice un argentino sin raíces españolas, pues es alemán por los cuatro costados; aunque de la lengua de Rilke apenas guarde los conocimientos que adquirió de niño.

La Sociedad Argentina de Escritores tiene nombrado a Roemmers como embajador de las letras de dicho país. No sé cuáles son las funciones de un “embajador” de estas características, ni tampoco se lo pregunté. Pero de lo que sí estoy seguro, es que cualquier argentino se tiene que sentir muy bien representado, literariamente hablando, por un autor capaz de un poética como la que vine a continuación, como ejemplo:

LA INDIFERENCIA

Dame el odio que mata de un disparo,
el fuego de los celos, la mentira,
la duda, que consume en una pira,
y no esta indiferencia y desamparo.

Dame una lucha cruel y sin reparo:
que te asignen los cielos en tu ira
el ojo que fulmina cuando mira
y reitera su flecha, si me paro.

La indiferencia mata de soslayo.
Descargas fulgor sin ver el daño.
Olvidas que fue octubre, enero y mayo…

Y aun espero a la sombra del castaño.
Tú, impasible, me quemas como un rayo
que acierta al corazón año tras año.

Pero si la poética de Alejandro Guillermo Roemmers es de altura, no es menos su novelística. Es autor de El regreso del joven príncipe, evocación de la obra de Saint-Exupéry y del que se han vendido más de un millón de ejemplares, traduciéndose a 20 idiomas. Por si fuera poco, escribió la letra y parte del musical Franciscus, obra que narra la vida de San Francisco de Asís. Ejemplo de humildad que le sirve al autor para translucir un catolicismo sin complejos; rara avis en estos tiempos de supuesto ateísmo, falsamente progresista.

Cuando se le habla de la influencia que puede haber en su obra de Borges, no está muy de acuerdo. Dice que mientras el autor de Fervor de Buenos Aires fue alguien pegado a los libros, él, el de España en mí, ha extraído de la naturaleza, de la humanidad de carne y hueso y de sí mismo toda su temática. Aunque conoció al bardo porteño y fue el viejo y ciego maestro quien primero escuchó los poemas del muchacho, antes de que éste leyera los del otro. Pocos pueden haber tenido tanto privilegio.


FOTO: Miguel Manrique entrevistando a Alejandro Guillermo Roemmers

Acerca de Miguel Manrique

Periodista colombiano, afincado en España.

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Una Respuesta a Alejandro Guillermo Roemmers

  1. HELENA MANRIQUE ROMERO dijo:

    Excelente entrevista.

    Bello soneto.

    Desde Colombia tierra de poetas aplausos.

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